Un rionegrino por las calles de Santiago de Chile

Andrés Villanova es de Belisle pero vive hace cinco años en el vecino país. Relata cómo se viven éstos días, mientras las muertes por Covid-19 no paran de crecer y se registra un total de 2.190 personas fallecidas.

Desde hace tiempo en Santiago de Chile nada es como antes. Andrés Villanova es rionegrino, vive allí hace años y recuerda el día en que todo cambió. Era octubre y durante toda esa semana los reclamos estudiantiles por el precio del boleto se multiplicaban. Estaban en la oficina y vieron que las cosas se complicaban. Recuerda que salió con una compañera del trabajo a tomar el metro y no se podía, las calles estaban cortadas. Atravesó Plaza Italia y de repente se vio corriendo entre gases lacrimógenos y gente. Caminó 10 kilómetros. Esa noche, a dos cuadras de su casa, un edificio ardía. Miraba por la ventana el fuego y todo era caos.

Hoy mira por la misma ventana y ve las calles vacías, escucha el silencio y todo está en suspenso. El coronavirus desembarcó con fuerza en todo Chile y Andrés ve que “el tiempo se detuvo, todo está como hace tres meses, parece tranquilo, pero como sabemos, estas ciudades nunca se detienen”.

Andrés Villanova por las cales de Santiago

Desde hace tres días, Chile padece una cifra récord de muertes por coronavirus de más de 90 fallecidos diarios. Anoche, luego de una recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Ministro de salud, anunció que se agregaron 653 personas a la cifra total de muertes por Covid-19. Producto de esto, hasta esta fecha se registra un total de 2.190 personas fallecidas a causa del virus. El país sudamericano sigue sin poder aplanar la curva de infecciones y la situación sanitaria es alarmante.

Andrés es licenciado en administración de empresas, trabaja en una agencia de marketing digital, y habla desde Santiago, la ciudad que registra el 76% de las muertes por la pandemia. Intenta no salir de el departamento y cuenta que las noticias son malas. “Lamentablemente los casos aumentan cada vez más. Hace dos semanas está toda la ciudad completa en cuarentena”, relata.

La ciudad más grande de Chile, se divide en comunas, algo así como los barrios argentinos. Andrés explica que allí la cuarentena no se decretó para todas las comunas en el mismo momento. Las que tienen más acumulación de gente, y de menos recursos, entraron en cuarentena en marzo, y mucho más tarde, las que tienen personas con más poder adquisitivo.

Prevención con señalética

“Vivo en Santiago Centro, a un kilómetro y medio de la Casa de la Moneda y desde el 16 de marzo estamos en cuarentena. Para salir a comprar cosas esenciales tengo que sacar permisos de desplazamiento y si me paran los carabineros lo presento. Tengo cinco permisos por semana, que administro como quiero. A la noche, hay toque de queda a las 10”, cuenta Villanova.

La ciudad cambió mucho en los últimos días. Hace unos meses, al dejar su comuna, Andrés se encontraba con que más allá de su casa el movimiento era normal, había comercios abiertos y colas en los supermercados. Decretaron la cuarentena para todos por igual, recién cuando vieron que no estaba funcionando y los casos seguían en aumento.

“La curva sube y en mi opinión, creo que va a seguir subiendo. Dicen que si se compara con otros lugares de a Latinoamérica, respecto a la cantidad de casos, la cantidad de muertos no es tan alta. Pero no haber tomado las cuarentenas desde un principio, es la parte negativa”, dice.

Un día, el rionegrino tuvo que salir de su casa para ir al odontólogo. Se encontró con que en el metro no había nadie, pero por la noche, vio por televisión las imágenes del transporte lleno a la mañana temprano y pensó que muchos tienen que ir a trabajar de todos modos, para comer.

En el metro de Santiago de Chile, hace unos días

“La desigualdad social en Chile, como en Argentina, es grande. Queda a la vista en la brecha salarial que hay entre distintas actividades. Hace dos semanas el presidente anunció que entregaría cajas en los barrios. Lo dijo a la noche y al otro día todo el mundo fue a buscarlas y no había nada. Estuvo mal organizado, aunque después la ayuda llegó”, cuenta.

