Una mapuche es dirigente de la Iglesia Luterana
Sofía Millañir es oriunda de Esquel, Chubut.Hace años que cumple tareas comunitarias.
BUENOS AIRES.- Por primera vez en la historia de la entidad, una mujer mapuche fue electa miembro del Consejo Directivo de la Iglesia Evangélica Luterana Unida (IELU) de Argentina. Esta entidad, por otra parte, realizó una fuerte condena del orden mundial neoliberal y sus secuelas de exclusión, corrupción, inseguridad y violencia.
Sofía Millañir es una mujer patagónica perteneciente a la etnia mapuche. Nacida en Esquel, provincia del Chubut, sus ancestros habitan aún en la zona de Temuco, Chile. Millañir tiene 51 años de edad, tres hijos, y más de 30 años de trabajo comunitario con las etnias originarias.
Bautizada en la Iglesia Católica Romana, Millañir se integró a la iglesia luterana en 1995 gracias a su contacto con la labor de un pastor luterano. Desde hace un año preside la Congregación Esperanza del Sur, con sede en Esquel y obras de misión y servicio en comunidades originarias de Cushamen y Corcovado, localidades situadas a 200 y 90 kilómetros de Esquel, respectivamente.
Como delegada de su congregación, Millañir participó en la asamblea de la IELU, que tuvo lugar en Azul, provincia de Buenos Aires. Allí resultó electa vocal titular, por un período de dos años, del Consejo Directivo de la iglesia, integrado por siete miembros.
Durante los últimos 32 años, mientras vivía de su trabajo en el ámbito turístico, Millañir trabajó, mayormente ad honorem, en proyectos comunitarios orientados a revalorizar la cultura mapuche, promover el respeto de los derechos de las comunidades, el fin de la discriminación y el acceso de los niños a la educación.
Por otra parte, la declaración «Compartamos el pan de vida-Hacia una iglesia en misión», fue presentada a la mencionada asamblea general de la Iglesia Evangélica Luterana Unida, realizada en Azul.
La declaración, aprobada por el Consejo Directivo de la Iglesia, condena en duros términos el «sistema neoliberal de exclusión», al cual declara «incompatible con nuestra vocación cristiana».
«Este orden mundial tiene en su raíz misma la fuente de todo mal: la exclusión», afirma la declaración luterana.
Dado que «lleva a la virtual esclavitud de una mayoría que no puede satisfacer sus necesidades básicas mientras que otros viven en una injusta abundancia», genera un «desequilibrio social y económico no querido por Dios», añade.