Una despedida
Perfil de la poeta neuquina por Gerardo Burton, poeta y periodista.
MURIÓ MACKY CORBALÁN
Macky Corbalán terminó con dos peleas: una que había empezado meses atrás contra una enfermedad cruel y otra que llevaba años, casi los suyos, contra la normalidad establecida que la intentaba someter. Tuvo una herramienta poderosa que utilizó sin descanso, pese a que su dolencia en los últimos meses casi le impedía utilizarla: su voz estaba agotada.
La palabra nunca la dejó. Ella la exprimió hasta que la poesía saliera, como del mármol Miguel Ángel sacó “La Piedad”. Pero para ella no hubo piedad. Era una alegre guerrera; sabía que tenía pocas pero hondas alegrías: el amor, la amistad, la poesía, en orden diverso según la época, pero siempre coexistiendo.
Tampoco abandonó la pasión por Cutral Co: siempre supo que allí estaba su raíz y que allí estaba su oasis, agua de fuego para abrevar cuando las cosas se ponían duras, adversas, feas. El viento era su hogar, la arena su lecho.
Macky Corbalán era fundamentalmente poeta: una de las mejores, una de las mayores y una de las (pocas) únicas. Ese nombre llenó ayer el aire de Neuquén y la brisa de la primavera lo llevó hasta donde el sol nace y donde la luna se duerme. Tuvo una existencia que fue una epifanía para muchos. La ausencia será un trago difícil de aceptar.
Su búsqueda fue contra los entresijos del poder, las estructuras, los sistemas, las normas. Así militó en la vereda de las víctimas, de las mujeres, de los desposeídos, de quienes no tienen nombre o les falta un casillero que llenar en las planillas de los registros. En ese camino, siempre se lanzó hacia lo prohibido, deseó lo que se niega y halló teorías para demoler normalidades.
Por eso quizás marcó una vanguardia: todavía está, en el horizonte, su poesía por ser descubierta, por ser leída, por ser amada. Esos poemas son una caricia que no puede dejarse de lado.
Gerardo Burton
Poeta y periodista
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