Por otra parte, hay comunas con personas con menos poder adquisitivo, que viven hacinados en lo que allá se llaman los cité (especie de conventillos). En esos lugares no pueden hacer una cuarentena adecuada y aparecen varios casos.

Cada vez que abre los portales de los periódicos, Andrés se encuentra que las cosas empeoran. En las últimas jornadas, se registran más de 5000 casos positivos por día y supera los 130 mil. Esto lo coloca como el tercer país con más casos reportados en América Latina después de Brasil y Perú, aunque es el quinto en número de fallecidos. En este panorama, la capacidad hospitalaria del país colapsa.

En Chile el sistema de salud está colapsado

“La atención en salud es privada y es cara. Yo tengo Isapre, que es como una obra social y tengo una clínica preferente en la que me atiendo. Después está el público, que atiende con el el Fondo Nacional de Salud (Fonasa), de manera gratuita, y está colapsado. Están llevando a ciudades como Concepción, que es como si de Buenos Aires, llevás un paciente a Córdoba”, relata.

Lejana normalidad
Desde hace meses trabaja en modalidad home office y cree que hasta septiembre no volverá a la oficina y tal vez no lo haga hasta fin de año. Lo que se analiza, como en las ciudades grandes de Argentina, es como llegan a su trabajo. Si no es necesario, no es conveniente ocupar un lugar en el metro.

“En lo que refiere a economía, a los empresarios le dan un crédito Covid-19. Hay medidas que habilitó el Estado, para que se tomen diferentes decisiones empresariales”, dice Andrés.

La gente hace colas en los supermercados

Explica que una opción a la que pueden acogerse las empresas, es que le pidan a sus empleados que trabajen medio día y le paguen la mitad del sueldo. Otra, es suspenderlos. No trabaja, pero le tiene que pagar la obra social, los aportes y el Estado, el primer mes paga el 90% del sueldo, luego, el segundo solo paga el 50%.

“Si lo ves desde las grandes corporaciones, se puede discutir, pero para el comerciante, o el empleador que tiene un par de empleados, si no se toman medidas, no tiene como resistir”, dice.

Se priorizó la parte económica, y según el belisleño, depende de donde se pares el análisis es diferente. “Trabajo en una empresa chica y esa gente que es emprendedora, hoy está muy ajustada. Mi rubro no se vio afectado, pero nuestros clientes tardan en pagar, entonces se forma una cadena”, relata.

Cifras récord

90
fallecidos diarios por coronavirus, desde hace tres días padece Chile y más de 5000 casos positivos por día.

Andrés dice que tuvieron un veranito, en que las cosas estuvieron más calmas. Se esperaba que marzo se complicaría cuando los estudiantes volvieran del receso de verano y se reactivaría la intensidad de las protestas en busca de un cambio profundo al sistema neoliberal chileno. No pensaron en que la pandemia llegaría para cambiar todo.

“Aparecen cada vez más muertos y que el problema no se detiene. Eso genera mucha alarma. Pero tratamos de no perder la calma, tomando las precauciones que podemos, usando las herramientas que tenés a la mano para cuidarte, sin salir de casa”, concluye mientras toma una foto, del paisaje chileno desde su ventana.


Desde hace tiempo en Santiago de Chile nada es como antes. Andrés Villanova es rionegrino, vive allí hace años y recuerda el día en que todo cambió. Era octubre y durante toda esa semana los reclamos estudiantiles por el precio del boleto se multiplicaban. Estaban en la oficina y vieron que las cosas se complicaban. Recuerda que salió con una compañera del trabajo a tomar el metro y no se podía, las calles estaban cortadas. Atravesó Plaza Italia y de repente se vio corriendo entre gases lacrimógenos y gente. Caminó 10 kilómetros. Esa noche, a dos cuadras de su casa, un edificio ardía. Miraba por la ventana el fuego y todo era caos.

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora