“¡30 años de democracia!”
Discursos retrospectivos se han propalado a lo largo y a lo ancho del país, difundiendo logros de tan placentera manera de vivir. Pero la realidad, como siempre, indica lo contrario de lo que la política dice, pues los totalitarios gobiernan sin entender que los intentos re-reelectoralistas no están en el ADN democrático. Sindicalistas corporativos y eternos, gobernadores perpetuados (con re-re en gestión, esposas y/o hermanos/as comodines), candidatos testimoniales, funcionarios/candidatos polifuncionales que sirven para cualquier rubro, intendentes a perpetuidad y un electorado cada vez con más desconocimiento de lo que es elegir, de seleccionar una propuesta y de exigir su aplicación; plataformas electorales engañosas que la Justicia Electoral no vela por ellas. En fin, hay parámetros que indican que casi nada hay para festejar, y algunos de ellos lo demuestran. La corrupción está generalizada, la desocupación es alta, la manipulación de datos es una “patraña caudillista”, las mafias ganan terreno, la libertad está en manos de cualquier patotero que te la coarta, jóvenes que delinquen sin estudio ni trabajo. Pero, sobre todo, lo más importante de la democracia: la educación, la cual está en franco deterioro, frente a una dirigencia gobernada por mediocres, sin estadistas que piensen en grande, con campañas publicitarias costosísimas en que adulan su propia figura. Abogados, generalmente manipuladores o patoteros de oscuros antecedentes, ocupan la mayoría de los estamentos “democráticos”. Todos se suben al carro del elogio fácil, con un discurso prearmado, manifestando los valores del sistema, de los beneficios que ellos mismos no están dispuestos a respetar. Se generó una nueva casta social, la de políticos de cualquier nivel, que lo primero que logran es mejorar su estándar de vida. Han armado ampulosos aparatos de gobierno, hasta en las comunas más insignificante, ocasionando cada vez más costos a los contribuyentes y, por supuesto, ¡corrupción! La democracia se practica día a día, en cada acto. La mayoría de los elegidos en cargos ejecutivos tienen el aval de una minoría que los posicionó en ese lugar y, sin embargo, generalmente desconocen a una mayoría que no los votó. Así estamos, sin ahondar en el plano económico, con relatos fantásticos, mientras la realidad dice con crudeza hacia dónde vamos. La energía, uno de los pilares de desarrollo de cualquier sociedad, en estado de sospecha mafiosa intensiva. El agro y la ganadería, otro de los pilares, denostados por la política. Por último, la educación; no hace falta opinar, pues forma parte de esa patria facilista y sin exigencias, de docentes sin vocación, alumnos desinteresados y padres despreocupados. Como reflexión final sugiero que todos los funcionarios, antes de asumir, deberían realizar un curso de instrucción cívica con lectura intensiva de la Constitución nacional y provincial, si correspondiera. Alberto Guglielmetti, DNI 7.688.207 Neuquén
Alberto Guglielmetti, DNI 7.688.207 Neuquén