10 imperdibles de NY

Nueva York suele mostrar dos caras muy distintas: una, repleta de turistas, puede llegar a empalagar. La otra sólo puede fascinar. Una vuelta por la Gran Manzana menos trillada.

Por Redacción

Textos y fotos: Laureano Gallegos

laureano@ircomunicacion.com.ar

Nueva York es una ciudad que encanta y enamora, aunque si no se la visita de manera planificada y relajada puede llegar a abrumar e incluso cansar. Es que siendo un destino tan cosmopolita y turístico, cuenta con sitios híper famosos (atiborrados de personajes con sombrero, riñonera y cámara de fotos) a los que conviene dedicar poco tiempo. Otros en cambio, más o menos renombrados, cuentan con una magia renovada, única, y no visitarlos (por haber perdido tiempo en esos clásicos trillados) puede ser un verdadero pecado.

A continuación un top ten de esos lugares considerados imperdibles. Los no incluidos en esta lista no deben ser descartados del plan, aunque a la mayoría (según la opinión de este cronista) sólo se les debe dedicar un simple toco y me voy.

1 – Meatpacking

El High Line Park del MPD: una maravilla
El Meatpacking District (MPD) es un viejo barrio de carnicerías y frigoríficos ubicado en el sur oeste de Manhattan (desde la West 14th al norte hasta Gansevoort Street al sur, y entre el río Hudson al este y la Hudson Street al oeste).

En el MPD hacen vidriera los diseñadores y marcas de ropa del momento (como Stella McCartney, Ed Hardy y Alexander McQueen, entre otros) y en sus calles está lo último de lo último en hoteles (boutique), bares y restaurants. En hotelería, entre varios, sobresalen el Gansevoort y el Standard, ambos con sendas terrazas para tomar un trago con vistas alucinantes. Para comer y beber el ya clásico restó Pastis, tan promocionado por las cuatro chicas sensuales de la ciudad que además de tragos y appetizers ofrece buenos brunch a precios módicos.

Si bien el MPD comenzó a ponerse de moda desde hace poco menos de una década, en 2009 se sumó un muy recomendado atractivo: el High Line Park, un paseo aéreo verde (una obra maestra de paisajismo) construido a partir de reciclar las antiguas vías del tren que décadas atrás circulaba por las alturas y miraba desde arriba una New York sucia, oscura y peligrosa, imposible de comparar con la actual. El paseo es sencillamente magnífico, un ejemplo de urbanismo y diseño que cuenta (por ahora) con una extensión de más de dos kilómetros (desde Gansevoort hasta la 34)

2 – Tres de los mejores sandwiches de la isla

Shake Shack en Madison Square: la mejor hamburguesa de Nueva York
La primera de estas sugerencias apunta a una de las mejores (si) hamburguesas de Manhattan: en medio de la bella plaza Madison (donde la avenida Madison y la 5º avenida se cruzan) y a metros de un edificio divino como el Flat Iron. El lugar se llama Shake Shack y tiene varias sucursales, pero ésta es única por ser la primera, por estar al aire libre en medio de una plaza y por el barrio.

A metros del Shake Shake del Flat Iron District, hay otro lugar (este no es un puesto), clásico por donde se lo mire que abrió sus puertas en 1929 y ofrece unos sándwiches de pastrami decididamente inolvidables: Eisenberg´s, en el 174 de la 5º avenida.

Si hay apetito de kebab o shawarma, nada mejor que los del carrito ubicado en la esquina de la calle 53 y la 6º avenida. Éste es ideal para visitarlo después de recorrer el MOMA (a media cuadra, sobre la 53) o bien después de ver algún buen musical o escuchar alguna banda en la zona delRadio City Musci Hall. Algo importante: sólo abre de noche, entre las 19hs. y las 4am.

3 – Barrios

Nueva York City está compuesta por cinco distritos: Manhattan, Staten Island, Brooklyn, Bronx y Queens. Cada uno de estos distritos ofrece distintas alternativas de barrios dignos de visitar, siendo la isla de Manhattan la que cuenta con un mayor abanico de propuestas (aunque Brooklyn no se queda atrás).

SOHO, NOLITA, Chelsea, Greenwich Village (east y west) y TRIBECA son cinco barrios, que, dentro de Manhattan, se relacionan por su impronta y por su disposición geográfica. No todos limitan con todos, pero si uno con otro y ese con otro y así sucesivamente. Lo mismo ocurre con la onda y el estilo que los caracteriza: no son todos iguales, pero cada uno se parece mucho a su vecino y así.

