“Agua... para vos”

01 dic 2016 - 00:00
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    ¿Sabes? Cuando tenía alrededor de cinco años de edad, en casa, en el barrio, en las periferias del pueblo patagónico donde me crié, escuché hablar de vos y de Ernesto.

    Supe de ambos por voces fronterizas, esas que –para qué negarlo– ¡tanto amo y estimo! Son voces que forman parte de mi ser o, mejor dicho, son yo mismo. Lo cierto es que cuando se hablaba de ustedes los sentía como hermanos buenos, como amigos sensibles y, también, como dos necesitados. En esas circunstancias a mi ser de niño le venían ganas de protegerlos. De protegerlos, sí, tal cual lees, de protegerlos. A tal punto que se me ocurría que, si por una de esas mágicas casualidades los encontraba en las afueras del pueblo, les ayudaría a esconderse entre las matas de jarilla y, además, les llevaría agua y algo para comer...

    Luego mis años de niño fueron llenándose de vida, y creo que lo hicieron para ayudarme a descubrir cómo se puede estar, durante toda la existencia, con aquellos a quienes tanto se ama: los descartados, los arrojados a la calle, los sin lugar en el mundo, los carentes de poder económico/político...

    A la hora de tu partida yo, apenas un hombre grande, valoro tu templanza para ayudar a construir(me) como alguien amante de la dignidad, en vez de haberme convertido en alguien que se arrodilla, sin más autenticidad que su propia indignidad, ante el poder de turno o de franco.

    Pero, volviendo al inicio, ¿recuerdas que comencé hablándote de mis cinco años, del barrio, del suburbio del mundo? Sí, claro que lo recuerdas, pues estás dotado de inteligencia singular, lo cual te permite asimilar la simple complejidad de la vida. Pues bien, entonces te pido que me permitas lo siguiente: primero, déjame volver a sentirme dentro mío un niño de cinco años de edad y, luego, permíteme invitarte para cuando estés sediento a beber del agua de la vida que siempre he reservado para vos (extiende la invitación a Che, por favor). Ahora, recibe un abrazo grande...

    Por fin, descanse en paz tu alma, querido Fidel.

    Víctor Alberto Cumio

    DNI 12.698.653

    “Déjame volver a sentirme dentro mío un niño de cinco años de edad y, luego, permíteme invitarte para cuando estés sediento”.
    Roca
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