“Varios guiños a la historia local”
Carlos Hughes es, en Chubut, referente de la actividad periodística por su tarea en varios medios y, en la actualidad, al frente de la redacción del diario “Jornada”. Desde allí habló con “Río Negro” sobre su doble rol de narrador y protagonista, él mismo, de la historia de la colonización galesa. –Me crié en una chacra. Mi abuelo manejaba un tambo y, mi abuela, la casa de té tradicional donde se servían tortas típicas. Además, mi abuela fue la última sobreviviente de los inmigrantes que llegaron a la zona en el barco “Mimosa”, toda una institución. –¿Cuánto hay, entonces, de ficción y de realidad en “Último tren a la Colonia”? –Hay mucha ficción, pero la mayoría tienen que ver con la historia de la colonización. Para quien no conoce la historia, el libro lo puede entretener. Pero, para quien la conoce, hay varios guiños. Por ejemplo, uso el apellido Jenkins, y acá es conocido que Aaron Jenkins descubrió que la tierra negra servía para cosechar si se hacían canales desde el río, cuando todos estaban a punto de abandonar las parcelas. Y se hizo amigo del cacique tehuelche Francisco, quien le enseñó secretos de la caza. Por eso, cuando no tenían éxito con las cosechas, alimentó a varias familias con el producto de la cacería. Y en el año 1879 se produjo una fuga de presos del penal de Punta Arenas, participó como guardia civil en atrapar a uno de ellos por acá, y cuando volvían al valle éste lo mató. Y hablo también de un reverendo Matthews, que es un nombre también ligado a la historia del lugar. Y al médico le pongo de nombre Atilio, como un homenaje a Atilio Viglione, médico de esta zona y que fue el gobernador del retorno a la democracia en 1983. –Pero sin pretensión de historia real… –No, lo primero que aclaro es que si el lector va a a buscar la historia de la colonia galesa no la va a encontrar allí. Hay mucha ficción. –Y es una ficción que habla de dificultades, de un ciclo de esperanza y de caída, no es una historia con final feliz. –Yo soy un defensor del ferrocarril, y la historia de los ferrocarriles en la Patagonia es una historia de fracasos. Lo que quise reflejar es eso. Cuando los galeses descubren que podían sembrar, siembran trigo y un par de años después, hasta llegan a una feria internacional en Chicago y ganan el primer premio. Siembran 3.000 hectáreas. Tienen éxito en lo que de ellos depende. Pero es una historia de fracasos porque otras cosas tienen que ver con decisiones del poder central que no tiene en cuenta las periferias del país. Lo que importa es alimentar a los millones de votos de la región central. No somos un país federal. –Es una historia que no termina bien, porque en general la vida es así. –Si, muchos se quejan porque me dicen “me los matás a todos”. –¿Cómo recibió la gente tu libro? –Muy bien, he recibido muy buenos comentarios y mucho afecto. Se vendió muy bien en Gaiman y en la zona. –La editorial Remitente Patagonia ha trabajado en una edición cuidada. –Sí, es una editorial privada, de la escritora Julia Chaktoura y de Pablo Lopresti. Son gente muy reconocida en la cultura y el ámbito editorial, que comenzaron hace cuatro o cinco años y llevan ya una enorme cantidad de libros editados. Hicieron muy buen trabajo.