La propuesta, entonces, es hacer una recorrida de un día (caminando, sin dudas) que los incluya a todos, para ir cruzando esas fronteras difusas que los separan (o los unen). Los barrios se caracterizan por su arquitectura (típica de Nueva York, edificios con escaleras para incendios en el frente), por sus bares, por su restaurantes, por sus boutiques de ropa, por sus galerías de arte, por su disquerías, por su comiquerías, por sus sex shops y por una onda que en algunos aspectos los hace tener a cada uno su propia identidad, pero en otros los hace parecer un único barrio.

En cuanto a destacados la lista es interminable, pero hay uno que ningún aficionado del jazz puede dejar de visitar: Small, un club ubicado en un sótano del 183 de la West 10th Street (Greenwich Village) donde tocan genios consagrados y figuras ignotas en ascenso.

4 – Parque Central, Dakota y rivera del Hudson

Un paseo en bote en el lago del Parque Central… sin palabras.
El plan comienza con un desayuno (tipo picnic, café en mano) en el magnífico Central Park, con la fuente Bethesda y el Reservorio como imperdibles y, si se puede, un pequeño paseo en bote a remo por «El Lago». Al parque no hay que agregarle adjetivos, no los necesita, el sólo hecho de caminarlo alcanza para disfrutarlo.

Al medio día la idea es enfilar hacia el oeste y, a la altura de la calle 72, visitar el mítico edificio Dakota: donde Polanski filmó el bebé de Rosmary y en cuya puerta mataron a Lennon. Más allá de la fama por John (y la Lennonmanía vigente en sus alrededores), este edificio es un ícono de la ciudad por su arquitectura, por su antigüedad (cuando se construyó estaba en una zona realmente muy alejada, en medio del campo), porque lo codiciaban las celebrities y por innumerables leyendas que lo vinculan con magia negra, espíritus y demonios.

A unas cuadras del Dakota hay un muy lindo pub llamado Ámsterdam Ale House (Avenida Ámsterdam 340) con deliciosas cervezas artesanales y buenas hamburguesas. El barrio (Upper West Side) además se destaca por ser muy tranquilo y estético: es un sitio residencial con viviendas del tipo raw houses habitadas por jóvenes profesionales de muy buen poder adquisitivo. El paseo puede (debe mejor dicho) continuar unas cuadras hasta la rivera del Hudson para ver el río y, de muy cerca, el estado de enfrente: New Jersey.

5 – Museo de Nueva York y Terraza del Met

Central Park desde la terraza de MET: gran vista
El museo de la ciudad de Nueva York -5º avenida al 1220- ofrece vivir (con recreaciones virtuales muy interesantes) la historia de la isla de Manhattan desde cuando era habitada por aborígenes. El relato incluye el periodo en el que Nueva York fue New Ámsterdam (colonia holandesa) y épocas oscuras por la mafia, la inseguridad e incluso por la no tan lejana caída de las torres.

A pocas cuadras del de NYC se encuentra otro museo: el Metropolitan (MET), enorme, imponente, majestuoso. En este caso la propuesta no es recorrerlo, ya que puede tomar varios días si se lo quiere visitar por completo (obviamente el MET no se puede dejar pasar, pero hoy no sería el día). Ahora la recomendación es tomarse un trago en las magníficas terrazas del museo con una vista única del Parque Central. Esta actividad se puede realizar cualquier día ya que el MET cobra entrada «a voluntad», y como la idea no es visitar el museo y sí tomar algo en la terraza, no hay culpas si no se paga nada al ingresar.

6 – Madison Avenue, Upper East Side

Particular edificio en el Upper East Side: el Museo de Guggenheim
El Upper East Side es el barrio más aristocrático de la ciudad y está ubicado a la derecha del Central Park (mirando desde el sur hacia el norte). El paseo puede comenzar con una caminata matinal (después de las diez de la mañana, cuando abren los locales) por la muy top Madison Avenue. Allí, previo cafecito en el Nespresso bar, espera un mundo de verdadero lujo con elegantísimas mujeres y hombres de negocios que visitan los locales de las marcas que visten: Ralph Laurent, Ives Saint Laurent, Cartier, Tom Ford, Gucci, Chanel, Dior, Max Mara, Hermés, Valentino, Oscar de la Renta, Michael Kors, entre muchos otros.

