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<b>Tumbando Mulas, la banda que fusiona ritmos latinoamericanos con funk y jazz, visitará la región con su propuesta. Lo cuenta el percusionista zapalino Juan Patricio Ponce Oberholzer.</b>

Redacción

Por Redacción





eduardo rouillet

Tumbando Mulas llega a Río Negro y Neuquén para presentar su primer compacto, “Cutuprâcu”.

Tumbando Mulas ganó el certamen Bandas al Aire 2011 –organizado por Estudio Urbano con el apoyo de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires– haciendo fusión de ritmos latinoamericanos con funk e improvisación de jazz. Este mes, con el aporte de grupos locales, espacios culturales y las secretarías de Cultura de Zapala y Aluminé, ofreció conciertos en ambas localidades y en Villa Pehuenia. La propuesta ahora no es tocar y seguir viaje sino ofrecer un paquete que incluye la realización del documental del tour Tumbando Mulas 2013 y de clínicas o talleres intensivos de bajo eléctrico, trompeta y percusión.

El itinerario empezará en Bariloche el 2 de febrero y finalizará en Cipolletti el 10 e incluirá presentaciones en Neuquén, Plaza Huincul, Cutral Co, Zapala, Junín y San Martín de los Andes.

Para conocer más sobre este ensamble, “Río Negro” dialogó con Juan Patricio Ponce Oberholzer (26), percusionista zapalino y productor de la extensa recorrida. “Nuestro nombre lo propuso el bajista, Fernando Iñigo, por el tumbao que hacen su instrumento y algunos elementos de la percusión en la música afrocubana y centroamericana. De ahí salió ‘Tumbando’ y con el agregado de ‘Mulas’ nos gustó cómo sonaba y el tiempo hizo que empezara a adquirir significado… Como la mula es un animal terco y difícil de tumbar, digamos, se fue viendo por ese lado. De hecho hay una canción en el disco, la última, “¡Ay qué mambo!”, que dice: ‘Atrévete a tumbar tu mula interior esta noche…’ (sonríe Patricio). Entonces Tumbando Mulas está muy relacionado con superar los inconvenientes que aparecen en el camino”.

–Una segunda definición apunta a la casi inevitable relación entre géneros musicales, a las fusiones entre ellos. ¿Cómo las trabajan a la hora de concebir un tema?

–La banda puede hacer mucha variedad de ritmos porque tiene muchos compositores en su estructura. Además, venimos de historias y formaciones distintas, lo que genera esta mezcla. Hay diversas maneras de encarar las canciones. Algunos traen el tema más resuelto, con las partes pensadas y escritas para todos; después el resto termina de adaptarlo y hacerlo suyo. Hay otros que proponen la melodía o la letra y lo que falta se arma en conjunto. La fusión de géneros se fue dando sola. Empezamos como trío con el guitarrista, Sebastián; el bajista (ver recuadro) y yo en batería, haciendo más que nada estándares de jazz y funk. Después nos fuimos metiendo en la música latinoamericana en general, que a nosotros ya nos interesaba, y fue creciendo la formación hasta que cerramos con la que tenemos hoy. El grupo fue adquiriendo personalidad una vez que fue encontrando este último sendero.

–Un encuentro razonable. De Latinoamérica somos.

–Sí, claro. Justamente queremos promover mucho esto. Por lo tanto, no nos centramos sólo en lo afrocubano como el son; también tocamos candombe. En la valija tenemos chacarera, algo de música brasileña. Cuestiones más cercanas como la murga o el chamamé las estamos investigando, gestando ahora.

–Viniendo de diferentes géneros y estudios, ¿por qué finalmente se constituyen en grupo?

–Primero, con el guitarrista y uno de los percusionistas que entró luego nos relacionó la escuela donde estudiamos, ITMC, en el barrio de Núñez. El bajista era vecino de barrio de Seba y ahí arrancamos. Después sucedió que nos fueron uniendo las necesidades musicales. Ahora, un gran porcentaje de los muchachos es de la Escuela de Música (Popular) de Avellaneda (EMPA). Al concluir de pensar, de ver la integración de la banda, los gustos musicales terminaron por darle forma. A muchos los conocíamos, les tiramos la propuesta y se prendieron y en dos casos usamos internet para ubicarlos.

–Una de las canciones del disco es “El zapaleño”. Imagino que debés extrañar Zapala y ahora, con esta gira, se vuelven a juntar lo musical y lo afectivo, particularmente en tu caso.

–Totalmente. Incluso, en el programa que hemos armado para esta oportunidad explicamos por qué no vamos a la costa o a las sierras y sí al sur. Cuando hice mi secundario vivía en Zapala y había muy pocas cosas para ver, muy de vez en cuando llegaba gente de afuera a tocar. Entonces, tenemos ganas de promover la circulación de músicos del folclore latinoamericano y de la fusión por la zona. El tour anterior fue una experiencia que nos fortaleció, la situación de todos en viaje haciendo música es muy fuerte y nos quedó un muy buen recuerdo. Ahora queremos ampliarlo. Hay tres miembros que somos de la Patagonia: Federico Balliriain es de Caleta Olivia, yo y quien va a tocar invitado, el trombonista Santiago Consigliere, de Zapala. Él estudia en la EMPA. A mí me conmueve mucho volver al sur y la región les interesa a todos.


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