Una fábrica de errores

Redacción

Por Redacción

Por paradójico que parezca, es tan grande el poder relativo de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner que le resulta sumamente difícil apartar de sus funciones a aquellos ministros, secretarios y subsecretarios que se destacan por su ineptitud. Lo es porque todos deben sus cargos actuales a una decisión personal de la presidenta, de suerte que, en el caso de que comenzara a tratarlos como fusibles, sería como si confesara ser incapaz de distinguir entre los idóneos y quienes distan de serlo. Dicha realidad, combinada con la preferencia notoria de la primera mandataria por rodearse de incondicionales, personajes que a veces se caracterizan por su mediocridad o por su falta de experiencia, virtualmente garantiza que distintos miembros del gobierno nacional continúen fabricando incidentes bochornosos. Según Raúl Garré, el hasta hace poco jefe de Gabinete del Ministerio de Seguridad y, como corresponde en una sociedad en la que los vínculos personales suelen importar más que el talento o la experiencia, hermano de la titular Nilda Garré, renunció al cargo porque “poníamos a la presidenta en una situación de mucho conflicto de gobernabilidad en una semana”. En otras palabras, el exfuncionario se cree un chivo expiatorio voluntario que se sacrificó para salvar no sólo a su hermana sino también a la mismísima presidenta de las consecuencias del motín salarial que fue provocado por un decreto, presuntamente destinado a blanquear el anárquico sistema de pagos de la Prefectura Naval y la Gendarmería, recortando drásticamente los sueldos de bolsillo de los cuadros más bajos. Puede que Raúl Garré esté en lo cierto, ya que muchos otros, incluyendo a funcionarios de otros ministerios, contribuyeron al desaguisado, pero ya es evidente que su gesto no ha servido para mucho. Si bien los uniformados optaron por levantar las protestas que tanta alarma estaban ocasionando, algunos amenazan con sumarse al paro nacional convocado por la CGT de Hugo Moyano y la CTA de Pablo Micheli. Por lo demás, la conciencia generalizada de que los prefectos navales y los gendarmes perciben “salarios de miseria”, pero que a juicio del ministro de Defensa, Arturo Puricelli, son “adecuados y razonables”, no ayudará a prestigiarlos a ojos de los huelguistas, piqueteros y otros protagonistas de disturbios callejeros que requerirían la presencia disuasiva de fuerzas de seguridad. Sea como fuere, de aplicarse los criterios que acaba de reivindicar el hermano de la ministra Garré, muchos funcionarios kirchneristas tendrían que abandonar sus cargos, ya que últimamente se han multiplicado los episodios que, al poner en ridículo al gobierno, han atentado contra “la gobernabilidad” que, en última instancia, depende de la confianza de la ciudadanía en la capacidad administrativa de la presidenta y sus colaboradores más influyentes. De difundirse la impresión de que sencillamente no saben gobernar con un mínimo de eficiencia, los costos políticos serían muy elevados: “la hegemonía” del ala kirchnerista del peronismo se basa precisamente en la idea de que son los únicos que están en condiciones de asegurar la gobernabilidad. Sin embargo, a juzgar por los resultados de sus esfuerzos, demasiados integrantes del elenco gobernante sencillamente no están a la altura de sus responsabilidades. La virtual captura del buque insignia de la Armada, la Fragata Libertad, por las autoridades ghanesas a pedido de un “fondo buitre”, fue posibilitada por la decisión de la cúpula de la Cancillería de pasar por alto las advertencias de asesores legales acerca de los riesgos que correría. Según se informa, los encargados de la política exterior se dejaron impresionar por la voluntad del hiperactivo secretario de Comercio, Guillermo Moreno, y también de Cristina, de buscar nuevos mercados para nuestros productos en África. Asimismo, el fracaso ignominioso de la maniobra que se improvisó con el propósito de separar a Leandro Despouy de la presidencia de la Auditoría General, el impacto muy negativo en los mercados financieros del minidefault de Chaco y del intento del vicegobernador bonaerense Gabriel Mariotto de aprovecharlo en su batalla contra el gobernador Daniel Scioli, y los escándalos ya casi diarios derivados de las estadísticas confeccionadas por el Indec, siguen perjudicando al gobierno a ojos de sectores cada vez más amplios de la población.


Por paradójico que parezca, es tan grande el poder relativo de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner que le resulta sumamente difícil apartar de sus funciones a aquellos ministros, secretarios y subsecretarios que se destacan por su ineptitud. Lo es porque todos deben sus cargos actuales a una decisión personal de la presidenta, de suerte que, en el caso de que comenzara a tratarlos como fusibles, sería como si confesara ser incapaz de distinguir entre los idóneos y quienes distan de serlo. Dicha realidad, combinada con la preferencia notoria de la primera mandataria por rodearse de incondicionales, personajes que a veces se caracterizan por su mediocridad o por su falta de experiencia, virtualmente garantiza que distintos miembros del gobierno nacional continúen fabricando incidentes bochornosos. Según Raúl Garré, el hasta hace poco jefe de Gabinete del Ministerio de Seguridad y, como corresponde en una sociedad en la que los vínculos personales suelen importar más que el talento o la experiencia, hermano de la titular Nilda Garré, renunció al cargo porque “poníamos a la presidenta en una situación de mucho conflicto de gobernabilidad en una semana”. En otras palabras, el exfuncionario se cree un chivo expiatorio voluntario que se sacrificó para salvar no sólo a su hermana sino también a la mismísima presidenta de las consecuencias del motín salarial que fue provocado por un decreto, presuntamente destinado a blanquear el anárquico sistema de pagos de la Prefectura Naval y la Gendarmería, recortando drásticamente los sueldos de bolsillo de los cuadros más bajos. Puede que Raúl Garré esté en lo cierto, ya que muchos otros, incluyendo a funcionarios de otros ministerios, contribuyeron al desaguisado, pero ya es evidente que su gesto no ha servido para mucho. Si bien los uniformados optaron por levantar las protestas que tanta alarma estaban ocasionando, algunos amenazan con sumarse al paro nacional convocado por la CGT de Hugo Moyano y la CTA de Pablo Micheli. Por lo demás, la conciencia generalizada de que los prefectos navales y los gendarmes perciben “salarios de miseria”, pero que a juicio del ministro de Defensa, Arturo Puricelli, son “adecuados y razonables”, no ayudará a prestigiarlos a ojos de los huelguistas, piqueteros y otros protagonistas de disturbios callejeros que requerirían la presencia disuasiva de fuerzas de seguridad. Sea como fuere, de aplicarse los criterios que acaba de reivindicar el hermano de la ministra Garré, muchos funcionarios kirchneristas tendrían que abandonar sus cargos, ya que últimamente se han multiplicado los episodios que, al poner en ridículo al gobierno, han atentado contra “la gobernabilidad” que, en última instancia, depende de la confianza de la ciudadanía en la capacidad administrativa de la presidenta y sus colaboradores más influyentes. De difundirse la impresión de que sencillamente no saben gobernar con un mínimo de eficiencia, los costos políticos serían muy elevados: “la hegemonía” del ala kirchnerista del peronismo se basa precisamente en la idea de que son los únicos que están en condiciones de asegurar la gobernabilidad. Sin embargo, a juzgar por los resultados de sus esfuerzos, demasiados integrantes del elenco gobernante sencillamente no están a la altura de sus responsabilidades. La virtual captura del buque insignia de la Armada, la Fragata Libertad, por las autoridades ghanesas a pedido de un “fondo buitre”, fue posibilitada por la decisión de la cúpula de la Cancillería de pasar por alto las advertencias de asesores legales acerca de los riesgos que correría. Según se informa, los encargados de la política exterior se dejaron impresionar por la voluntad del hiperactivo secretario de Comercio, Guillermo Moreno, y también de Cristina, de buscar nuevos mercados para nuestros productos en África. Asimismo, el fracaso ignominioso de la maniobra que se improvisó con el propósito de separar a Leandro Despouy de la presidencia de la Auditoría General, el impacto muy negativo en los mercados financieros del minidefault de Chaco y del intento del vicegobernador bonaerense Gabriel Mariotto de aprovecharlo en su batalla contra el gobernador Daniel Scioli, y los escándalos ya casi diarios derivados de las estadísticas confeccionadas por el Indec, siguen perjudicando al gobierno a ojos de sectores cada vez más amplios de la población.

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