Una costumbre casera

Por Redacción

La historia de El Bolsón está ligada necesariamente a la fabricación artesanal de la cerveza: en el año 1900 el alemán Otto Tipp arribó al valle con las primeras plantas de cebada y lúpulo (que crecía prendido a los alambrados y las glorietas) y pronto se armó de barriles y los elementos indispensables para fabricar la preciada bebida. Los escasos pobladores de entonces esperaban curiosos e impacientes a que izase una bandera blanca sobre su casa, anunciando que la cerveza casera estaba lista para ser consumida. El teutón también organizaba fiestas que se extendían por días y deleitaba a los vecinos con canciones en su lengua madre acompañadas por el órgano, mientras ellos bebían y concursaban en diferentes juegos. Cuando se aburrieron –y ante la falta de respuestas de un gobierno nacional prácticamente ausente– no tuvieron mejor idea que ¡fundar su propia república independiente!, donde Otto Tipp resultó electo presidente y el vecino que tenía más ovejas ¡ministro de Hacienda! Aquel conato de sublevación –mitad en broma, mitad en serio– pronto llegó a los oídos de las autoridades (preocupadas por el conflicto limítrofe con Chile), que no tardaron en despachar una partida de soldados a caballo y desbaratar el proyecto. Con todo, aquellos entusiastas colonos jamás imaginaron que décadas después su pueblo se convertiría en la Capital Nacional del Lúpulo y en el principal productor de la planta que da el sabor característico a la popular bebida. Fue recién en 1964 cuando los bolsoneses decidieron ponerle nombre a esta tradición y homenajearla creando la Fiesta Nacional del Lúpulo.