“¡Y los tacuaras…!”

Por Redacción

–Soy argentina, sí. ¿Si aquí he sentido discriminación por ser judía?… Sí y no… Recuerdo que hice parte del secundario en un colegio que estaba junto al Club Macabi, en la misma vereda… colegio y club eran parte de mi cotidianidad. Y a veces salíamos de uno u otro, y los tacuaras de Joe Baxter, de Ezcurra, que después se ordenó sacerdote católico, nos atacaban, íbamos a las piñas… Alguna compañera que me agarró de los pelos… “judía de mierda”. En fin, la memoria fortalece. Estuve cuatro veces en Polonia, donde gran parte de mi familia fue exterminada en el campo Majdanek. Eran panaderos… a mi bisabuelo materno los nazis lo tiraron a la calle desde la azotea de la panadería. Cuando se dieron cuenta de que vivía, lo arrastraron con una cuerda hasta matarlo. Un día, recorriendo Auschwitz, un amigo me hizo una apuesta: ¿había o no había una pileta de natación detrás de los hornos crematorios? Jugamos una Coca Cola. Perdí. Detrás de uno de los barracones había una pileta con trampolín: los nazis asesinaban y se refrescaban casi en un mismo acto. ¿Negar el Holocausto?… Ideología racista pura… Y si quiere, en tanto racismo, también patología… (Graciela Nabel de Jinich es porteña, matemática y abuela. El Museo del Holocausto cumple este año dos décadas desde que se planteó como proyecto. Está situado en pleno centro de Buenos Aires, Montevideo 911, en un inmenso edificio que perteneció a la empresa Ítalo Argentina y que fue entregado a los fines de museo por el gobierno de Carlos Menem)