Volare oh, oh

Aun cuando el resultado final no sea la concreción de un campeón, nunca hay que olvidar que el deporte es educación informal.

Por Marcelo Antonio Angriman


Aun cuando el resultado final no sea la concreción de un campeón, nunca hay que olvidar que el deporte es educación informal.


Uno de los momentos más sublimes que ha deparado el deporte en años, es el que nos regaló en pocos minutos las finales de atletismo disputadas el 1 de agosto de 2021 en el Estadio Olímpico de Tokio.

El italiano Gianmarco Tamberi acababa de equiparar la marca del qatarí Essa Barshim Mutaz de 2,37 metros en salto en alto, cuando el juez de la prueba se acerca a ambos para consultar si han de volver a insistir para llegar a un desempate. El atleta moreno, pregunta si es necesario, recibiendo como respuesta de la autoridad, que solo depende de ellos. Ambos se miran y el flaco rubio de musculosa azzurra -lesionado por meses- al comprender que el asiático compartirá el cetro, explota de emoción subido a su socio, antes contrincante.

El deporte en estado puro. ¿Porque ganar uno, si pueden hacerlo los dos? ¿Porque dejar un mensaje de superioridad física que ponga a un deportista o a un país sobre el otro, si se puede contar una historia que permita hacer mejor al hombre de cualquier lugar del mundo?

Las emociones de la jornada no quedaron allí, ya que un rato más tarde Lamont Marcell Jacobs nacido en Paso Texas, de padre estadounidense y madre italiana, sorprendió a propios y extraños alzándose nada menos que con los 100 metros llanos. Un verdadero tapado, que vino a cubrir el espacio vacío dejado por quien fuera la estrella indiscutida de las ediciones anteriores Usain Bolt.

No sería justo pasar la página del atletismo, sin resaltar el récord mundial de 15,67 metros logrado por la venezolana Yulimar Rojas en salto triple y una jornada anterior, el triplete conseguido por las velocistas jamaiquinas Thompson, Fraser y Jackson en los 100 metros llanos femenino.

El logro obtenido por Jacobs y Tamberi ha revolucionado a la península itálica. Que un país tan caro a nuestros sentimientos, haya logrado semejante conquista lleva a comprender que otro manejo del deporte es posible.

¿Cómo pudo la Italia latina ser tan impertinente de inmiscuirse en la conversación de las grandes potencias deportivas como Estados Unidos, China, Japón, Comité Olímpico ruso, Gran Bretaña, Canadá o Alemania?

Tiene Italia problemas políticos, económicos y sociales, sí. Tienen necesidades, sí. Tiene casos de corrupción, sí. Son personas más emocionales que racionales, sí. Ello ha sido un impedimento para ser competitivo en el deporte, no.

Cuando se observa el trabajo serio y constante realizado por el Comité Olímpico Italiano, se entiende el porqué de la evolución.

Una dirigencia con un plan que se cumple tanto en la formación como en la elite, con estímulos para la inversión privada, con centros deportivos de mediano y alto rendimiento en distintos puntos del país, son claro reflejo de un camino de años de germinación.

La cantidad de jóvenes tenistas que dan dura batalla en el circuito profesional, nadadores que ganan o llegan a finales, ciclistas, levantadores de pesas que porfían títulos, voleibolistas de ambas ramas y la reciente conquista de la Eurocopa de Fútbol son muestras claras de la importancia que el deporte tiene para el país.

Han logrado nacionalizar a deportistas negros o extranjeros, hijos o nietos de italianos, que aportan significativamente en distintas disciplinas. El propio Jacobs, Paola Egonu de herencia nigeriana en vóley femenino o Jorginho nacido en Brasil en fútbol, son simples ejemplos de ello.

Cuando vemos que, en nuestro país, llegar a una presea se ha transformado en una tarea titánica, aun contando con equipos competitivos como sucede en el básquet, el voleibol, el hockey, el hándball, el rugby o el fútbol, o grandes individualidades que quedan en el camino, advertimos la pérdida de la brújula política- deportiva.

¿Cuántos años hace que no tenemos un argentino en una final de atletismo , natación o gimnasia? Hoy que un deportista nacional prospere en nuestro medio, depende de que los clubes con apasionados entrenadores inserten a los niños en una actividad y luego, si se destacan, puedan seguir su desarrollo en el exterior.

Salvo honradas excepciones no existen ligas nacionales competitivas, ni políticas claras a nivel municipal, provincial ni nacional. Mucho menos, un plan que articule estos estamentos.

Si bien el Enard mucho ha servido para apuntalar a deportistas y selecciones con proyección, no resulta suficiente como política integral. Tampoco se ha capitalizado acabadamente la experiencia de haber organizado los Juegos Olímpicos de la Juventud 2018. En ello impera la miope visión de que apostar al deporte, es un derroche de recursos.

Mientras tanto hoy Italia infla el pecho y siente orgullo por sus representantes deportivos. En uno de sus pocos grandes acuerdos, han comprendido el sentido de pertenencia que se consigue con estos logros Hay ejemplos que inspiran a las nuevas generaciones y ayudan a mirar con mayor esperanza el futuro.

Aun cuando el resultado final no sea la concreción de un campeón, nunca hay que olvidar que el deporte es educación informal y por allí debería analizarse la real dimensión de su importancia.

La historia italiana debiera resultar inspiradora, cuando tantas veces hemos echado culpas a nuestras limitaciones por ser latinos.

Mientras vemos boquiabiertos a Jacobs y Tamberi canturrear “volare oh, oh” por las pistas, debiéramos reparar en el modelo deportivo italiano, para no tener que empezar a susurrar en los próximos juegos, un ultimo tango en París.

*Abogado. Prof. Nacional de Educación Física. Docente Universitario. angrimanmarcelo@gmail.com


Comentarios


Volare oh, oh