Visiones incompatibles

Primer paso K para aprobar en el Senado la ley de Abastecimiento que tanto molesta a empresarios. Desde la UIA, Méndez acusó a los legisladores oficialistas de someterse a "obediencia debida". Los posicionamientos son cada vez más pronunciados. Macri da una señal hoy desde Marcos Juárez.

Redacción

Por Redacción

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Lo que está pasando no es para festejar ni tirar papel picado, pero los trabajadores estamos conformes», deslizó un vocero de la CGT oficialista piloteado por metalúrgicos y trabajadores mecánicos -dos sectores clave que a pesar de estar acechados por la crisis no se apartan del gobierno- tras la media sanción que el Senado, con el voto del kirchnerismo y sus aliados, dio a la nueva ley de Abastecimiento.

La norma puso en contra, abiertamente, a todo el espectro de grandes empresarios: industriales, banqueros, agentes de bolsa, automotrices, mercantiles y productores agropecuarios. El más «sacado» fue el titular de la UIA, Héctor Méndez, quien después de hacer un «llamado a resistir hasta las últimas consecuencias», denunció que los legisladores del Frente para la Victoria habían actuado con «obediencia debida» igual que «en la dictadura» militar.

El exabrupto no fue compartido por sus colegas, aunque por lo bajo muchos insinuaron que la Argentina se está radicalizando en el final del mandato de Cristina Fernández y que ella avanza con medidas confiscatorias. Ruralistas de la Mesa de Enlace que responden, entre otros, a Luis Etchevehere y Eduardo Buzzi abrieron el paraguas: temen que el oficialismo, con el que pelearon en el 2008, intente «decomisar» unos 27 millones de toneladas de soja guardados en silos que están valuados en más de 10.000 millones de dólares.

Luego de que Miguel Pichetto, quien trabaja por la candidatura de Daniel Scioli, se ocupara de juntar voluntades atenuando algunas pretensiones del secretario de Comercio, Augusto Costa, los senadores alineados con la Rosada no dudaron en confrontar con el sector patronal en rebeldía. Es un signo de esta administración.

El pingüino santacruceño Pablo González explicó que «lo que busca el Estado a través del observatorio de precios es la facultad de controlar y, si hay conductas monopólicas (en la producción de chapas, polietileno, leche y azúcar, según mencionó), hay que aplicar sanciones y luego van a tener la posibilidad de acudir a la Justicia».

Jaime Campos, de AEA, afirmó que el proyecto es «intervencionista» y no favorece al consumidor.

Acalladas las pymes -excluidas de los exámenes-, otros empresarios se quejaron de la «animosidad y discrecionalidad» de los funcionarios K. «Nos invitan a una fiesta donde nos cobran la entrada, no sabemos a qué hora vamos a salir, qué nos van a dar de comer y, si no les gusta cómo bailamos, nos van a pegar», expuso en tono metafórico Pablo Taussig, de las asociaciones cristianas.

Juan de Mendiguren, alineado con Sergio Massa, opinó que el efecto de las disposiciones acentuará el panorama económico recesivo, pues en su criterio ingresarán menos dólares y funcionarán con un ritmo más cansino las fábricas.

«No dramaticen, nunca están de acuerdo con nada, la ley que tenían era peor. Siguen funcionando bajo un esquema de libre mercado. Sólo se dispararán las disposiciones punitivas si se alteran precios en la cadena de valor y se perjudica al ciudadano común», recitó Pichetto. El rionegrino trata de presentar a Scioli como alguien que «se banca las tempestades, con temple». Tal armadura la construye para contrarrestar la idea que predomina en ciertos sectores de su partido. Son los que consideran al gobernador «un poco permeable» a los dictados de las corporaciones.

Miguel Bein, otro asesor del excampeón de motonáutica, explicó basamentos de la propuesta que se está cocinando en la provincia de Buenos Aires para aplicar si es que se logra sortear, a partir de enero, el pleito con los fondos buitre que sobrevuelan el país.

Para Bein, el motor futuro no debería ser el consumo a ultranza sino la inversión y el desarrollo a largo plazo, con acuerdos entre políticos, empresas y sindicatos que faciliten, por ejemplo, extraer las riquezas dormidas del pozo petrolero de Vaca Muerta, en Neuquén.

«En unos años sobrarán dólares, pero hay que lograr inversiones muy fuertes y acrecentar las exportaciones agroindustriales», sintetizó. El economista augura «meses duros» pero no «una catástrofe», como agitan algunos para diciembre.

«El final del mandato de Cristina se puede lograr en paz cambiaria, con un crecimiento del 2%», aventuró.

Claro que, además del malestar constante que provoca dolores internos en el cuerpo territorial, la campaña electoral parece ya lanzada. Eso enrarece aún más el ambiente. Hoy Mauricio Macri, bastión del antiperonismo sin candidato taquillero en la provincia de Buenos Aires, quiere dar un golpe de efecto en la elección municipal de la ciudad cordobesa de Marcos Juárez.

Mientras, el FA-Unen no termina de encarrilar su tren (abundan los conductores pero no se los ve funcionar como un todo orgánico) y Massa está a la caza de peronistas. En las gateras, el principal territorio lo tiene a Martín Insaurralde, aunque es un enigma si la indefinición del expreferido de Cristina lo terminará beneficiando o perjudicando.

Scioli hace números. Con varios cuerpos de ventaja en una carrera de largo aliento, quiere enfrentar a los que le salgan al cruce, sea Florencio Randazzo, Sergio Urribarri o cualquier otro, en las PASO de agosto. «Si todos participan y yo gano puedo juntar de 35 a 40 puntos, indispensables para triunfar en una primera vuelta», razona.

Con los dientes apretados discurren Cristina y los polos opositores. Ninguno, ahora, parece dispuesto a retroceder.

«¿Y si se reedita la consigna del 70 «Cámpora al gobierno, Perón al poder»?», planteó un justicialista que no tiene dudas de quién ocupará el lugar del fundador del Movimiento, aunque no imagina quién podría ser el que desempeñe el leal papel del odontólogo de San Andrés de Giles.

Arnaldo Paganetti

arnaldopaganetti@rionegro.com.ar


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