El General Perón, el Dodge 1500 tuneado en San Antonio como el General Lee de los Duques de Hazzard

Claudio Mariano es herrero y pescador en la costa de Río Negro, a 15 km de Las Grutas, norte de la Patagonia. Recreó con el auto que usa para trabajar el mítico Dodge de la serie, un modelo Charger que sueña manejar.





 ¿Y? ¿Cómo anda el General? Le preguntan en el pueblo, cuando de casualidad no lo ven a bordo del Dodge 1500 de 1985 al que bautizó así. Es que ese auto, que ‘tuneó’ “por bolacear”, está inspirado en el “General Lee” de la serie “Los Duques de Hazzard”. Pero con impronta nacional. Por eso, como su “Gral” tampoco es un Dodge Charger de 1969, mantuvo el naranja furioso pero la bandera Confederada del sur de EE.UU. que coronaba el techo fue reemplazada por la de Argentina, y ese lejano “Lee” por Juan Domingo Perón. Y así, hace alrededor de 6 años, nació otra leyenda. La de Claudio “Gallito” Mariano y su auto todoterreno. Que lo acompaña a levantar trabajos de herrería y en su trajín pesquero. Pero también lo nutre de fantasías y de sueños. A él y a muchos de los vecinos de San Antonio, que lo ven aparecer como recién salido de una de sus tardes de infancia. 

“De chico corría a casa para mirar la serie con mis hermanos. Somos 7, y yo tenía 8 años. No soy rubio como Bo (Duke, uno de los primos que protagonizaban la serie) -se rió Claudio- pero mis amigos me decían que tenía un carácter parecido, porque él era el más lanzado y chistoso de los dos. Y le encantaban los fierros” remató. 

En la tira, que data de 1969, a Bo lo acompañaba Luke, un morocho medido y racional.  La dupla se completaba con la prima Daisy, de generoso escote y largas piernas. Los jóvenes vivían con el tío Jesse, un viejo y entrañable granjero que tenía un pasado de contrabadista. Y ellos eran los justicieros del condado de Hazzard, que lideraba un cuestionable comisionado, al que siempre dejaban en evidencia. 

El General Perón en San Antonio. Foto: Martín Brunella.
El famoso Dodge Charger de la serie.

El “Gallito”, que tiene 35 años, se fanatizó con la serie durante una de sus tantas repeticiones.  

En ese mundo en el que se instalaba cada tarde encontraba algunas coincidencias con el suyo. El viejo Jesse era como su abuelo, que lo crió hasta sus 7 años en Sierra Colorada, en su Línea Sur natal. Esos muchachos tampoco hablaban de su padre, al que tal vez, como le pasó a él, ni siquiera conocían. Y el San Antonio en el que aterrizó tenía para él tantos desafíos como el polvoriento Hazzard.  Porque a sus 8 años llegó para vivir junto a su mamá (que años atrás había viajado para trabajar allí) y su nuevo padrastro.  

“Desde que lo armé ‘boludeamos’ con El General. Como siempre me gustó la mecánica y durante años corrí en safaris, una vez lo llevamos para acompañar una carrera, y grabamos un video. Mi amigo El Vasco Emiliano y yo éramos como Bo y Luke, nos faltaba Daisy” se ríe el hombre. 

Claro que para adquirir su habilidad con los fierros recorrió mucho. Aprendió solo, hurgando en talleres mecánicos desde muy chico, y se perfeccionó luego en herrería y en el arreglo de maquinarias en las Salinas Del Gualicho, en las que trabajó desde los 15 años, cuándo dejó el colegio apremiado por la necesidad de ayudar con la economía de su casa.  

¿Y cómo surgió la idea de recrear al Gral Lee? “Todo empezó con el auto” contó Mariano. “Necesitaba algo para moverme y apareció el Dodge. Durante un tiempo lo tuve sin tunear, y un día se me ocurrió. Lo empecé a pintar y como el padre de un amigo es fanático del Gral. Perón, aunque yo no me meto mucho en política me pareció divertido que éste fuera el Gral Perón y no aquel de nombre yanqui” recordó.   

Durante tres meses dedicó el tiempo que le dejaba su trabajo como herrero y las salidas de pesca a darle forma al proyecto. “Pegué los calcos, pinté la bandera, le puse butacas y tablero de competición, electrónica nueva…” detalló. 

Finalmente llegó el día de la presentación en sociedad. Lo llevó al galpón en el que se juntaba con sus amigos a despuntar el vicio por la mecánica y el safari. “Cuándo caí con ‘El General’ se mataban de risa. ‘Éste es nuestro el Gral y no el Gral. Lee’, le dije al padre de mi amigo” recordó, tentado. 

Lo usa para trabajar: «Nunca me dejó a pata». Foto: Martín Brunella.

Hoy el auto es su fiel compañero. “Lo uso para trabajar y nunca me dejó a pata” dice. Su sueño, sin embargo, es tener un Charger como el de la serie. “Son importados, se ven pocos en el país, y si aparecen son muy caros” se lamentó. 

De hecho, nunca pudo manejar uno. “Una vez un vecino que conoce mi pasión me dijo que andaba un turista con un modelo así, cargando nafta en el cruce de las rutas 3 y 251. Me fui corriendo, pero no lo enganché” recordó. Ahora, se consuela con su propio Gral. “Este es bien nuestro, y fiel como el que más” sonríe, mientras señala su Dodge


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