Un regreso cargado de esperanza

Por Redacción

Beatriz Bogari volvió de su tratamiento en Cuba.

CIPOLLETTI (AC).- «Ahora, quiero caminar, quiero caminar», dice con voz esperanzada Beatriz Bogari, esta joven cipoleña de 27 años cuya odisea comenzó con una intoxicación con monóxido de carbono en 1999, que estuvo en coma varios meses, que en el 2000 viajó a Cuba, que logró allí una gran recuperación, pero que aún le falta un poquito.

Ese «poquito» son tres meses más en La Habana, en el caracterizado Centro Internacional de Restauración Neurológica (CIREN) al que llegó -acompañada siempre por su mamá Angela- tras un fructífero paso por Adanil de Roca, por el apoyo del gobierno de la provincia y la gestión del instituto Confluir, con base en Paraná 341 de la capital argentina.

Beatriz estuvo en Cuba, en el CIREN, y en el Complejo Científico Ortopédico «Frank País».

El martes regresó a Cipolletti, con gran parte de los logros a cuestas. Puede sentarse, mover el cuello, hablar, manejar sus manos y sus pies -que estaban sin ninguna capacidad motriz- pero aún no puede dar un paso, porque para eso se requiere de los últimos tres meses en la isla caribeña, y continuar luego aquí, en Adanil, el proceso que la convertirá nuevamente en una persona curada por completo.

El doctor Carlos Suárez Monteagudo -subdirector Clínico del CIREN- confirmó que Beatriz, pese a todos los adelantos logrados, debe darle continuidad al tratamiento al menos por tres meses más, para «intentar lograr la marcha, para lo cual tiene muchas posibilidades».

Angela, la madre que priorizó el cuidado de su hija por sobre todas las cosas durante estos dos largos años últimos, dijo que en el CIREN hubo una rehabilitación de casi 8 horas diarias, y que en el «Frank País», obviamente también del estado cubano, se le hicieron cinco intervenciones quirúrgicas clave, de alta complejidad, y exitosas, en las manos y los pies.

Para llegar a este tratamiento la provincia colaboró con más de 50.000 pesos. Sin embargo, ahora se requieren otros 30.000 pesos para que la muchacha, cuya expectativa es caminar, y lo dice casi con lágrimas en los ojos, retorne al CIREN.

Angela, para el nuevo viaje, mantiene abierta la cuenta en el Bansud -041/28584.3- y está dispuesta a buscar por todos los medios la ayuda para que la odisea de su hija tenga un final feliz.

Quiere apelar de nuevo a la solidaridad del gobierno provincial, y también nacional, a empresarios valletanos y de otros puntos del país, a fundaciones, a entidades de bien público y a los entes privados y oficiales.

Como corolario Angela menciona la reflexión de los médicos Noel González y Luis Martínez, de Cuba: «Esto es como nadar y nadar desde mar abierto, llegar a la orilla y luego de tanto esfuerzo correr el peligro de ahogarse».

La opción es precisamente el salvavidas de los tres meses que faltan para completar la rehabilitación en Cuba, y que se cumplan las expectativas de que la chica vuelva a caminar por las calles arboladas de su querido Cipolletti.