Viaje a la brama de los ciervos en La Pampa: tres fotógrafos, cuatro días, mil maravillas

Hicieron 480 km desde el Alto Valle a la Reserva Parque Luro de La Pampa para vivir la temporada de avistaje del ciervo en brama, cuando los machos se disputan el territorio y las hembras. Un espectáculo natural extraordinario que atrae a turistas de todo el país y del exterior. Lo que hay que saber para ir.

El bramido. El macho, las hembras, la cría en la reserva a 35 km de Santa Rosa. Foto Alejandro Carnevale

Todo empezó aquella vez que se encontraron dos fotógrafos en las bardas del Alto Valle. Ahí, parados sobre la meseta árida, de cara al río Negro caudaloso y el verde de las chacras de peras y manzanas en la otra margen, ambos buscaban registrar el vuelo de las aves que surcaban el cielo puro del norte de la Patagonia. Uno, Paul González, con su primera cámara y un lente de corto alcance. El otro, Ignacio Hernández, mejor equipado, con más experiencia y conocimiento de los recursos de edición. Paul se acercó a conversar, Ignacio se prendió y lo invitó a pasar más tarde por su casa en Roca a seguir la charla sobre ese mundo de las postales de naturaleza que los unía, a compartirle lo que sabía. Nacía una amistad que luego sumaría otros dos integrantes con la misma sintonía: los fotógrafos Alejandro Carnevale y Axel Feuereisen. No tardarían en organizar viajes para hacer juntos lo que más les gusta, cazadores de imágenes perfectas de ese sur indómito y salvaje que los invita cada día a descubrirlo, siempre con un asadito antes para organizar y otro después para recordar y candidatear destinos para la próxima escapada. No podrían haber elegido un lugar más lindo en la última.


Rumbo a la Reserva Natural Parque Luro

Fue en La Pampa, en la Reserva Natural Parque Luro, 35 km al sur de Santa Rosa y a 480 km de Roca. Un antiguo castillo, cuatro cabañas bien equipadas, un camping, parrillas, mesas y bancos, restaurante, proveeduría, pileta.

Un ciervo y su haren en un claro del bosque. Foto Alejandro Carnevale

El ciervo colorado es una especie exótica introducida por el estanciero Luro en su coto de casa en 1906. Foto Paul González

Todo en un micromundo de 10 hectáreas para desde ahí salir a explorar por los senderos entre los bosques de caldenes y los pastizales de las otras 7600 hectáreas habitadas por los dueños de ese territorio.

El bramido. Foto Ignacio Hernández

Más de 160 especie de aves, jabalíes, pumas, zorros, ñandúes, guanacos y los ciervos colorados que introdujo el dueño de la estancia a principios del siglo XX en su coto de caza.

Nadie pudo impedir que con el tiempo extendieran su presencia a toda la provincia y al suroeste de Chubut, Neuquén y Río Negro en la Patagonia, entre otras zonas, como Santa Fe y Entre Ríos.

Por estos días, desde marzo y hasta fines de abril, la brama de los ciervos atrae a turistas de otras provincias y del exterior a la reserva natural pampeana.

Contacto visual en un claro en el bosque de caldenes. Foto Alejandro Carnevale


Es la época de la reproducción, cuando entran en celo y con estremecedores bramidos llaman a las hembras y defienden su territorio.

Un macho, la hembra y la cría. Foto Alejandro Carnevale


Otros sonidos llegan desde el monte a las cabañas y las parrillas por las noches: el choque de las astas en los combates por los harenes y el dominio de las áreas.

Foto Alejandro Carnevale

Más tarde, también se suelen escuchar aún más cerca, porque en la oscuridad, como otros animales, merodean y entran en esas 10 hectáreas donde se concentra la presencia humana.


A buscar a los ciervos


Los tres amigos (esta vez no pudo ser de la partida Axel) salieron bien equipados de provisiones a las 5 AM desde General Roca y alrededor de las 10, ya estaban en la reserva.

«Lo tenía a apenas unos metros, fue emocionante», recuerda el fotógrafo Paul González


Como sabían que las cabañas se entregan a las 14 porque ya habían estado dos veces y se prometieron volver a cada brama, tenían empanadas y agua para salir a caminar sin perder tiempo.

Primer plano de una hembra. Foto Ignacio Hernández

Foto Paul González


Alejandro optó por ir a buscar a los ciervos. Paul e Ignacio, a las aves. Captaron, entre otras, a los halconcitos grises y chincheros grandes y chicos. «Somos amigos y nos respetamos. Cada uno puede hacer lo que quiere, no es obligatorio estar siempre juntos, está bueno eso», dice Paul. Vestían, como aconsejan, ropa camuflada de tonos verdes para mimetizarse en el entorno y llevaban handies para estar en contacto.

Foto Alejandro Carnevale

Foto Ignacio Hernández

La fiesta estaba por comenzar, porque lo que siguió, mientras se sucedían los atardeceres y los amaneceres, los asados y las mateadas fue exactamente lo que habían ido a buscar, eso que conocían pero igual los sorprendía: los descendientes de aquellos ciervos que cruzaron los límites del coto de caza en su estado salvaje más puro.

Foto Alejandro Carnevale

Foto Paul González


Para poder registrar estas espectaculares imágenes se levantaron a las 5 AM cada día, caminaron hasta los puntos donde podrían estar los ciervos sin que nada lo garantizara, tomaron posición, se sentaron a esperar. El atardecer les dio otra chance cada día, porque al caer el sol los animales volvían a activarse.


Foto Alejandro Carnevale

Pueden pasar horas hasta que aparezcan. O pueden no aparecer. Nunca se sabe y esa búsqueda los convirtió en detectives de indicios, en un largo partido en el que también juegan el azar, la intuición y los certeros datos del Meche, fotógrafo pampeano que se integró al grupo contento con la onda, para que pudieran estar en el lugar justo y los tuvieran cerca en un claro, un pastizal, detrás de un caldén, entre bramidos, peleas y persecuciones.

Foto Alejandro Carnevale

«Un atardecer, mientras estaba sacando fotos a un macho con un grupo de hembras, yo estaba ubicado atrás de un arbusto, quieto y en silencio. De repente, siento el sonido de ramas quebrándose a mi izquierda. Miro de reojo para no moverme y veo, como a unos 15 metros, a otro ciervo que no me había visto. Espere el momento justo y cuando se agachó a comer pasto atrás de un caldén, aproveché a girar con mi equipo sin que él me viera y cuando levantó la cabeza empecé a fotografiarlo. Cuando por fin me vio, como yo no me movía ni hacía ruido, siguió haciendo su vida. Fue un gran momento: pude hacer unos retratos en primer plano«, relata Alejandro.

Retrato de un ciervo macho. Cuando vio que el fotógrafo no se movía, siguió haciendo su vida. Foto: Alejandro Carnevale

Foto Alejandro Carnevale

Y como buenos amigos, compartieron la información, que para eso están los handies, aparte de para las bromas del tipo algo por allá algo ganso salvaje, acá está lleno, cambio. Están para decir, como Paul, vengan, los tengo a cinco metros, pero sin moverse, apenas un susurro porque cuando perciben algo extraño los ciervos se van. O que Ignacio avise que cruzan la laguna y también están los flamencos, toda una maravilla. O que Alejandro pase el dato de otro hallazgo y el mejor ángulo.


A eso fueron y eso encontraron. Volvieron a casa felices, a la espera de la próxima aventura en la Patagonia.


Así filmaron y fotografiaron aves rapaces, zorrinos y zorros en la oscuridad de la noche

Para captar imágenes nocturnas instalaron la cámara en un tronco con sensores que las activaban cuando detectaban movimiento. Ignacio y Paul armar el dispositivo.

Así, obtuvieron estas espectaculares imágenes. Cenaban en las mesas del camping cuando advirtieron los flashes. Sabían entonces que contaban con fotografías, pero no sabían de qué. «La ansiedad nos llevó a dejar por unos minutos el asado y acercarnos a las cámaras. Linda fue la sorpresa cuando descubrimos que el zorrino había subido por el tronco y se había acercado. Al revisar las fotos comprobamos que teníamos unas muy buenas imágenes», dice Ignacio. Esto es lo que vieron:

Zorrino. Foto Ignacio Hernández

Zorrino. Foto Ignacio Hernández

Zorro, otro de los hermosos habitantes de la reserva. Foto Ignacio Hernández

Lechuza de campanario. Foto Paul González

Lechuza de campanario. Foto Paul González

Alilicucu. Foto Paul González

Alilicucu. Foto Paul González

Alilicucu. Foto Paul González

Lo que hay que saber para ir en la brama a la Reserva Natural Parque Luro

Monte de caldenes y luna llena. Foto Alejandro carnevale

* Para ingresar a la reserva no es necesario permiso previo, el cupo se completa por orden de llegada y el máximo de visitantes por día es de 500.

* Horario de apertura: lunes a sábado y feriados de 9 a 17 horas, ingreso hasta las 15:30 horas. Domingo: de 9 a 19:30 horas, ingreso hasta las 17 horas. Entrada general: $600.

El castillo. Foto Alejandro Carnevale.

*La mejor opción para la brama (marzo y abril) es alojarse en el parque para poder estar en el amanecer y el atardecer, cuando se activan los ciervos.

* De lunes a sábado, dos turnos de visita: 05:30 horas, con desayuno. 17:30 horas: con merienda. Ambas con caminata hacia los miradores con guías. Duración: dos horas. Grupos reducidos. Recomendaciones: respetar los horarios. Actividad basada en el silencio y el respeto por la naturaleza.

Usar ropa de colores sobrios y calzado cómodo. Llevar botella de hidratación. Las excursiones se realizan con reserva previa.

En temporada de avistaje de ciervos en brama no se permite acampar. Más info: 2954 646908

Sala de carruajes. Foto Alejandro Carnevale

El tambo. Foto Alejandro Carnevale

Los visitantes pueden disfrutar del sector de parrillas, sanitarios, sala de carruajes y senderos naturales, sin ningún costo extra.

Las visitas al castillo están suspendidas por obras de mantenimiento y refacción.

Por servicios concesionados de restaurante, proveeduría, cabañas y excursiones de brama: Churrinche. Contacto: 2954 646908


El parque cuenta con dos cabañas para 4/5 personas y dos dormis equipados para alojar a cuatro huéspedes. Para ir a la brama conviene reservar con anticipación. La cabaña cuesta 40.000 pesos la noche.

Ignacio Hernández, Alejandro Carnevale y Paul González en la reserva natural. Esta vez. Alex no pudo ser de la partida.

Más fotos y videos de esta aventura:

https://www.instagram.com/carnevalefotos/

https://www.instagram.com/paulgonzalezfotografia/

https://www.instagram.com/nacho_pic/

https://www.instagram.com/axel_feuereisen/


El ciervo colorado en la Argentina: introducción, hábitat y costumbres

La información que comparte de Parques Nacionales:

* Es un ciervo de gran tamaño, orejas largas, dorso de perfil recto, cola muy corta y patas delgadas pero fuertes, con pezuñas estrechas y puntiagudas. El macho posee astas bien desarrolladas de más de 1 m de largo, muy ramificadas y con un número muy variable de puntas. El macho presenta una densa melena desde el cuello hasta el pecho. El color general del pelaje es pardo oscuro en invierno y tostado rojizo en verano, siempre más pálido ventralmente y blanco crema en las ancas. El recién nacido es de color canela con el dorso y los flancos manchados de blanco; a los 3 meses pierde el moteado y su pelaje se vuelve pardusco. El macho es más grande y más pesado que la hembra.

* Distribución: Es originario de Europa, Asia, norte de África y América del Norte. Fue introducido en distintas partes del mundo incluyendo Australia, Nueva Zelanda, Argentina y Chile.