Además de las boutique más renombradas, el barrio cuenta con mansiones, hoteles, bares y restaurantes históricos, y varios de los museos más importante de la ciudad: el Metropolitan, el de Nueva York, el Guggenheim y el Whitney (en la misma Madison Avenue).

Para visitar The Hamptons (una o dos noches pueden alcanzar para tener un buen panorama) se recomienda alquilar un auto y estar preparado porque esas «dos horas» pueden ser seis durante los fines de semana de temporada alta.

Y como allí todo suele ser muy caro, nada mejor que el East Deck (Montauk) para alojarse y el carrito que está en la playa contigua al motel (tacos, sándwiches, quesadillas, gaseosas o cervezas) para almorzar. Para la cena (aunque también sirve para el medio día), Lobster Roll: un parador en la ruta muy pulcro, con mucha onda de mar, con pescados, mariscos y otras opciones deliciosas: todo simple, rico y nada caro.

7 – The Hamptons

El faro de Montauk en Los Hamptons
En Nueva York suele hacer mucho calor en verano, días para los que existen dos opciones de playa relativamente cerca de Manhattan. Una en Nueva York City misma: Connie Island, con la histórica rambla de madera (donde funcionaba la clásica vuelta al mundo de Astroland vista tantas veces en el cine). Ubicada en Brooklyn, esta playa es muy popular y si bien interesante como paseo, es un tanto sucia y está en un suburbio alejado (al que se puede llegar en subte).

La otra opción (completamente opuesta a Connie Island en cuanto a nivel) es The Hampton: uno de los destinos más top del país (sino el más) en el que tienen casa figuras de la talla de Paul McCartney, Sarah Jessica Parker, Ralph Lauren, Carolina Herrera, Gwyneth Paltrow, Steven Spielberg, Paris Hilton, Tiger Woods y muchos más.

Los Hamptons es una villa de mar impoluta con mansiones de estilo inglés en cuyos jardines juegan los niños y pastan los ciervos. Ubicado en la parte este de Long Island, esta sucesión de pequeños pueblos (Bridgehampton, East Hampton, Hampton Bays, Montauk, North Haven, Sag Harbor, Shelter Island, Southampton, Springs, Water Mill, y Westhampton son los más conocidos) está a tan solo dos horas de auto de la gran manzana. Allí llegan cada verano (en lujosos carros) los ciudadanos más ilustres del mundo, para alojarse en aristocráticas residencias, ir a fiestas privadas y hacer vida de playa entre tablas de surf, raquetas de tenis, palos de golf, tacos de polo, monturas de equitación y mucho, pero mucho glamour.

Para visitar The Hamptons (una o dos noches pueden alcanzar para tener un buen panorama) se recomienda alquilar un auto y estar preparado porque esas «dos horas» pueden ser seis durante los fines de semana de temporada alta.

Y como allí todo suele ser muy caro, nada mejor que el East Deck (Montauk) para alojarse y el carrito que está en la playa contigua al motel (tacos, sándwiches, quesadillas, gaseosas o cervezas) para almorzar. Para la cena (aunque también sirve para el medio día), Lobster Roll: un parador en la ruta muy pulcro, con mucha onda de mar, con pescados, mariscos y otras opciones deliciosas: todo simple, rico y nada caro.

8 – DUMBO y Brookling Heights

Atardecer urbano: desde el Brooklyn Bridge Park (Dumbo)
DUMBO (Down Under the Manhattan Bridge Overpass) fue una zona industrial de Brooklyn con almacenes granos, antiguos edificios de oficinas portuarias y viviendas habitadas por inmigrantes… Hasta que los galpones se mudaron y poco a poco comenzaron a restaurarse las viejas construcciones.

Entonces aparecieron los artistas, los bares y restaurantes, las boutiques, los despachos relucientes y las residencias con las mejores vistas de los puentes (de Brooklyn y de Manhattan), del East River y claro, del downtown de enfrente: unos de los paisajes urbanos más bellos del mundo.

Un pequeño imperdible del DUMBO es la pizza de la antiquísima Grimaldi’s (19 Old Fulton Street). Allí, si bien la comida es deliciosa y los precios muy módicos, hay que ir con mucha paciencia: las colas pueden superar la media cuadra.

