Viajar

Redacción

Por Redacción

–Te pasé un mail para cuando estés en el baño. Es una nota sobre un paseo por España; me hizo acordar de vos por tus raíces. Sería alucinante recorrer por allá –escribió Isidoro Reyes en el chat de su celular. –No puedo abrir el link ni tampoco estoy sentado en el inodoro. Pero, te cuento, ya estuve en el norte de España, en Galicia y Asturias. El paisaje es lindísimo y hace rato que quiero volver. Además fue un viaje iniciático –respondió Ignatius Loier. –¡No sabía nada de tu estreno internacional! –Fui en el 96. Entrené una semana en Ribadesella, donde se corre el Descenso del Sella, una de las carreras más famosas en canotaje. Nunca remé en un lugar tan lindo, en el que viera el fondo del río. Me impresionó: una cosa es suponer que estás en un lugar hondo y otra, saberlo. Pero, sobre todo, fue la primera vez que estuve solo en un lugar, sin familia ni amigos. Allá vi por primera vez a una mina haciendo topless. No me impactó. Y comí langostinos sin saber que había que sacarle las antenitas y demás. –Hago el intento –escribió Reyes– pero, conociéndote, me cuesta creer que realmente fuiste indiferente a esos primeros pechos. Encima, ¿en el 96? No tenías más de 14 años… –Era pequeño. No te explico el cagazo que sentí cuando me dejaron solo con mi bolsito. Al final me adapté y la pasé bárbaro. Estaba en una especie de hostal donde compartía habitación con un viejo israelita que se acostaba en bolas en una bolsa, un inglés y tres españoles que me proponían joder al inglés porque a ellos les habían sacado Gibraltar y a nosotros las Malvinas… Viajar me hizo pensar que al final uno siempre encuentra la ayuda que necesita. –¿Qué te pasó? –preguntó Reyes. –Es raro porque, además, estuve en las casas de dos primos de papá: en Pola de Siero, Asturias, y en La Coruña, Galicia. O sea, me instalé a vivir en casa de desconocidos “porque soy pariente”, a miles de kilómetros. Es muy loco. Me pregunto por qué al conocer el lugar del que vienen mis antepasados sentí una conexión y hasta entendí muchas cosas. En fin, para pensar seriamente en volver antes de que se mueran los parientes que me quedan allá. –Me hiciste acordar –dijo Reyes– de cuando viví en España, a los 20 años. Ahí me di cuenta de que, como dice Conrad, vivimos como soñamos: solos. Además, ahí sentí por primera vez que iba a ser capaz de sobrevivir por mi cuenta. –A mí viajar me sirvió para disfrutar de estar solo y para enfrentarme al cagazo de estar solo. También para saber que en cualquier parte siempre hay alguien para ayudarte si lo necesitás. –El viaje no es sólo físico. Los viajes abren puertas de mundos desconocidos. Incluso creo que también son una invitación a ser mejores personas o, al menos, a conocernos más. –En aquellos días por Ribadesella –recordó Loier, ya cansado de tanto teclear– un chico del club me dijo que nos encontráramos para hacer algo y después no apareció. La situación me sorprendió a mí mismo porque no me importó, aunque podría haberme puesto mal. Me alquilé una bici y, feliz, fui a la montaña.

Juan Ignacio Pereyra


–Te pasé un mail para cuando estés en el baño. Es una nota sobre un paseo por España; me hizo acordar de vos por tus raíces. Sería alucinante recorrer por allá –escribió Isidoro Reyes en el chat de su celular. –No puedo abrir el link ni tampoco estoy sentado en el inodoro. Pero, te cuento, ya estuve en el norte de España, en Galicia y Asturias. El paisaje es lindísimo y hace rato que quiero volver. Además fue un viaje iniciático –respondió Ignatius Loier. –¡No sabía nada de tu estreno internacional! –Fui en el 96. Entrené una semana en Ribadesella, donde se corre el Descenso del Sella, una de las carreras más famosas en canotaje. Nunca remé en un lugar tan lindo, en el que viera el fondo del río. Me impresionó: una cosa es suponer que estás en un lugar hondo y otra, saberlo. Pero, sobre todo, fue la primera vez que estuve solo en un lugar, sin familia ni amigos. Allá vi por primera vez a una mina haciendo topless. No me impactó. Y comí langostinos sin saber que había que sacarle las antenitas y demás. –Hago el intento –escribió Reyes– pero, conociéndote, me cuesta creer que realmente fuiste indiferente a esos primeros pechos. Encima, ¿en el 96? No tenías más de 14 años... –Era pequeño. No te explico el cagazo que sentí cuando me dejaron solo con mi bolsito. Al final me adapté y la pasé bárbaro. Estaba en una especie de hostal donde compartía habitación con un viejo israelita que se acostaba en bolas en una bolsa, un inglés y tres españoles que me proponían joder al inglés porque a ellos les habían sacado Gibraltar y a nosotros las Malvinas... Viajar me hizo pensar que al final uno siempre encuentra la ayuda que necesita. –¿Qué te pasó? –preguntó Reyes. –Es raro porque, además, estuve en las casas de dos primos de papá: en Pola de Siero, Asturias, y en La Coruña, Galicia. O sea, me instalé a vivir en casa de desconocidos “porque soy pariente”, a miles de kilómetros. Es muy loco. Me pregunto por qué al conocer el lugar del que vienen mis antepasados sentí una conexión y hasta entendí muchas cosas. En fin, para pensar seriamente en volver antes de que se mueran los parientes que me quedan allá. –Me hiciste acordar –dijo Reyes– de cuando viví en España, a los 20 años. Ahí me di cuenta de que, como dice Conrad, vivimos como soñamos: solos. Además, ahí sentí por primera vez que iba a ser capaz de sobrevivir por mi cuenta. –A mí viajar me sirvió para disfrutar de estar solo y para enfrentarme al cagazo de estar solo. También para saber que en cualquier parte siempre hay alguien para ayudarte si lo necesitás. –El viaje no es sólo físico. Los viajes abren puertas de mundos desconocidos. Incluso creo que también son una invitación a ser mejores personas o, al menos, a conocernos más. –En aquellos días por Ribadesella –recordó Loier, ya cansado de tanto teclear– un chico del club me dijo que nos encontráramos para hacer algo y después no apareció. La situación me sorprendió a mí mismo porque no me importó, aunque podría haberme puesto mal. Me alquilé una bici y, feliz, fui a la montaña.

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora