Un lugar para las mujeres
Aunque fue escrita hace 41 años, “La vida de las mujeres”, de Alice Munro, recién fue editada en español y muestra toda su vigencia.
La canadiense Alice Munro, celebrada autora de relatos como “Demasiada felicidad” y “Secreto a voces”, regresa a las librerías con “La vida de las mujeres”, una novela escrita en 1971 pero publicada ahora por primera vez en castellano que retrata la lucha de una joven por romper algunas tradiciones de un pueblo rural canadiense durante la década del 40. Escrita cuando la autora tenía 40 años, en esta novela casi autobiográfica Munro aborda algunas de sus vivencias –especialmente las relacionadas con la vocación literaria– a partir del relato de Del Jordan, una joven que deberá optar entre una existencia anodina en la aldea donde nació y los desafíos y peligros que le depara la vida urbana. La relación con los vecinos, el despertar sexual junto a un hombre mayor que ella, las dudas existenciales que le produce la omnipresente religión y la relación pasional con un chico de baja condición social despuntan en la narración de esta escritora nacida en 1931 en Wingham (Canadá) y conocida básicamente por sus relatos breves. “La vida de las mujeres”, editada por Lumen, fue escrita hace 41 años pero mantiene intacta su vigencia, a partir de un planteo que hace foco en la lucha contra las convenciones sociales y las dificultades para llevar adelante la vocación literaria a contrapelo de las convenciones que celebran la uniformidad y “castigan”. Munro, que ha recibido distinciones como el Man Booker International Prize (le fue otorgado en el 2009) y es candidata habitual al Premio Nobel de Literatura, construye relatos atravesados por la extrañeza en los que los acontecimientos funcionan como meras excusas para presentar personajes que reflexionan en voz alta sobre la relación entre memoria, presente y futuro. En el caso de la novela, a través de capítulos que funcionan como relatos cerrados, la autora describe el entorno familiar de la infancia de la protagonista, en especial el tío abuelo Craig, garante de la memoria de la comunidad mediante sus trabajos sobre la historia del pueblo y el árbol genealógico de la familia. “La vida de las mujeres” registra la lucha de éstas contra un sistema de valores que impone desde pequeñas servidumbres cotidianas a la negación de la independencia personal, una novela que habla del “tiempo de los sentimientos totalmente inocentes y primitivos y las falsas percepciones”, según aseguró Munro en una entrevista reciente. La novela está centrada en la adolescencia y juventud de Del Jordan, una joven canadiense que vive en una granja dedicada a la cría de zorros hasta que su madre decide mudarse a una ciudad donde la joven vivirá su iniciación sexual y sus primeros escarceos amorosos al tiempo que descubrirá su vocación literaria. De a poco la protagonista empieza a intuir que quiere algo más que la vida que llevan las mujeres de su alrededor y también que su pueblo no le podrá ofrecer todo lo que ella desea. Sin embargo, se siente parte de ese entramado y, en el fondo, lo describe con cariño y resignación. Algo del espíritu pionero, de la resolución emprendedora y del destino asumido con resignación se encuentra en estos relatos de gente resistente y carente de artificio sin que la literatura haya hecho más que mostrarlos: Munro usa metáforas audaces y divertidas para retratar la mentalidad algo anticuada de personajes inspirados en su propia familia. La escritora tiene una manera muy particular de abordar la narración de las circunstancias cotidianas, un territorio que domina y suele poblar con personajes cargados de esperanza y de desazón al mismo tiempo, que sienten, padecen y se distinguen por una universalidad que sobrepasa tiempos y espacios sin dificultad. Munro es una de las autoras actuales más valoradas y está considerada como una maestra del relato corto: lleva escritas once colecciones de cuentos y dos novelas y ha sido traducida a más de trece idiomas. Hace un tiempo, tras la publicación de “La vista desde Castle Rock”, aseguró que abandonaría la escritura, aunque hace unas semanas relató en una entrevista que le resultó imposible comportarse “como una señora normal sin obligaciones” y que para combatir el aburrimiento se puso de nuevo a escribir. (Télam)