Al DUMBO se llega luego de cruzar caminando (es lo ideal, la vistas son magníficas, es un paseo perfecto) el puente de Brooklyn y doblar a la izquierda. Aunque si se baja hacia la derecha se puede llegar a otro lugar muy recomendado en el distrito: los Brooklyn Heights. Es este un barrio también antiguo, muy tranquilo y con mucha onda, con mansiones construidas en su mayoría a mediados del siglo XVII (estilo raw house) que albergaron a escritores de la talla de Truman Capote, Arthur Miller y Walt Whitman (entre otros). Los Heights (alturas) de Brooklyn son habitados hoy por gente que trabaja en el downtown o simplemente se cansó del ruido y los precios de las propiedades de Manhattan (aunque tampoco éste es un barrio barato ya, al contrario). Brooklyn Hights tiene su Promenade: un paseo de varias cuadras al borde del río con ese fantástico skyline.

9 – Harlem

Harlem es otro barrio de Manhattan y, como se sabe, fue históricamente tierra de habitantes afroamericanos que en las últimas décadas se mezclan más y más con inmigrantes de sangre latinoamericana, de hecho existe, dentro del mismo barrio un «Harlem Latino o Spanish Harlem».

El Harlem es decididamente un barrio de película. Con su fisonomía típica, sus clubes, sus teatros (como el Apollo, donde se presentaba Michael Jackson con cuatro hermanos), sus negocios, sus iglesias, sus canchas de básquet en plazas y estacionamientos y claro: su gente.

Por lo dicho de las iglesias, este barrio es fundamental visitarlo un domingo por la mañana para asistir a una misa baptista (culto Góspel) y ver (y escuchar) a esas damas vestidas con túnicas multicolores, bailando y entonando en coros sencillamente deliciosos. A las mujeres vestidas se las puede ver esos domingos a la mañana caminando por las calles del barrio (lo que es un espectáculo en si mismo) o bien in action en los templos. Para acceder se puede recorrer y buscar una misa (los cantos se escuchan desde la vereda) e ingresar pidiendo permiso ya que algunos no admiten turistas. Esta manera puede ser una aventura en sí misma, aunque también se puede ir a lo seguro: un ejemplo de ello es la Abyssinian Baptist Church que en la calle 138 ofrece espectáculos que pueden parecer más armados, pero no por eso dejan de fascinar (al contrario).

Quienes imaginan a Harlem como un lugar peligroso, que se olviden: hoy todo Manhattan es un distrito de lo más seguro, y este barrio no es la excepción. Por supuesto que se recomienda recorrerlo de día y evitar sitios muy alejados (sobre todo de noche).

10 – Ferry a Staten Island. Williamsburg

Vista de la isla de Manhattan desde el ferry de Staten Island.
Hay algo que ningún turista que visite NYC puede dejar de hacer: tomar el ferry a Staten Island. Y por qué se trata de una actividad que no se debe dejar pasar?… Primero porque ofrece unas vistas únicas de Manhattan (desde el agua). Segundo porque es un paseo rápido, cómodo y seguro. Tercero porque es gratis. El clásico ferry anaranjado de Staten Island sale cada media hora durante las 24 horas del día desde la estación de Battery Park y va hasta Staten Island y desde allí vuelve a Manhattan, siempre cada 30 minutos. Terminado este corto pero mágico paseo vale la pena hacer una combinación de subtes y llegar a Williamsburg en Brooklyn.

Williamsburg es un barrio con mucha onda, arte y bohemia, y también con mucho estilo (es de alguna manera el SOHO de hace treinta años). Con una movida joven que pinta cuadros en atelieres y grafitis en las calles, Williamsburg ofrece una fisonomía única, con parques a orillas del río East en los que tocan bandas y se hacen ferias y mercados de pulgas, todo, con Manhattan de fondo.

Williamsburg cuenta con muchas tiendas de ropa y bares con muy buenas cervezas, pero nada mejor que el Beacon’s Closets y la Brooklyn Brewery, ubicados uno en frente del otro, sobre la calle 11 y a media cuadra de Berry Street. El primero es un galpón de ropa second hand del que todas y todos hablan y donde, entre otras, suele comprar Madonna. El segundo es una fábrica de deliciosa cerveza artesanal con tours y degustaciones fantásticas: de todos modos la Brooklyn beer se consigue tirada o en botella en muchos bares e incluso supermercados de Nueva York.


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