Del frío de la nieve al calor de la mesa, el viaje gastronómico: recomendaciones para planificar las vacaciones
Después de una jornada en las pistas, el invierno también se disfruta con sabores. Trucha, cordero, ciervo, chocolate, casas de té y una nueva generación de chefs convierten al sur en un gran destino gastronómico.

Hay un momento en el día en que el esquí deja de ser protagonista. Ocurre cuando los medios de elevación se detienen, el sol empieza a esconderse detrás de las montañas y los esquiadores bajan con las mejillas rojas, las piernas cansadas y el cuerpo que pide calor. Es entonces cuando la Patagonia despliega otra de sus grandes virtudes. Porque el invierno no se vive solamente sobre la nieve: también se descubre en una mesa humeante, en una copa de vino patagónico, en una sopa que reconforta o en el perfume de un cordero que lleva horas cocinándose lentamente.
La gastronomía dejó hace tiempo de ser un complemento del viaje para convertirse en uno de sus grandes motivos. Hoy forma parte de la experiencia de quienes llegan a la cordillera. Ordena recorridos, invita a quedarse una noche más y completa esa sensación de bienestar que solo producen los destinos donde naturaleza y cocina dialogan de manera natural.
Los sabores tienen identidad propia. La trucha, criada en los lagos cordilleranos, aparece en preparaciones clásicas y contemporáneas que respetan la calidad del producto. El cordero patagónico sigue siendo el gran protagonista de las noches frías, ya sea cocinado a la estaca o reinterpretado por cocineros que buscan nuevas miradas sobre la cocina regional. También el ciervo y el jabalí encuentran su lugar en cartas donde la montaña se expresa a través de ingredientes locales, hongos, frutos rojos, hierbas silvestres y vinos nacidos al pie de la cordillera.

Bariloche, una ciudad que también se recorre con el paladar
La escena gastronómica de la ciudad vive uno de sus momentos más interesantes. A los clásicos que construyeron la identidad culinaria, se suma una nueva generación de restaurantes que pone el foco en el producto patagónico, las técnicas contemporáneas y una experiencia cada vez más cuidada.
La montaña también acompaña esa transformación. En Cerro Catedral, diez paradores gastronómicos distribuidos en distintos sectores permiten hacer una pausa entre descensos para disfrutar desde un chocolate caliente hasta platos regionales con vistas privilegiadas a las pistas. Refugio Lynch, Refugio Encuentros y Parador 1600 son apenas algunas de las opciones que convierten al almuerzo en parte del paseo.
Ya en la ciudad, la oferta es tan diversa como su paisaje. Restaurantes como Ánima, Solís Cocina, Corteza y Auita muestran una Bariloche contemporánea, donde la cocina de autor convive. Del Azul, el restaurante de Leo Perazzoli ya cumple su primer año en Bariloche y que llevó a la cordillera el espíritu de su propuesta original de Las Grutas, con pescados, mariscos, sushi y producto del Golfo San Matías.

Al mismo tiempo, los clásicos siguen ocupando un lugar irremplazable. Alto el Fuego y El Boliche de Alberto mantienen viva la tradición de la parrilla patagónica, mientras que La Fonda del Tío continúa siendo una parada obligada para quienes buscan platos abundantes y cocina casera.
Y si existe un ritual que resume el invierno barilochense, es la hora del té. El histórico servicio del Llao Llao, las propuestas urbanas de Blend y el universo chocolatero de Mamuschka recuerdan que, muchas veces, la mejor manera de terminar un día de nieve es frente a una taza humeante y una porción de torta.
San Martín de los Andes, donde el paisaje se saborea
La gastronomía aquí también acompaña el ritmo pausado de la montaña. Entre el lago Lácar y los bosques, la ciudad construyó una identidad culinaria donde conviven la cocina patagónica, los restaurantes de autor, el sushi, las cafeterías de especialidad y las tradicionales casas de té.

La experiencia comienza incluso antes de bajar del cerro. En Cerro Chapelco, el tradicional restaurante La Base reabre esta temporada con un diseño renovado y una nueva propuesta gastronómica. A ello se suman una cafetería de especialidad y nuevos espacios en la cota 1.600 para disfrutar de una pausa entre bajadas sin perder de vista la montaña.
En la ciudad, nombres como Doña Quela, Torino Bar & Bistró y Pantera Bar Bistró reflejan la diversidad de una cocina que combina recetas tradicionales con técnicas actuales. Trucha, goulash de ciervo, carnes de caza y sushi elaborado con ingredientes patagónicos muestran cómo el territorio también puede contarse desde el plato.
La cultura del café encontró además un lugar propio. Cafeterías como Unser Traum, Almacén de Flores, Forastera, Fiora y Delirante se transformaron en puntos de encuentro donde el brunch, la pastelería artesanal y los cafés de especialidad invitan a bajar el ritmo y disfrutar del invierno sin apuro.
Acá también se disfrutas la ceremonia del té . Su templo es Arrayán, fundada en 1939 y considerada la casa de té más antigua de la Patagonia. Desde sus ventanales, el lago Lácar parece formar parte de la mesa, mientras los blends propios y la pastelería artesanal mantienen viva una tradición.
Siempre queda lugar para llevarse un sabor de la cordillera. Los ahumados de Don Emilio, los chocolates de Pata Negra, Mamusia y Mamuschka, junto con los dulces de frutas finas de Sabor Natural, permiten que el viaje continúe incluso después de volver a casa.

Para cerrar el día, San Martín de los Andes ofrece wine bars, vinotecas y cervecerías artesanales donde degustar vinos patagónicos o una pinta local. Lugares como el Wine Bar de Paihuén, El Malo, Dublin, Nuske y Manchester Pub completan una escena gastronómica.
Sabores de El Bolsón
Esquiar en Cerro Perito Moreno también es una excusa para descubrir los sabores de El Bolsón, una localidad que hizo de la gastronomía patagónica uno de sus grandes atractivos. En el valle, chacareros y productores elaboran alimentos orgánicos en un entorno privilegiado, donde nacen ingredientes que reflejan la identidad de la Comarca Andina: hongos, trufas, frutos finos, quesos de cabra y lúpulo forman parte de una cocina con fuerte impronta local.

La localidad también es reconocida como la capital de la cerveza artesanal. En Laderas Cerro Perito Moreno, la propuesta gastronómica acompaña la experiencia en la montaña con nueve espacios distribuidos en distintos sectores del complejo. Cada uno ofrece una pausa ideal para disfrutar la cocina regional en la nieve.
Porque en la Patagonia el invierno no termina cuando se guardan los esquíes. Continúa alrededor del fuego, en el aroma de un pan recién horneado, en una copa compartida y en esos platos que logran algo difícil de explicar: hacer que el frío de afuera se convierta en el mejor pretexto para quedarse un rato más.

Hay un momento en el día en que el esquí deja de ser protagonista. Ocurre cuando los medios de elevación se detienen, el sol empieza a esconderse detrás de las montañas y los esquiadores bajan con las mejillas rojas, las piernas cansadas y el cuerpo que pide calor. Es entonces cuando la Patagonia despliega otra de sus grandes virtudes. Porque el invierno no se vive solamente sobre la nieve: también se descubre en una mesa humeante, en una copa de vino patagónico, en una sopa que reconforta o en el perfume de un cordero que lleva horas cocinándose lentamente.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios