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¡Y por fin llegó el día que nos podemos reencontrar!

La gastronomía celebra y hace posible los encuentros.




Por Victoria Rodriguez Rey (@victoriarodriguezrey)

Generalmente, la mayor cantidad de mensajes, actualizaciones de estados y posteos que suceden en las redes llegan al mediodía, justo al momento del almuerzo. Pero si es el momento más sublime…, un momento ideal para correr la cortinita de la oficina y que te dé en sol en la cara, para sentarse un ratito con los pies descalzos en la tierra, para bajarse los barbijos para comer y conversar, comer y despabilar las sonrisas.

Al parecer la comida está perdiendo su carácter socializador. La intensidad de esta vida moderna ahora tampoco nos deja sacar los ojos de las pantallas a la hora de comer. Visto así, esto parece la teoría de la involución.

Si supiéramos que la primera y más evidente secuencia de cocinar fue la palabra. Es maravilloso saber que la actividad culinaria fue la que organizó y estableció condiciones para la comunicación que primero, mediante gritos se transformarían luego en la palabra. No es cosa de todos los días, pasar del mundo animal para pasar al mundo social y esto, hay que mantenerlo en el tiempo.

La mejor excusa para vernos y disfrutar de algo rico.

La cocina y el fuego siempre presentes como elementos ordenadores, entre los homosapiens como posible resguardo, como fuente de calor y hoy, recalentando y estirando la comida del día anterior, sea como sea, siempre, la comida tuvo ese efecto de reunir en un trabajo colectivo, de cooperación y para el provecho común.

La palabra misma “comer” viene del verbo “comedere” en latín y está formado por un prefijo “com” que es “con otros”. La idea misma de comer, su palabra, significa ingerir con otros. Tan propio de los humanos. Somos seres sociales, somos comensales. Conseguimos, producimos, elaboramos y consumimos la comida colectivamente.

Hay una magia, una comunión espiritual que sucede cuando comemos juntos. Eso se percibe. Ya el hecho de imaginar el encuentro, despierta los sentidos y acomoda los cuerpos. Y si bien la lengua es protagonista, porque con ella se dice, se comunica, se saborea, hay otra cantidad de sensaciones y percepciones vinculadas a lo gestual que también se transmiten. Y esta comunicación únicamente sucede cuando el alimento que nos convoca es el encuentro. Ese momento donde nos vemos, nos percibimos, nos oímos, nos olemos, nos tocamos, nos gustamos.

La comida nos reúne siempre.

¿Qué es lo que más extrañaste durante la cuarentena? Es una pregunta que le hizo una encuestadora argentina a una población de más de 800 personas, ¿y sabes que respondió la mayoría? El encuentro entre amigos, amigas y familiares. ¿Sabés qué es lo primero que harían al terminar la cuarentena? Visitarles.

Esta primavera trajo además de abejas y flores, la flexibilización de las restricciones, y es seguro que lo más celebrado es la posibilidad del encuentro, del reencuentro. Porque si bien, lavarse las manos, estar un rato al sol, hacer ejercicios y consumir agua es importante, el tiempo de estar juntos, el de fortalecer lazos y seguir tejiendo la red de vínculos es uno de los ingredientes que sin duda aumentarán nuestro sistema inmunológico, garantizando la salud.

Alejémonos por un rato de las pantallas, reavivemos ese fuego colectivo que aún resiste, llenemos los vasos y brindemos por que haya suficiente comida de calidad en los platos de la gente y también por más encuentros. Y así darle un sacudón al sistema alimentario, para que no siga avanzando la cultura del fast food, porque esa comida rápida habla de una vida rápida y acelerada.

El reencuentro hace bien.

Todas las cosas llevan su tiempo de aprendizaje, maduración y reflexión: cultivar alimentos, cocinar, aprender un instrumento, conocernos, lleva tiempo. Que importa, cuánto traigas en tu canasta si lo maravilloso es saber que llegaste para compartir un momento.


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¡Y por fin llegó el día que nos podemos reencontrar!