Un partido sin vueltas
El MPN resistió la incorporación del balotaje en la reforma de la Constitución provincial del 2006. Si estuviera la cláusula, Gutiérrez no sería gobernador electo y tendría que medirse una vez más con Rioseco.
DOMINGO A DOMINGO
Un resultado como el obtenido por el oficialismo el domingo explica, nueve años más tarde y de un modo gráfico, la tenaz resistencia del Movimiento Popular Neuquino a incorporar el balotaje en la Constitución provincial, como se propuso en la Convención Constituyente que sesionó entre fines del 2005 y principios del 2006.
El proyecto impulsado por convencionales de la Unión Cívica Radical tenía el respaldo de Encuentro Amplio y del Frente Cívico para la Victoria, pero quedó registrado sólo como un debate en comisión por el rechazo que ofrecieron los bloques del oficialismo, de Unión de los Neuquinos y de Patria Libre.
La propuesta habilitaba una segunda vuelta cuando ningún candidato superara la mitad de los votos emitidos en la primera ronda. La Constitución nacional establece que gana sin balotaje el que obtiene más del 45% de los votos o supera el 40% con una diferencia de diez puntos sobre el segundo.
De haberse incorporado a la carta magna provincial una cláusula de estas características, Omar Gutiérrez hoy no sería gobernador electo sino que tendría que medirse en una segunda instancia con Ramón Rioseco, el candidato a gobernador que quedó segundo, a nueve puntos de distancia.
En ese hipotético escenario, una nueva medición en las urnas polarizada entre Gutiérrez y Rioseco plantearía un final abierto, pero dejaría a resguardo la construcción de una mayoría más robusta.
Esta breve historia del balotaje puede interpretarse como una anécdota o como una estrategia de anticipación del oficialismo que, en ocasiones como ésta, deja a salvo su supremacía electoral.
En la legalidad vigente, Gutiérrez será gobernador entre el 2015 y el 2019 con el 37,86% de los sufragios y la fórmula que encabezó con Rolando Figueroa quedará en los registros, al menos hasta aquí, como la que consiguió la cosecha electoral más baja en la historia del partido. Incluso con votos propios, sin sumar el aporte que hicieron las colectoras, el MPN no alcanzó el 26% de los sufragios.
Después de las elecciones del domingo se insinuaron algunas propuestas de reforma política, pero no se habló del balotaje. Las ideas a debatir llegaron por el lado de la implementación de las PASO para los cargos provinciales, a lo que el gobernador Jorge Sapag respondió con ironía: «No lo veo mal, nosotros siempre hacemos PASO». Lo dijo porque la fórmula Gutiérrez-Figueroa surgió de una interna -en rigor pasó por dos porque también se impuso en la convocada para los cargos partidarios-, mientras que ninguno de sus competidores recorrió ese camino.
Los porcentajes sirven para discutir el poder y eso es algo que debería tener en cuenta Gutiérrez, no tanto por lo que puedan hacer los dirigentes de los partidos de la oposición sino por las luchas internas que se libren en adelante en el MPN.
Un intento de desgaste anticipado fue el que ensayó Carlos Menem cuando en la pelea presidencial del 2003 decidió no presentarse a la segunda vuelta con Néstor Kirchner, que finalmente llegó a la presidencia con el 22% de los sufragios.
«A un jugador con destreza política como la que tiene Jorge Sapag no le pasa por alto el hecho de que el piso bajo de Gutiérrez puede transformarse en una ventaja para él y en una desventaja para el gobernador electo», reflexionó un dirigente de la oposición al analizar los números finales del comicio.
Gutiérrez hizo una lectura autocomplaciente sobre los resultados. Dijo que la distancia de nueve puntos sobre Rioseco es la mayor obtenida por el MPN cuando los candidatos a gobernador cambiaron de apellido. Sin embargo, el argumento no se ajusta a la realidad porque, por ejemplo, Jorge Sobisch estrenó candidatura a gobernador en 1991 con una ventaja de casi 22 puntos sobre su entonces rival, el actual secretario de Inteligencia de la Nación Oscar Parrilli.
En la Legislatura, el oficialismo seguirá con doce diputados propios, aunque en esta elección perdió fuerza entre sus aliados: sumará sólo tres votos de las colectoras cuando en el 2011 comenzó la gestión con la ayuda de siete legisladores extrapartidarios. De esta forma, la mayoría, que se conforma con 18 votos, le quedará un poco más lejos al MPN.
En este terreno Figueroa deberá demostrar su pericia para generar acuerdos. El vicegobernador electo prometió trabajar en la búsqueda de consensos a la hora de debatir y aprobar leyes. Pero si fracasa, se asistirá, como ocurrió en otras gestiones, a un uso intensivo del decreto para gobernar.
El que finalmente salió tercero, como lo anticipaban las encuestas, fue el candidato de Nuevo Compromiso Neuquino Horacio Quiroga. Un resultado que se materializó en un porcentaje de votos que no llegó al 20% y una diferencia de 9 puntos respecto del segundo colocó al intendente de la capital en el sitio de los políticamente más golpeados. El intendente, segundo en su territorio, ni siquiera llegó a los 22 puntos que le pronosticaron en la gobernación neuquina.
Como en política siempre hay tiempo para recuperarse de una derrota -o de varias, como es el caso de Quiroga- el tercer puesto que consiguió en el podio de modo alguno equivale a una jubilación anticipada.
En términos globales a Quiroga le fue mal, pero se quedó con un bloque legislativo, no del todo homogéneo, de cinco bancas. Ése es un número que, si se mantiene unido y sus integrantes sostienen en el tiempo el liderazgo del intendente, cotizará alto en el fragmentado universo legislativo que comenzará a girar el 10 de diciembre.
gerardo bilardo
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