Mitos y verdades de las Corea

Dos periodistas argentinos viajaron uno a Corea del Sur y otro a la del Norte. Se conocieron al regresar y decidieron escribir un libro que revela dos países muy diferentes en sus formas, pero que comparten una cultura basada en la opresión y la obediencia.

07 ene 2018 - 00:20
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Los periodistas Daniel Wizenberg y Julián Varsavsky abordan en el libro “Corea –dos caras extremas de una misma Nación–” sus experiencias personales en Corea del Norte y Corea del Sur, dos países que se caracterizan por sistemas políticos y sociales muy distintos, pero en los que subyace una cultura basada en la opresión y la obediencia, forjadas desde un militarismo extremo, que al mismo tiempo los acerca.

Así como en Corea del Norte un seudocomunismo –denominado juche– propugna la sacralización y obediencia al líder, en Corea del Sur el capitalismo tecnocrático se centra en una exigencia sobre el estudio y el trabajo, que provoca altísimos niveles de estrés, explotación y suicidios tanto de niños como adultos.

Wizenberg, que es politólogo y periodista, viajó a Corea del Norte y Varsavsky, que es fotógrafo y documentalista, visitó Corea del Sur. Se conocieron al regresar y decidieron escribir un libro, que fue publicado por ediciones Continente y sobre el que hablaron en entrevista con Télam.

P- ¿Si pudieran nombrar qué fue lo que más los sorprendió de las experiencias en Corea del Norte y del Sur, cuáles mencionarían?

JV- Me impactó mucho la pareja que crió una niña digital y a la que se le murió su hija de carne y hueso, de hambre. Si bien no hay que tomar esta experiencia como algo generalizado, sino como algo particular, es sintomático que ocurra en Corea del Sur. Que le den más tiempo y dedicación a una niña que no existe y se olviden de la suya es muy impresionante. Esto fue lo que más me impactó: el nivel de negación, porque esos padres no sentían culpa, no eran muy conscientes de que se les había muerto un ser humano. Son personas que quedan atrapadas a mitad de camino entre la realidad física y virtual.

DW- En mi caso, me sorprendió el acceso de los norcoreanos a determinados bienes como la tecnología. Pretenden tener en el Museo de las Ciencias una capacidad tecnológica del primer mundo en un contexto de un país muy gris, ya que cuando llegás a Corea del Norte es como sumergirte en una novela de George Orwell. Y sin embargo aparecen esos espacios que ambicionan conexión con el mundo desde una muralla que los aísla. Pero cuando ahondás un poco más te das cuenta por ejemplo de que el Internet que tienen es una intranet, o sea que toda la información es filtrada por el Estado y puesta offline, no en conexión con el mundo.

P- ¿Desde qué lugar se explica el apego al sometimiento en la sociedad surcoreana con una tasa de suicidios tan alta?

JV- Hay un marco histórico cercano y otro relacionado con el confucionismo y con el hecho de que ha sido una sociedad hasta el día de hoy muy militarizada. El sistema democrático comenzó en 1987 y hasta hoy tienen una democracia muy limitada, sujeta a los intereses de los chaebols, un modelo empresarial basado en grandes conglomerados que se caracterizan por un fuerte crecimiento y desarrollo tecnológico que no da a conocer sus ganancias y sobrexplota al trabajador. Es un sistema corrompido de pies a cabeza, en un contexto en el que hubo entre 1953 y 1987 dictaduras militares con pequeños intervalos de gobiernos seudodemocráticos que derivaron en golpes de Estado, lo que dio lugar a una cultura totalmente militarizada. A la vez tienen un legado confucionista que se basa en un respeto absoluto a la autoridad, a las jerarquías y dentro de las jerarquías sociales, el respeto a los ilustrados. La jerarquía familiar es fuertísima.

DW- La disciplina es un rasgo de la sociedad coreana. Respecto del suicidio es uno de los datos que no es posible verificar en el norte. Sí hay muchos surcoreanos que, habiendo salido de Corea del Norte, se suicidaron y eso tiene que ver con que al haberse criado en otro sistema, el contraste es muy fuerte y la decepción los lleva al suicidio.

P- ¿Algunos sociólogos o filósofos han estudiado el fenómeno del suicidio de estudiantes y trabajadores?

JV- En su libro “La sociedad del cansancio”, el filósofo Byung Chul Han analiza que en la sociedad neoliberal pos Guerra Fría, la persona tiende a convertirse en un explotador de sí mismo: hay una presión social para que estudie que está interiorizada, entonces la persona se presiona a sí misma. En este contexto, cuando alguien fracasa, la culpa no está afuera, sino adentro. Entonces, como el sujeto de la sociedad de rendimiento no ve contra quién revelarse, se deprime. Por eso el filósofo dice que las epidemias posinmunológicas tienen que ver con los infartos neuronales, el síndrome de Burnout, el estrés y la depresión, que es una enfermedad narcisista en la que la persona se flagela y la pena máxima es el suicidio, que en Corea del Sur llega a 15 mil personas por año, la tasa más alta de los países desarrollados.

DW- El de Corea del Norte sería un modelo de dominación más foucaultiano, de panóptico clásico, donde la autoridad es muy visible, se sabe quién es el líder y qué hay que hacer o no. En Corea del Sur te dominan con el sí –el neoliberalismo es una invitación constante al consumo y la autosuperación– y en Corea del Norte con el no. En el sur se dice que se puede hacer cualquier cosa, pero en realidad no existe tal libertad porque hay que estar sujeto a determinadas normas de estudio, trabajar una cantidad enorme de horas, hay una adicción muy fuerte a la tecnología y un exceso cegador de información. En el Norte es todo lo contrario: el 99 por ciento de la gente nunca salió del país y todo lo que entra y sale es filtrado por el Estado. Cuando uno entra al país le revisan la cámara de fotos y computadoras, memorias y bolsos, y al salir también. Los norcoreanos se pueden desplazar por el interior del país pero no hay medios de transporte. Para vivir en la capital hay que postularse con buenos méritos y tener una cercanía con la cúpula del partido: cuanto más alto, más privilegios.

P- ¿Cómo se explica que en Corea del Norte, un país con tan pocas libertades, no esté prohibido fumar marihuana?

DW- Hay plantaciones de marihuana organizadas por el Estado porque han creado mecanismos para sobrevivir a los bloqueos comerciales. Para esto exportan marihuana, pero no está popularizado su consumo, porque deben estar penalizados los canales de distribución. Si un turista entra con marihuana normalmente no pasaría nada, pero como no hay pautas escritas al respecto, todo se ve en el momento. Recordemos que un turista norteamericano fue condenado a cárcel por robar un póster, lo que demuestra que todo es muy relativo.

Wizenberg, que es politólogo y periodista, viajó a Corea del Norte y Varsavsky, que es fotógrafo y documentalista, visitó Corea del Sur.
“Me impactó mucho la pareja que crió una niña digital y a la que se le murió su hija de carne y hueso de hambre. Es sintomático que ocurra en Corea del Sur”,
revela Julián Varsavsky.
Buenos Aires

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