“Verticalidad obediente”
Para justificar a los uniformados del proceso militar se utilizó el concepto de “obediencia debida” que actualmente, algo atenuado, sigue vigente no obstante que nuestro régimen de gobierno es considerado republicano y federal. Por su parte la verticalidad es un hecho consumado impuesto por los gobiernos populistas. Desde el advenimiento de la democracia, la mayoría de los representantes municipales y provinciales han debido convertirse en meros levantadores de mano. Mientras eso ocurre en el Estado, muchas instituciones de orden privado miran para otro lado y se acomodan en la poltrona del buen pasar olvidando que vivimos en una sociedad interdependiente. Entre todos hemos elegido a los últimos gobiernos, utilizando metodologías de dudosa transparencia que favorecen a los más “pícaros”, quienes mediante distintas argucias se alzan con los votos necesarios para su consagración. Los que surgen de esa manera terminan siendo gobiernos débiles porque les falta legitimidad, de contenido político, viéndose obligados a ser volubles ante las complejas circunstancias impuestas por la realidad cotidiana. Así es que los equipos de trabajo de gobierno resultan improvisados y actúan llenos de incertidumbre de nefastas consecuencias. Terminan solicitando asesoramiento al poder central, que establece férreamente la política a seguir y que además es el dueño de la caja. Por esa causa nuestros representantes quedan sometidos a ese poder so pena de ser rezagados u olvidados en el “reparto” y distribución de los fondos que legítimamente les corresponden. El federalismo, pese a nuestra carta magna, casi no existe. El nefasto ejercicio verticalista de la política se consolida en desmedro de la democracia por la falta de idoneidad de los ejecutores, nuestros representantes que, carentes de argumentos e ideas, terminan siendo sometidos. Muy pocos gobernadores provinciales tienen estatura “independiente” y eso se repite en los legisladores que son funcionales a la buena remuneración percibida y nada más. Muchos son meros punteros, aunque se endilguen poseer “cintura política”. Gestionar bien no es sencillo, es necesario contar con personal capacitado para tener éxito en municipios, provincias y Nación. Las iniciativas del Ejecutivo propenden a ser aprobadas a libro cerrado y los proyectos se resuelven con premura y sin discusión. Los verticales y obedientes no logran ver las carencias en educación, seguridad y salud de sus representados a lo largo y ancho del país. Las minorías son ninguneadas, no son escuchadas y la democracia se desgarra o está ausente. Como corolario puede afirmarse que varios municipios fuertes resultarían, de seguro, en gobiernos provinciales fuertes y así, siguiendo, podríamos conformar un país democrático que tenga prestancia en el concierto mundial de naciones. Ese objetivo se lograría mediante una profunda renovación de nuestra dirigencia política. Omar A. González DNI 5.749.340 Neuquén
Omar A. González DNI 5.749.340 Neuquén
Para justificar a los uniformados del proceso militar se utilizó el concepto de “obediencia debida” que actualmente, algo atenuado, sigue vigente no obstante que nuestro régimen de gobierno es considerado republicano y federal. Por su parte la verticalidad es un hecho consumado impuesto por los gobiernos populistas. Desde el advenimiento de la democracia, la mayoría de los representantes municipales y provinciales han debido convertirse en meros levantadores de mano. Mientras eso ocurre en el Estado, muchas instituciones de orden privado miran para otro lado y se acomodan en la poltrona del buen pasar olvidando que vivimos en una sociedad interdependiente. Entre todos hemos elegido a los últimos gobiernos, utilizando metodologías de dudosa transparencia que favorecen a los más “pícaros”, quienes mediante distintas argucias se alzan con los votos necesarios para su consagración. Los que surgen de esa manera terminan siendo gobiernos débiles porque les falta legitimidad, de contenido político, viéndose obligados a ser volubles ante las complejas circunstancias impuestas por la realidad cotidiana. Así es que los equipos de trabajo de gobierno resultan improvisados y actúan llenos de incertidumbre de nefastas consecuencias. Terminan solicitando asesoramiento al poder central, que establece férreamente la política a seguir y que además es el dueño de la caja. Por esa causa nuestros representantes quedan sometidos a ese poder so pena de ser rezagados u olvidados en el “reparto” y distribución de los fondos que legítimamente les corresponden. El federalismo, pese a nuestra carta magna, casi no existe. El nefasto ejercicio verticalista de la política se consolida en desmedro de la democracia por la falta de idoneidad de los ejecutores, nuestros representantes que, carentes de argumentos e ideas, terminan siendo sometidos. Muy pocos gobernadores provinciales tienen estatura “independiente” y eso se repite en los legisladores que son funcionales a la buena remuneración percibida y nada más. Muchos son meros punteros, aunque se endilguen poseer “cintura política”. Gestionar bien no es sencillo, es necesario contar con personal capacitado para tener éxito en municipios, provincias y Nación. Las iniciativas del Ejecutivo propenden a ser aprobadas a libro cerrado y los proyectos se resuelven con premura y sin discusión. Los verticales y obedientes no logran ver las carencias en educación, seguridad y salud de sus representados a lo largo y ancho del país. Las minorías son ninguneadas, no son escuchadas y la democracia se desgarra o está ausente. Como corolario puede afirmarse que varios municipios fuertes resultarían, de seguro, en gobiernos provinciales fuertes y así, siguiendo, podríamos conformar un país democrático que tenga prestancia en el concierto mundial de naciones. Ese objetivo se lograría mediante una profunda renovación de nuestra dirigencia política. Omar A. González DNI 5.749.340 Neuquén
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