Vitico sigue rodando

El ex bajista de Riff festejará en Neuquén, el sábado 28, los diez años de Viticus. “Sigo teniendo el mismo entusiasmo que cuando empecé”, resume el músico que viene a la región con la banda que también integra su hijo.

Por Redacción

Víctor “Vitico” Bereciartúa (26/11/48) tocó el bajo en Los Mots, Alta Tensión y La Joven Guardia, hasta que se incorporó a Billy Bond y la Pesada del Rock and Roll. A fines de los 60 pasó dos años en Inglaterra, donde zapó un par de horas con Keith Moon, batero de The Who, y tocó en el grupo Bad Company antes de que trascendiera internacionalmente. De regreso en la Argentina, en 1980, Norberto Napolitano lo convocó para integrar Riff, continuación de Pappo’s Blues. Entonces grabó cuatro discos hasta su separación en el 84, año en que comenzó la carrera solista registrada en “Ha llegado la hora”. En medio de numerosas presentaciones en pubs ofreciendo ese material, fue llamado nuevamente por Pappo para el retorno de Riff. A fines del 2002 armó Viticus, nueva banda por él conformada en voz y bajo, las guitarras de Nicolás y Sebastián Bereciartúa, este último también en coros, y Jerónimo Sica en batería. El álbum debut salió en el 2003: “Viticus”. En marzo del 2006, “Súper”, el segundo trabajo discográfico, mereció la nominación a Mejor Artista Rock Revelación en los Premios Gardel 2007. Al año siguiente llegó “Viticus III”, presentado en Capital, Córdoba, Rosario y el Pepsi Music. Lo último, “Rock local” (2011), producido por Sebastián Bereciartúa, contiene doce nuevas canciones en formación de quinteto con Vitico, Nicolás, Sebastián, Sica y Ariel Rodríguez en guitarras y voz, más Gustavo Rowek, invitado en batería. Vitico vive en Tigre, en una casa de madera sobre una de las islas del río Luján. El sábado 28 de abril a las 21 es la cita con el rock and roll en Pirkas –Santiago del Estero 883– de Neuquén. festejos “Yo sigo… La gloria la tuve con Riff, pero como me gusta mucho lo que hago, ya vamos a festejar los diez años de Viticus donde toco con un hijo mío (Nicolás), un amigo suyo y un sobrino (Sebastián). No es porque sean parientes o cosa por el estilo, es por cómo tocamos, por cómo tocan los chicos, por cómo suena. Difícilmente, te aseguro, podría hacer esto con gente de mi edad (64), porque o se la creen o están viejos y pelados (risas) o gordos y viven de una gloria que fue hace muchos años y yo creo que hay que seguir procurándola siempre. Yo voy buscando esa adrenalina que me da saber que vamos a tocar en tal lado y debemos sonar mejor que en la anterior presentación en que nos fue muy bien. Por todo eso me agrada hacerlo. En la última revista “Todo Guitarra & Bajo”, que salí en tapa, realmente quedó muy bien explicado por Nicolás. Por todo lo que te dije y porque lo hacemos en combi y mi privilegio es tener el asiento de atrás”, le dice a “Río Negro” en la entrevista. “Yo no me quejo, ir sentado ahí mil kilómetros, cansa un poco pero me mato de risa con los chicos un rato. Llega el momento de dormir, alguno conversa una hora o dos y dormimos, porque hay que estar bien para el recital del día siguiente. También vamos en colectivo de línea. Ahora, para esta gira dura por La Pampa, Neuquén y Bahías Blanca, vamos a ir en motorhome, un equipo más cómodo, dado que son distancias muy largas. Pero de eso trata esto que hago y me gusta. Sigo teniendo el mismo entusiasmo que cuando empiezo a desvestir a una mujer, mi novia (Vally)”, agrega el músico. –Muy gráfico… –Te juro que no lo pensé. Me salió sola la metáfora. Está bien y explica qué siento, que voy a hacer algo que me atrae mucho. –Otro detalle no menor es la posibilidad de intercambio entre lo que has acumulado y lo que tu descendencia, para usar un término bien abarcativo, aporta al trabajo conjunto. –Es extraordinario. Pero fijate que el hermano (Andoni) de mi abuelo era músico y escribió una ópera, vascos ambos de San Sebastián. Allá, otra hermana, monja de clausura, era profesora de música. Ahí viene, por el torrente sanguíneo, un flujo musical. Mi padre tocó la trompeta hasta que lo hicieron callar (ríe). Mi hijo mayor también toca la guitarra… es más serio: trabaja, gana su sustento en otro lado, está casado y tiene dos hijos. Mirá vos, Eduardo, que yo oía a los Allman Brothers cuando tenía veintidós años, ya casado con mi primera mujer, y se lo hacía oír. No sé si la genética puede ser tan fuerte como eso, pero estoy orgulloso porque se fue dando así. “En realidad, no, yo voy armando todo. Soy un buen organizador. Esto va a cumplir diez años y en nuestros comienzos todavía Riff funcionaba, pero había que estar a salvo de las tormentas de Pappo (más risas) y divertirse igual. Dio la casualidad de que fui al lago Titicaca (Bolivia) con Sebastián, mi sobrino, y allá tocamos unos temas en guitarras acústicas con otros dos pibes, algunos temas míos y de Riff, y a la vuelta se armó la juntada, fuimos a un encuentro de motos y sonaba tan bien que me jugué y entramos a grabar con Álvaro Villagra. Eso fue “Viticus I”. Todo esto no sale de casualidad. También es una cuestión de suerte (Vitico baja un cambio en su autoestima), no tan planeado, pero jamás creí que iba a ser tan bueno como es. Cuando yo llevaba a mis dos hijos a lo de Botafogo (Miguel Vilanova), hace más quince años, si bien soñaba con esto que nos pasa no lo tenía tan planteado. Como te digo, la suerte ayuda y acá estamos”, concluye Vitico.

Eduardo Rouillet