Unir continentes a través de la literatura, la apuesta de Rosana Zeballos

La profesora Rosana Zeballos, de Villa Manzano (Campo Grande), ideó un concurso de escritura para fomentar el hábito en los jóvenes rionegrinos. Sin embargo, el proyecto se transformó en un libro que hasta contó con ilustraciones de artistas asiáticos.

Incentivar la lectura es, de por sí, una tarea difícil. Hacerlo en un pueblo pequeño, y en plena pandemia, más. Y aún así, el proyecto que llevó adelante Rosana Zeballos superó todas las expectativas y transformó un concurso en un libro que unió continentes. ¿Suena exagerado? No lo es.


Con la intención de lograr que los jóvenes del Centro de Educación Técnica Nº 31 de Villa Manzano (Campo Grande) fomenten el hábito de la lectura, Rosana planteó una idea: un concurso literario. Pero creció tanto que se volvió un libro, titulado “Mi Cuarentena”; y Rosana, aún hoy, no lo puede creer. Así lo comentó en diálogo con “En Eso Estamos”, por Río Negro Radio.

“La idea era formar solamente un concurso. Con eso me sentía realizada y podía morir en paz (risas), porque nunca se había hecho algo similar en nuestro pequeño pueblo, entonces era un enorme desafío. Las limitaciones del aislamiento nos complicaron en muchas cosas, pero también hicieron despegar algunas cuestiones impensadas”, explicó.

Claro, para llegar a este punto, tuvo que haber un desafío previo: “quería ver cómo incentivar la lectura en los más chicos, sobre todo cuando no los estaba viendo de forma presencial. Les grababa audios, relatos en WhatsApp… Hasta que dije ‘bueno, vamos a empezar al revés’. Si ellos escriben y después leen lo que sus compañeros escribieron quizás sea una buena idea. Y la verdad me sorprendí”, contó.

Para iniciar, Rosana convocó a tres personas que admiraba: la profesora de Castellano, Magister en Humanidades, Literatura y Artes Visuales y Escritora y dramaturga Masiel Zagal, que vive en Talca, Chile; el artista, periodista y gestor cultural, profesor de Arte Dramático y Licenciado en Artes del Espectáculo, Oscar Sarhan; y la escritora, editora, gestora cultural y coordinadora del Plan de Lecturas de Río Negro, Iris Giménez. Luego les contó la idea, “pensando que 4 o 5 chicos participarían. Cuando vi que fueron 17 microrrelatos me sentía muy bien”. Después se le ocurrió la idea de ilustrarlas, y una vez que dispuso del material, pensó que había que convertir eso en un libro. Allí participaron 14 estudiantes de 1° a 6° año.

Algunas de las ilustraciones que acompañan los textos. Aquí, la de Eduardo Salinas, alumno.


Pero claro, este proyecto no solo abarcó a los jóvenes de la escuela de Villa Manzano. De hecho, trascendió fronteras y continentes. “Para las ilustraciones me contacté con Hui Fong, de Brunei (Asia), que debo ser sincera ni sabía dónde quedaba. Yo conocí a Hui en Italia, y seguimos en contacto siempre. Se me ocurrió plantearle la idea de un trabajo en conjunto, y me dijo que le encantaría. Ellos dibujaron los relatos de nuestros estudiantes, que fueron traducidos, y lo tomaron como un desafío muy emocionante. Y así unimos dos continentes, fue algo muy mágico. Cuando llegaron los dibujos me emocioné mucho”, relató.

Al ser consultada sobre las preocupaciones de los jóvenes antes de lanzarse a escribir, Zeballos los desligó y se hizo cargo: “Creo que el principal miedo lo tenía yo. El día que tiré la convocatoria dije ‘que estoy haciendo’, porque los adultos tenemos mucho miedo al fracaso. A nadie le gusta presentar una propuesta y que quede desierta porque no le interesa a nadie. Los jóvenes son mucho más relajados, ellos participan y tienen ganas de contar lo que les pasaba, no importa si ganan. Hubo chicos que escribieron hasta tres relatos”, explicó.

¿Con qué podemos encontrar en el libro? “Hay absolutamente de todo en los textos, y eso es maravilloso. Hay algunos autorreferenciales: un chico nos cuenta su proceso en aislamiento, el miedo que sintió. Otros nos contaron lo que fueron reflexionando. Y hay relatos de ficción, con historias que no tienen nada que ver con este contexto. Yo que conozco a cada alumno, creo que los textos reflejan a los autores, porque uno no puede escapar de lo que es. Son relatos muy sinceros, no escribieron tratando de aparentar”, comentó Rosana.

Al comentarles a los alumnos y sus familias el proyecto del libro, Zeballos aseguró que “no lo podían creer. De hecho yo no lo puedo creer (risas). Si bien todavía no se los pude entregar, cuando las familias lo vieron me decían ‘es un libro en serio’. Se ve que la gente pensó que iba a imprimir a color los cuentos, pero cuando ven la tapa, los sellos y demás, dicen es un libro de verdad”.

El arte de @trewelina, otra de las ilustraciones que forman parte del libro.


Es allí donde Rosana abre un paréntesis y hace una aclaración: “Muchas personas ven que un libro es algo inalcanzable, sagrado, que no se toca. Y mi labor como bibliotecaria es hacerles entender que un libro es algo que podemos construir entre todos, es una forma de expresión. Y bienvenido sea si se cae, se raya, se rompe. Un libro usado es mucho mejor que un libro inmaculado, sin usar, en una estantería”.

Por el momento, el libro no está publicado, pero la intención está. “Tenemos la idea, o mejor dicho el sueño, de hacerlo en formato podcast por ejemplo. Vamos a buscar las maneras de que esto se conozca en cada rincón del mundo”, cuenta Rosana. Y si a ello le pone la misma esperanza que le puso a la creación de este “concurso” que se volvió libro, seguramente lo logrará.


Algunos de los microrrelatos



Cuatro días: Fui una sospecha, casi una confirmación. Cuatro días después llamó el doctor diciendo: tu prueba dio negativo para Covid-19. Kuri.

Mi cuarentena: Es raro. Es raro porque pensé que en este transcurso de la cuarentena iba a poder reflejar mis transparencias, es raro porque me ponía mis propias metas, las que yo mismo no podía cumplir.
Reflejo mis opiniones como creen que soy pero no soy. Hago lo que quiero pero no lo que pienso.
Mente Escrita.


Trebejos sentimentales: La fortuna se ha reído de mí. Casi inerte. Incapaz de moverme, de gritar, incapaz de ver. Como la vulnerable víctima de un sueño profundo del cual no existe un despertar. Este soy yo. Anhelando sentir aires de liberación y consuelo, los gritos de una muchedumbre se hacían cada vez más claros. Ardor y destrucción, ¿Es esto una vida infernal? Un mundo en donde ansiosa espera la humanidad aquella milagrosa luna llena para por fin escaparse y jamás regresar.
-¡Jaque mate!- Su pavorosa voz lo había anunciado.
Es el final.
P. V.


Comentarios


Unir continentes a través de la literatura, la apuesta de Rosana Zeballos