Una pasión que muere y resucita
En “Un método peligroso” David Cronenberg recupera tangencialmente la figura de Sigmund Freud en una historia que narra la relación amorosa que Carl Jung mantuvo con su paciente y más tarde también psicoanalista Sabina Spielrein. Por su parte, el filósofo Michel Onfray publicó “El crepúsculo de un ídolo. La fábula freudiana” y el escritor mexicano Jorge Volpi, la novela basada en hechos reales “La tejedora de sombras”, donde el psicoanálisis vuelve a ser tocado.
Ironías de la posteridad. Sigmund Freud fue un hombre reacio a la, por su época, creciente tecnología de las cámaras y, sin embargo, su figura terminó apareciendo en más de 20 producciones cinematográficas y de televisión. La última, “Un método peligroso”, lleva el sello de David Cronenberg (“Una historia violenta”, “ eXistenZ”). Aunque desde el principio el filme fue promocionado casi como un perfil más del célebre psicoanalista, en rigor el argumento trata de la relación entre Carl Jung (Michael Fassbender) y Sabina Spielrein (Keira Knightley). Freud aparece en esta historia de una manera tangencial. El vínculo médico y sobre todo pasional entre Jung y Spielrein constituye la verdadera energía que justifica el filme. En el medio, algunas de las discusiones que han atravesado históricamente el psicoanálisis: la validez moral y científica del método del diálogo, su efectividad, la intransigencia de Freud acerca de la línea más gruesa de su teoría, la influencia del psicoanálisis en la sociedad contemporánea y, por supuesto, su amistad con Jung, quien luego de convertirse en su discípulo predilecto se distanció de Freud por motivos varios. Uno de ellos, esbozado en la película de Cronenberg, fue el interés de Jung por fenómenos que escapaban a la lógica y en los que Freud no veía nada más que mitología y esoterismo. En el fondo, y no tanto, “Un método peligroso” narra las curiosas y retorcidas alternativas de una historia de amor entre dos personas brillantes y apasionadas bajo la sombra omnipresente del “padre” Freud. Jung, quien se resiste en primera instancia a la propuesta más que a la seducción de Spielrein, se involucra con esta apasionante mujer en todos los sentidos posibles. Primero como analista, luego como amigo y finalmente como un amante que no puede dejar de reincidir en un juego un poco, sólo un poco, sádico. Existe un mundo (bueno, no tanto) de distancia entre el Freud de Mortensen y aquel personaje de rostro sobrio y preocupado que esbozó Montgomery Clift en “Freud, pasión secreta”, del gran John Huston. Mortensen muestra a un Freud confiado, galante y cautivador. Alguien, como el mismo Jung lo describe, a quien resulta difícil contradecir. Curiosamente el filme de Huston contrató a Jean Paul Sartre como su primer guionista. El filósofo escribió un guión tan extenso que de haberse producido la película hubiera durado 16 horas. Al final fueron muchas menos para reflejar los esfuerzos de Freud por dar a conocer su teoría. En 1976 Freud volvió a la pantalla grande con “Elemental, doctor Freud”, dirigida por Herbert Ross. Como se puede presuponer, se trata de una comedia en la que Freud se asocia nada menos que con Sherlock Holmes con el propósito de resolver un crimen. De paso el psicoanalista le ayuda al personaje de Arthur Conan Doyle a superar su adicción a la cocaína. A principios de los 80 el excelente director italiano Nanni Moretti (“Caro diario”) filmó “Sogni D’Oro”, en la que su álter ego Michele Apicella quiere hacer una película sobre la relación de Freud con su madre. En “Loco de amor” (1983), de Marshall Brickmann, Freud aparece como un fantasma, interpretado por Alec “Obi-Wan Kenobi” Guiness, que aterroriza al profesional que se enamora de una paciente. Y siguen los títulos también en la pantalla chica. En el terreno de las letras, el año pasado el filósofo Michel Onfray publicó “El crepúsculo de un ídolo. La fábula freudiana”, en el que no se priva de ninguna acusación en contra del psicoanalista. Onfray, célebre por sus polémicos libros que siempre conmueven a la opinión pública francesa, afirma que Freud coqueteaba con el nazismo y que corrigió sus estudios para que no trascendieran sus fracasos, entre muchas otras cosas. Por su parte, el escritor mexicano presenta por estos días “La tejedora de sombras”, una novela basada en la historia de amor entre Christiana Morgan y Henry Murray, un médico de Harvard que fundó la Clínica Psicoanalítica de esa universidad. Murray para entonces estaba casado con una rica heredera de Boston. “Me atrajo esa extraña historia de amor que Christiana y Henry llevan a cabo durante 42 años y que, bajo el influjo de Jung, intentan llevar a sus últimas consecuencias”, ha explicado Volpi. La “idea” Freud, con admiradores o detractores, sigue rodando.
