Una mañana
Columna semanal
El disparador
Seis de la mañana. Suena el despertador. Lo apaga enseguida, como si no hubiera estado dormido en profundidad. Sale de la cama, se lava los dientes, se ducha. Le da de comer a Lola pero no la saca a pasear. Esta tarde, cuando vuelva del trabajo, es probable que tenga que limpiar materia fecal en el piso de la cocina. Afuera diluvia. Resopla.
Con la cafetera exprés se prepara una taza de café y lo deja sobre la mesada. Abre la heladera, echa un vistazo y la cierra sin sacar nada.
En un anotador escribe: “Nancy, después de limpiar el baño, repasá los pisos y la alfombra de la habitación. Cambiá las sábanas, que ya tienen una semana de uso. Y, por favor, comprame leche en envase de cartón, que esta mañana tuve que tomar el café negro. Gracias! Fernando”. Resopla.
Toma el café. Se vuelve a lavar los dientes. Sigue lloviendo. Sale al trote de su casa y se sube a su auto. Maneja quince minutos. En cada semáforo que se detiene cambia de radio. En los programas hablan de la expectativa por el primer balotaje en la historia del país.
Llega al taller mecánico. Estaciona dentro de un enorme galpón. Lo recibe una joven. “Buen día”. “Para un service”. “¿Tiene turno?”. “Sí”.
Resuelve los menesteres correspondientes y firma dos papeles sin leerlos. Le dicen que pase a retirar el auto al día siguiente. Resopla.
Seis cuadras después del taller está en la estación. El tren llega a los cinco minutos. Entra y se queda de pie, observando a dos niños con guardapolvo blanco que van dormidos. En Virreyes, un hombre sacude el hombro de los niños y se bajan.
Se sienta y saca el celular. Escribe en Twitter: “@ComunidadTren vagón lleno… pero me ubiqué en el lugar indicado y ahora voy sentado. Qué lindo oler las oportunidades”.
Lee otros mensajes. “En el #trenroca aguantando el olor a porro. Una cosa buena si gana Macri es que tal vez metan presos a estos fisuras”. “Los vecinos de #Quilmes celebran el nuevo #TrenRoca . El país que queremos! #ScioliPresidente”. “Sólo el amor salvará al mundo! VIVEEEEEEE!!!! #trentigre”. Suspira.
Mira por la ventana, aún salpicada por el diluvio reciente. Hace una foto del vidrio, con las gotas en primer plano y una arboleda de fondo. Aplica efectos de sombreado y resalta colores. La sube a Instagram.
El tren llega a Retiro. Sale de la estación, atraviesa una plaza, pasa al lado de la Torre Monumental y frente a un hotel lujoso. Se apura pero no alcanza a cruzar la avenida porque el semáforo se pone en rojo. Resopla.
Mira su celular, lo guarda. Verde. Camina con la mirada hacia el suelo. La vereda es muy ancha. Aminora el paso. Un colchón de dos plazas, cubierto con frazadas; una silueta, una maraña de pelo oscuro. Diez metros más adelante, otro colchón. Más frazadas, y una bolsa con pan. Un hombre y una mujer; un metro más allá, un enorme ventanal, del piso al techo, un local lleno de luz, un cartel: “La salud es lo primero”.
Se detiene, contempla la escena un segundo, saca su celular y lo vuelve a guardar enseguida. Retoma el paso. Cinco cuadras después entra en una torre altísima. Le avisan que el ascensor no funciona. Suspira. “Y bué”, media sonrisa. Sube por la escalera.
Juan Ignacio Pereyra
pereyrajuanignacio@gmail.com