Urgente: renovar el Acuerdo Cívico y Social
Las elecciones del 2009 parecen parte de un pasado lejano, pero sucedieron sólo tres años atrás. Allí fuerzas afines como la Coalición Cívica, el socialismo y la UCR se encontraron en una alternativa común y lograron lo que parecía imposible: frenar a Néstor Kirchner que ocupaba el centro de la política nacional mas allá de que su esposa fuera la presidenta. El oficialismo lo intento todo, listas testimoniales incluidas. Pero a lo largo y ancho del país triunfó una alternativa razonable, decente y progresista de unidad. La sociedad reconoció a los dirigentes que no sólo se mostraron como opositores sino que también le ofrecieron una esperanza de cambio. Luego vino otra historia, donde primaron más las diferencias que los acuerdos, y esa propuesta se desintegró compitiendo entre sí con el resultado conocido y que hoy padece la república. Si en el 2009 los dirigentes habíamos acertado cuando apostamos a la unidad, en el 2011 nos equivocamos cuando partidos con objetivos comunes aparecieron, por nuestros errores, atomizados. Así llegamos a esta realidad que nos muestra un gobierno enamorado de la anomia, que tiene además mayoría en ambas cámaras y que, amparado en su legitimidad, desconoce los problemas que aquejan a las mayorías populares, como la inflación, la desocupación y el desempleo. Problemas a los que, en lugar de enfrentarlos, los esconde con las absurdas cifras oficiales. La pregunta es: ¿qué hacemos los que pensamos parecido? ¿Qué hacemos quienes vivimos con los mismos patrones éticos y creemos en la legalidad, la justicia y la república? La respuesta es simple, unirnos en provecho de la Nación y el pueblo. Debemos construir una propuesta común que signifique más que la suma de nuestras fuerzas individuales y que constituya un freno a la hegemonía K en las elecciones del 2013, y en esa unidad sembrar las bases para ofrecer una alternativa de gobierno sensata, segura y progresista para el 2015, definiendo un programa y sus posibles ejecutores. Pero para ello tenemos que tener grandeza y dejar de lado las vanidades personales. Los líderes deben aceptar la posibilidad de que, como en todo aspecto de la vida, haya otro mejor que pueda representar al conjunto frente a la ciudadanía. La ley nos da muchas alternativas. La primera es el consenso en todos los lugares que se pueda. Pero si no se llega a él, las internas abiertas simultáneas y obligatorias, de cara a la sociedad, son la mejor manera de zanjar las posibles diferencias. No debemos perder de vista que la próxima es una elección legislativa por distrito que debemos aprovechar para fortalecer liderazgos regionales para, desde abajo, construir la alternativa nacional. Aprendamos de nuestros errores recientes. Si en el 2011 Elisa Carrió, Hermes Binner y Ricardo Alfonsín hubieran competido en una interna abierta, el ganador hubiera enfrentado a Cristina Fernández desde un 30% de la sociedad y hubiera habido elección general. En Santa Fe lo hicimos y de esa competencia surgió el gobernador Bonfatti, quien representa al conjunto hoy en el Ejecutivo provincial. Tenemos que poder hacerlo en el país. Rearmar el Acuerdo Cívico y Social mirando hacia atrás con autocrítica para mirar el futuro con esperanza. Si no lo logramos, la patria y el pueblo nos lo demandarán. (*) Diputado nacional por la Coalición Cívica-ARI, Santa Fe
carlos comi (*)