Un hallazgo inédito en Las Grutas: registran a ballenas francas con “huéspedes rojizos” propios de las jorobadas
El registro realizado por el fotógrafo y observador Maximiliano Cartes en el Golfo San Matías sorprendió a investigadores del CIMAS-CONICET. Por primera vez se detectaron epibiontes característicos de ballenas jorobadas sobre una ballena franca austral, un fenómeno que abre nuevas preguntas sobre la interacción entre especies.

Las primeras ballenas comenzaron a llegar al Golfo San Matías, y es por eso que Maximiliano Cartes Salas no descansa. Sale a la playa con su dron para verlas, registrarlas y darles una respetuosa bienvenida. Pero en estos días, algo llamó especialmente su atención. “Logré capturar algo muy llamativo: varias estructuras rojizas agrupadas sobre las callosidades de una ballena franca. Lo que parecía un registro más terminó siendo un hito”.
Las imágenes llegaron rápidamente a manos de la doctora en Ciencias Biológicas Magdalena “Malala” Arias, investigadora del CIMAS-CONICET, quien asegura que no podía creer lo que estaba viendo. “Este tipo de organismos asociados no habían sido registrado antes en ballenas francas australes y abre preguntas muy interesantes para la investigación”, explicó.
La ballena nada en aguas transparentes y las múltiples formaciones rojizas apiñadas sobre las callosidades parecen pequeñas flores rojas sobre esas manchas blanquecinas y rugosas sobre la piel llamadas epibiontes.
“Cada ballena tiene su conjunto de epibiontes, son específicos de cada especie. En las ballenas francas esperás encontrar tres especies de ciámidos, que son las características de esa especie. Y tal vez también podés encontrar algunos ‘dientes de perro’, que son otro tipo de organismos asociados”, explicó Arias.
Lo más llamativo del hallazgo es que los percebes visibles en las imágenes no serían característicos de las ballenas francas australes, sino de las ballenas jorobadas. “’¿Qué es lo raro, lo llamativo?’ Que esta es la primera vez que se registra algo así en el mundo. Son percebes pedunculados los que se ven en las imágenes y no son característicos de las ballenas francas, sino de las jorobadas”, señaló la investigadora, y agregó, “por eso estamos tan sorprendidos”.

Hasta el momento existe un solo antecedente similar en el mundo: una cría de ballena franca hallada muerta en Brasil en 2004. Ese ejemplar tenía únicamente epibiontes característicos de ballenas jorobadas. Como el animal murió, los científicos pudieron tomar muestras y analizarlas en laboratorio para confirmar las especies presentes.
En este caso, en cambio, solo cuentan con fotografías. Y aunque los investigadores no pueden identificar con certeza todos los organismos visibles, sí lograron reconocer los percebes pedunculados típicos de las jorobadas. “Los ciámidos son muy parecidos a simple vista. Para diferenciarlos necesitás analizarlos con lupa y observar detalles microscópicos. Si tienen espinitas en el abdomen son de las jorobadas; si no, de las francas. Pero los percebes son más grandes y sí podemos identificarlos en las imágenes”, indicó Arias.
La presencia de estos organismos sugiere que la ballena franca tuvo contacto prolongado con una ballena jorobada, el tiempo suficiente como para que se produjera una transmisión de epibiontes entre ambas especies.
“Estos organismos pasan por contacto. En las ballenas francas existe una transmisión vertical, de madre a cría, pero también transmisiones horizontales cuando pasan entre individuos de una misma población. En este caso, pareciera haber ocurrido algún tipo de interacción entre una jorobada y una franca que permitió ese traspaso”, explicó.

El hallazgo también abre nuevas hipótesis sobre las relaciones entre especies en mar abierto, muchas de ellas todavía desconocidas para la ciencia. Arias recordó que años atrás, en el Golfo San Matías, Agustín Sánchez estaba haciendo avistajes y registró una escena inusual: una madre con cría de ballena franca junto a un juvenil de jorobada.
“Sabemos que esas interacciones ocurren, pero siempre pensamos que eran ocasionales o temporarias. Esto podría indicar relaciones más prolongadas en el tiempo, vínculos entre especies que todavía desconocemos”, sostuvo.
Para el ojo de cualquier ciudadano resulta increíble todo lo que puede revelar un organismo tan pequeño. “Es fascinante. Algo tan pequeño como un epibionte te habla del comportamiento del animal. Te está diciendo con quién anduvo y también cuánto tiempo estuvo”, concluyó Malala.
Ciencia ciudadana
Maximiliano Cartes en su posteo aclara que este trabajo fotográfico y de filmación fue realizado íntegramente en las costas de Río Negro, Las Grutas, Patagonia Argentina. «Por mi parte, quiero agradecer enormemente a @agustinbaraschi y a los biólogos de la provincia de Chubut por el gran interés demostrado desde el primer momento ante este hallazgo. Desde ya, todo este material queda a total disposición de los equipos científicos para posibles estudios en conjunto entre ambas provincias», asegura.

Y la investigadora destacó el trabajo de quienes realizan observación y registros constantes desde la costa rionegrina. “Estoy alucinada y muy agradecida de contar con personas como Maxi Cartes y Agustín Baraschi. Somos muy afortunados de tenerlos en Río Negro, particularmente en Las Grutas, porque el aporte que están haciendo a la ciencia es increíble”, concluyó.
Muchos de los videos que Maxi registra con el drone en Las Grutas se hacen virales y los comparte en su Instagram: @maximilianofcartes.

Las primeras ballenas comenzaron a llegar al Golfo San Matías, y es por eso que Maximiliano Cartes Salas no descansa. Sale a la playa con su dron para verlas, registrarlas y darles una respetuosa bienvenida. Pero en estos días, algo llamó especialmente su atención. “Logré capturar algo muy llamativo: varias estructuras rojizas agrupadas sobre las callosidades de una ballena franca. Lo que parecía un registro más terminó siendo un hito”.
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