Vientos de frente para los mercados emergentes

Por Redacción

Emilio J. Cárdenas (*)

Los días felices del “viento de cola” que prevalecieron durante buena parte de las dos décadas pasadas en los mercados emergentes son ya un recuerdo. Simplemente no están. En cambio, el pronóstico –pesimista– augura alguna pesadez, si no un ambiente de tormentas. En efecto, por primera vez desde la década de los 80 los flujos netos de capitales para los mercados emergentes son deficitarios. Esto es, hay claramente “fuga” de capitales. La posibilidad de una suba de tasas de interés para el dólar (la primera desde el 2006) y la volatilidad que ello genera parecerían estar estimulando este cambio adverso de escenario. A ello se suma la desaceleración de la economía china, que está provocando la caída de los precios de las materias primas. Ocurre que, además, las economías emergentes atraviesan su quinto año consecutivo de crecimiento lento. Para el 2016, el FMI anticipa sólo un crecimiento modesto para la gran mayoría de las economías emergentes, con la sola –aunque importante– excepción del caso particular de la India. Las economías de Brasil y Rusia se contraerán. A todo esto el Fondo agrega un pronóstico de algunos años de precios bajos para las materias primas. En promedio, se pronostica un crecimiento del orden del 3% del PBI para el mundo en su conjunto. Las cosas, a estar a estas proyecciones, serán muy distintas a las de los últimos años. Mucho más difíciles, ciertamente. Es importante, por ello, que tratemos de ser absolutamente realistas en materia de política económica. Del clima de optimismo que predominó en los últimos años seguramente pasaremos a uno en el que los inversores serán mucho más cautos. Por ello, la primera decisión de política económica a tomar debería ser proteger y estimular el clima de confianza, vigilar la estabilidad y proyectar la mayor sensación de seguridad posible. A ello deberíamos sumar la voluntad de tratar lo mejor posible –esto es, favorablemente– a aquellos inversores “que ya están en casa”, que ya son nuestros socios, de modo de tratar de no agregar leña al fuego cuando el clima de los mercados de inversión está cambiando notoriamente, en contra del atractivo que alguna vez tuvieron las economías emergentes. Esto y no otra cosa supone el deber de ser realistas. No es hora de soñar, sino de tener los pies en la tierra. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas