Una isla

Roca

Al principio la idea de aislamiento no me pareció algo malo. Ni siquiera algo nuevo; de hecho es algo a lo que tendí siempre. Desde chiquito me gustaba colgarme una hoja de la oreja, o llenarme de arena las zapatillas, escondido en los roperos grandes que tenía mi madre en su habitación, o en algún rinconcito del patio donde nadie me viera.

Ya de grande optaba por hacerlo solo en mi pieza, solía pasarme horas dibujando olas y espuma de mar para luego desparramarlas por el suelo. Por eso digo que el aislamiento no es algo que me resulte nuevo, de hecho es lo que siempre anhelé.


Debo admitir que al principio, es decir el 20 de marzo por la tarde, me molestó un poco cuando me salió la primera ramita por la oreja derecha. Me enfadé mucho, y estuve triste los primeros días. Estaba acostumbrado a elegir yo el aislamiento, no que se me imponga.

Pero después de la primera semana esto cambió. La ramita (que para esta altura ya tenía sus primeras hojitas y todo) ya no me molestaba para dormir, en absoluto. Así entendí que era solo cuestión de acostumbrarse a los cambios y acomodar la ramita debajo de la almohada, o entender que las zapatillas no me iban a pesar si me quedaba quieto en un rincón de la habitación. Entonces acepté que el piso esté cada vez mas mojado. Hoy, 22 de junio por la tarde, puedo decir que el proceso de aislamiento está funcionando a la perfección.


La habitación está tan inundada que hasta se forman olitas que vienen desde la puerta de entrada hasta mi torso ahora casi completamente hecho de arena. Mi cabeza ya es una palmera hecha y derecha (aún no se me encurva el cuello), y hasta siento que me está saliendo un cofre del tesoro en la espalda. Espero con ansias a los primeros piratas para así completar el proceso de aislamiento y poder decir con seguridad: soy una isla.


Simón Barktow
DNI 38.829.181


Roca

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