Ciervo colorado en la reserva Parque Luro. Foto Paul González

* En Argentina está presente en Buenos Aires, Neuquén, Río Negro, Chubut, La Pampa, San Luis y en la Isla de los Estados (Tierra del Fuego). Fue Introducido también en Tafí del Valle, Tucumán, donde aparentemente no prosperó. En Chile se encuentra en las IX, X y XI Regiones.

* Hábitat: Vive preferentemente en bosques de hojas caducas, matorrales y en laderas de montañas, hasta los 3000 m de altura. En el área de la guía se ha adaptado a vivir en los bosques andino-patagónicos y en los bosques de caldén (Prosopis caldenia).

* Costumbres: Es muy gregario. Excepto durante la época reproductiva, el resto del año los sexos viven en manadas separadas, que ocupan territorios definidos.

* Los grupos de hembras y sus crías pueden llegar a estar integrados por hasta 400 ejemplares; en cada manada se establece un orden de jerarquías y son liderados por una hembra adulta. Las manadas de machos adultos son menos numerosas y no presentan diferencias de jerarquía.

* El volteo de las astas se produce a fines del invierno y para mediados del verano ya están nuevamente desarrolladas. Su olfato, oído y vista están muy desarrollados; para comunicarse entre sí utiliza estos sentidos, así como el tacto.

* En verano permanece activo durante la noche hasta las primeras horas de la mañana y de día descansa refugiado entre la vegetación o a la sombra de los árboles. En invierno está activo tanto de día como de noche. Su dieta es herbívora y varía estacionalmente; en verano se alimenta de brotes, hierbas, hojas y frutos, en invierno come hojas, cortezas y pastos.

* Reproducción: A comienzos del otoño los machos empiezan a establecer sus territorios y a competir por las hembras para formar sus harenes. Durante la época de celo el macho dominante emite constantes y potentes bramidos con los cuales delimita el territorio y proclama su jerarquía. Los machos frecuentemente se enfrentan en duras peleas, empujando y golpeándose con los cuernos.

* Cada harén generalmente está formado por 2 a 6 hembras, aunque pueden llegar a 15 o más. Tras una gestación de 8 o 9 meses la hembra se aparta del grupo para da a luz una sola cría, que pesa 15 a 18 kg. Varias semanas después del parto, la madre y su cría se reúnen con el resto de la manada. La lactancia se extiende por 4 a 7 meses. La hembra alcanza la madurez sexual a los 28 meses; el macho en cambio madura a los 2 años, pero usualmente empieza a reproducirse más tarde cuando es lo suficientemente fuerte para enfrentarse con otros machos. Su longevidad es de 12 a 15 años, aunque en cautiverio llega a vivir 27 años.

Situación poblacional: La caza excesiva y la modificación del hábitat ha provocado una declinación en su área original de distribución y en su abundancia.

* En Argentina fue introducido, en 1906, con ejemplares provenientes de los Cárpatos y de Austria a un coto de caza de la provincia de La Pampa, donde prosperó notablemente, dispersándose a otras zonas de la provincia.

* Entre 1917 y 1922 varios ejemplares fueron introducidos a una estancia en Neuquén, donde proliferó con éxito, invadiendo los bosques cordilleranos. En la actualidad se encuentra distribuido en varias provincias y en los Parques Nacionales Lanín y Nahuel Huapi. En Chile fue introducido en cotos de caza y también llegó desde la Argentina, expandiéndose debido a su gran adaptabilidad. En los bosques andino-patagónicos de Argentina y Chile provoca un importante daño a la vegetación natural, pisoteando y consumiendo los renovales, y además se supone que puede estar en competencia con el huemul (Hippocamelus bisulcus), produciendo un impacto negativo en sus poblaciones. En la región pampeana es una plaga para la agricultura y compite por el alimento con el ganado doméstico.

Extraído de: Olga Vaccaro y Marcelo Canevari; con colaboración de Gustavo Carrizo. Guía de Mamíferos del Sur de América del Sur.


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