Taquimilán y sus muchos encantos: historias de minas, montañas, laberintos y una ciudad fantasma

Entre minas, trashumancia y un espejismo que desafía la lógica, el pequeño pueblo del norte neuquino celebró su aniversario mientras intenta hacerse un lugar en el mapa turístico de la Patagonia.

Taquimilán y el pueblo que aprendió a vivir entre minas, montañas y leyendas. Fotos: Turismo Taquimilán.

“En boca de los pobladores, evoco y hago mi canto. Voy a cantar mis razones. De testigo tengo un pueblo. Que pregona la verdad. Se ve una Ciudad Encantada. Aparece en Taquimilán”. Las estrofas pertenecen a una canción del músico local Héctor Mauricio Sánchez y, en el norte neuquino, funcionan como advertencia. Porque cuando cae la tarde, muchos miran el horizonte y esperan que aparezcan fugazmente, las formas de una ciudad suspendida entre el paisaje o la imaginación popular.

Laura Chamlat, directora de Turismo de la localidad, explica que según la gente del pueblo, La Ciudad Encantada suele manifestarse entre mayo y julio, bajo condiciones climáticas muy específicas. “Tiene que estar sereno, sin viento y sin nubes. Cuando el último rayo de sol cae sobre el cerro Naunauco, se forma una especie de espejismo”.

El fenómeno se convirtió en parte de la identidad del pueblo. “Nombrás Taquimilán y enseguida alguien te dice ‘la Ciudad Encantada’”, señala Chamlat. Aunque no siempre puede verse, desde la oficina de Turismo ofrecen registros audiovisuales y recorridos virtuales para quienes llegan con curiosidad.

Las caminatas mineras mezclan trekking, fósiles, relatos de antiguos yacimientos y gastronomía.

La mayoría de los pobladores asegura haberla visto alguna vez. Con los años, el mito creció entre relatos, videos y versiones fantásticas. “Cuando aparece, alguien avisa y todos salen a mirar. Cada uno le da su interpretación. Para algunos es algo bueno; para otros, no tanto”, relata.

Y mientras el mito flota sobre el horizonte, el pueblo construye su encanto en tierra firme, material. Este fin de semana celebró un nuevo aniversario con peñas, jineteadas, tiradas de rienda, desafíos de tropillas y bailes populares que reunieron a vecinos de todo el Alto Neuquén. Es que, la cercanía con Chos Malal, apenas 20 kilómetros por Ruta 40 y acceso asfaltado, convierte a Taquimilán en un punto de encuentro.

Pero el aniversario es apenas una excusa. Durante todo el mes organizan actividades turísticas y culturales que intentan mostrar otra cara del pueblo. Una de las propuestas son las “Caminatas con Historia”, recorridos que mezclan trekking, memoria minera y paisaje. “Taquimilán tiene sus inicios ligados a la actividad minera como principal motor económico. Tenemos registros desde 1943. A partir de eso empezamos a reconstruir la historia de otros yacimientos”, explica Chamlat.

La propuesta comenzó hace tres años. El primer recorrido fue hacia La Simita, la antigua mina de asfaltita utilizada como combustible para los trenes. El segundo estuvo dedicado a las minas de caolín, mineral utilizado en la industria cerámica. Y este año la caminata llegará hasta Rahueco, donde sobreviven las ruinas de minas de hierro.

“Vamos a hacer un ascenso de unas cinco horas entre ida y vuelta, con dificultad baja. Después cerramos la jornada con gastronomía local, seguramente chivo y asado”, cuenta. La actividad será el 14 de junio. “La convocatoria fue enorme porque no es solo caminar. También está la historia de los mineros, el avistaje de flora y fauna y los amonites que aparecen en la zona”.

Taquimilán no es solo el casco urbano. El municipio articula además con los parajes Rahueco, Tres Chorros, Trailathué, Naunauco y Taquimilán Centro. Entre todos suman poco más de 1200 habitantes.
Uno de los grandes símbolos del lugar es el cerro Naunauco, una montaña que domina el paisaje y que, según estudios geológicos, sería un antiguo volcán dormido de unos 20 millones de años. “Por eso tiene tanta riqueza mineral. Ahí funcionaron minas de pirita, asfaltita, caolín, estroncio y muchos otros minerales”, explica la directora de Turismo.

Taquimilán tiene sus inicios ligados a la actividad minera.

Hoy trabajan para señalizar senderos y sumar el cerro al programa provincial de trekking. “Queremos que cualquier turista pueda hacer el ascenso de forma segura y autónoma. Todavía no tenemos guías habilitados, así que estamos avanzando con la señalización del sendero”. El ascenso puede hacerse en unas ocho horas y tiene distintas dificultades según la cara elegida. “Hay sectores más suaves y otros mucho más exigentes. Cada uno puede elegir cómo subirlo”, resume.

Además del paisaje, Taquimilán empieza a sumar pequeños proyectos turísticos que crecen lentamente en medio de la sequía y las distancias. Este año abrió el primer restaurante del pueblo, frente al camping municipal. También existen alquileres temporarios informales y un camping muy elegido por viajeros en casillas rodantes. “El camping es súper confortable. Está parquizado, las parcelas están separadas por vegetación natural y los baños impecables”, destacan desde Turismo.

Otra de las apuestas locales es la bodega Pueblo Encantado, un emprendimiento vitivinícola que comenzó a ganar reconocimiento regional. Durante una perforación para riego encontraron agua sulfurosa con propiedades similares a las termas de Copahue. “La diferencia es que acá el agua sale fría”, explica Chamlat. A partir de ese hallazgo surgió la idea de combinar vino, paisaje y recreación termal.

La producción y el turismo, caminan de la mano.

Se puede visitar la fábrica de piedra de afilar, que es un recurso natural propio de Taquimilán y depende del municipio. “La gente la descubría caminando por los cerros y empezó a probarla. Con el tiempo pasó a ser parte de nuestra identidad”, cuentan desde Turismo. Hoy buscan revalorizarla como producto regional. También avanza un laberinto vegetal que aún está en crecimiento. “Las heladas y el calor fuerte afectaron algunas especies, así que estamos replanteando plantas más resistentes”, explica.

Detrás de todos esos proyectos hay una decisión reciente: darle al turismo un lugar central dentro de la vida del pueblo. Y la estrategia no se basa solo en mostrar paisajes. “Nosotros no presentamos el turismo únicamente por los atractivos naturales, sino también por la producción y la cultura. La trashumancia, las comidas típicas. Todo eso forma parte de nuestra identidad”, dice Laura y quizás sea ahí donde aparece el verdadero encanto.

El cerro Naunauco es un emblema del pueblo.

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