Claudio Andrade candrade@rionegro.com.ar
Ironías de la posteridad. Sigmund Freud fue un hombre reacio a la, por su época, creciente tecnología de las cámaras y, sin embargo, su figura terminó apareciendo en más de 20 producciones cinematográficas y de televisión. La última, “Un método peligroso”, lleva el sello de David Cronenberg (“Una historia violenta”, “ eXistenZ”). Aunque desde el principio el filme fue promocionado casi como un perfil más del célebre psicoanalista, en rigor el argumento trata de la relación entre Carl Jung (Michael Fassbender) y Sabina Spielrein (Keira Knightley). Freud aparece en esta historia de una manera tangencial. El vínculo médico y sobre todo pasional entre Jung y Spielrein constituye la verdadera energía que justifica el filme. En el medio, algunas de las discusiones que han atravesado históricamente el psicoanálisis: la validez moral y científica del método del diálogo, su efectividad, la intransigencia de Freud acerca de la línea más gruesa de su teoría, la influencia del psicoanálisis en la sociedad contemporánea y, por supuesto, su amistad con Jung, quien luego de convertirse en su discípulo predilecto se distanció de Freud por motivos varios. Uno de ellos, esbozado en la película de Cronenberg, fue el interés de Jung por fenómenos que escapaban a la lógica y en los que Freud no veía nada más que mitología y esoterismo. En el fondo, y no tanto, “Un método peligroso” narra las curiosas y retorcidas alternativas de una historia de amor entre dos personas brillantes y apasionadas bajo la sombra omnipresente del “padre” Freud. Jung, quien se resiste en primera instancia a la propuesta más que a la seducción de Spielrein, se involucra con esta apasionante mujer en todos los sentidos posibles. Primero como analista, luego como amigo y finalmente como un amante que no puede dejar de reincidir en un juego un poco, sólo un poco, sádico. Existe un mundo (bueno, no tanto) de distancia entre el Freud de Mortensen y aquel personaje de rostro sobrio y preocupado que esbozó Montgomery Clift en “Freud, pasión secreta”, del gran John Huston. Mortensen muestra a un Freud confiado, galante y cautivador. Alguien, como el mismo Jung lo describe, a quien resulta difícil contradecir. Curiosamente el filme de Huston contrató a Jean Paul Sartre como su primer guionista. El filósofo escribió un guión tan extenso que de haberse producido la película hubiera durado 16 horas. Al final fueron muchas menos para reflejar los esfuerzos de Freud por dar a conocer su teoría. En 1976 Freud volvió a la pantalla grande con “Elemental, doctor Freud”, dirigida por Herbert Ross. Como se puede presuponer, se trata de una comedia en la que Freud se asocia nada menos que con Sherlock Holmes con el propósito de resolver un crimen. De paso el psicoanalista le ayuda al personaje de Arthur Conan Doyle a superar su adicción a la cocaína. A principios de los 80 el excelente director italiano Nanni Moretti (“Caro diario”) filmó “Sogni D’Oro”, en la que su álter ego Michele Apicella quiere hacer una película sobre la relación de Freud con su madre. En “Loco de amor” (1983), de Marshall Brickmann, Freud aparece como un fantasma, interpretado por Alec “Obi-Wan Kenobi” Guiness, que aterroriza al profesional que se enamora de una paciente. Y siguen los títulos también en la pantalla chica. En el terreno de las letras, el año pasado el filósofo Michel Onfray publicó “El crepúsculo de un ídolo. La fábula freudiana”, en el que no se priva de ninguna acusación en contra del psicoanalista. Onfray, célebre por sus polémicos libros que siempre conmueven a la opinión pública francesa, afirma que Freud coqueteaba con el nazismo y que corrigió sus estudios para que no trascendieran sus fracasos, entre muchas otras cosas. Por su parte, el escritor mexicano presenta por estos días “La tejedora de sombras”, una novela basada en la historia de amor entre Christiana Morgan y Henry Murray, un médico de Harvard que fundó la Clínica Psicoanalítica de esa universidad. Murray para entonces estaba casado con una rica heredera de Boston. “Me atrajo esa extraña historia de amor que Christiana y Henry llevan a cabo durante 42 años y que, bajo el influjo de Jung, intentan llevar a sus últimas consecuencias”, ha explicado Volpi. La “idea” Freud, con admiradores o detractores, sigue rodando.
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