Una obra infantil con la estatura del teatro mayor

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Redacción

Por Redacción

La ingenuidad tiene mala fama en esta sociedad posmoderna. Ni los chicos se la creen. Cosa muy distinta es la ternura. Bien trabajada, la ternura nos afloja la coraza que los tiempos han perseverado en construirnos.

Pero si algo de una y de otra tiene que tener una obra para chicos, una buena obra de teatro es mucho más que eso.

En «Un ángel de nariz roja», Pablo Mario trabaja con una seriedad nada ingenua, una pieza unipersonal que recorre muchos géneros dramáticos.

Nacida con el sello del clown, «Un ángel…» encarna a un desocupado que duerme en una plaza en el traje de un payaso, y hasta toma de él la tristeza, combinándola con una paradójica felicidad del sólo vivir en contacto con lo natural.

Toma mucho del mimo, aunque sin renunciar a la palabra en términos absolutos. La palabra está allí, no como un texto convencional -ya que el relato es casi exclusivamente gestual- sino como complemento, al modo de gags que cortan la tensión y desatan la risa.

La excelente formación corporal de Mario lo acerca mucho también a la danza contemporánea, sobre todo en la escena en la que el protagonista sufre pesadillas. En este tramo, suma incluso recursos que la televisión ha incorporado al imaginario de los chicos.

Y, en cuanto a los contenidos, incorpora problemática adulta -la discriminación, las marchas por el desempleo, el exilio, la nostalgia y finalmente, la esperanza de iniciar una etapa nueva.

Si bien en lo actoral todo el peso recae sobre el único actor, la puesta tiene un fuerte componente de complementación técnica, que destacan la tarea de los dos protagonistas «invisibles» al espectador: Silvia Suárez, en el puntilloso juego de luces y sonidos: impecable. Y Hugo Aristimuño, tan sólido como su figura y su experiencia que no deja de sorprender y alegrar. No casualmente, «Un ángel…» recibió tantos aplausos en el encuentro.

Alicia Miller


La ingenuidad tiene mala fama en esta sociedad posmoderna. Ni los chicos se la creen. Cosa muy distinta es la ternura. Bien trabajada, la ternura nos afloja la coraza que los tiempos han perseverado en construirnos.

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