“40 aniversario del golpe de Estado: reflexiones, evocación y presente”
En enero de 1976 se hablaba diariamente en la mayoría de los lugares de trabajo y en los hogares de la ciudad de Buenos Aires y en casi todo el país sobre la situación social, política y económica que se vivía día tras día desde hacía muchos meses. Se esperaba un cambio, incluso el derrocamiento de un gobierno que en aquellos momentos no acertaba con las medidas necesarias para brindar bienestar, paz y seguridad a sus ciudadanos, mientras como jaurías antagónicas la izquierda y la derecha luchaban para imponer sus intereses. Las calles y los lugares que frecuentábamos se cubrían de una nube sombría que todos tratábamos de despejar intentando continuar con las actividades habituales, conservar o encontrar un trabajo, asistir a clases o hacer las compras en los mercaditos o despensas del barrio. En el interior del país todo era más tranquilo, menos dramático. Era más fácil encontrar la mano o la palabra amigable y menos prejuiciosa del vecino. Aún cuando simpatizábamos con alguna postura política o algún grupo estudiantil, universitario, o intentábamos colaborar con alguna asociación cultural, religiosa o social para defender o proteger a quienes podían ser más vulnerables, muchos, muchos lo hacíamos con la tranquilidad y convicción de creer que lo estábamos haciendo naturalmente, siguiendo una educación en la que la solidaridad y la preocupación por el prójimo nos fueron inculcados desde siempre. Y esa era nuestra “revolución”. Pero nunca pensamos que había otras “revoluciones”, más interesadas en responder a estructuras más poderosas e interesadas en obtener poder y dinero, para obtener más poder y más dinero. Y estos “revolucionarios” optaron por el camino de las armas, asaltos, secuestros y muertes para derrotar a sus enemigos “capitalistas” e imponer la “patria socialista”. Y a partir de ese 24 de marzo de 1976, de ese golpe de Estado dado por las Fuerzas Armadas de la Argentina, todos fuimos víctimas. Seguimos pagando día tras día, año tras año, una maldición que se reaviva y se enquista como un parásito, que se alimenta de todas las falacias, mentiras, ambiciones y egoísmos transformando una teoría política o una postura filosófica en mecanismos inescrupulosos y corruptos para lograr el dinero y el poder que se disputan, a dentelladas, entre ellos. Y hacen su relato, lo siguen haciendo. Hace 40 años que el terrorismo de Estado cometía delitos de lesa humanidad. Combatió a sus enemigos desplegando toda la fuerza y poder de fuego, tortura y muerte que cualquier dictadura es capaz de desplegar. Y no por ello convierte a los otros asesinos en ejemplares virtuosos de la raza humana, ni siquiera en próceres o paladines de una libertad que ninguno de ellos supo defender. La fuerza y el poder del terrorismo de Estado es deplorable y en extremo execrable, pero no transforma al otro terrorismo en virtuosismo ejemplar. Son solo dos caras de una misma moneda en la que una requiere de la otra para constituir esa moneda que tanto poder les da a algunos y tanto les quita de vida y bienestar a otros, a todos esos otros que somos nosotros, los que aún cuando sobrevivimos fuimos despojados de nuestros trabajos, de nuestros proyectos, de nuestros sueños, de nuestros hogares, de nuestras parejas, de nuestros hijos, de nuestras vidas. Peleábamos por eso y fuimos derrotados por los otros, por los que en nombre de una “patria”, de una “creencia” o de una ideología compran su propia mentira y matan siempre, de un lado y del otro. Y mientras tanto, quienes hoy detentan el poder, el gobierno, quienes se supone que nos representan en los recintos legislativos, quienes reciben de todos nosotros el mandato, el poder y el dinero para trabajar de gobernantes, ni siquiera pueden hacer cumplir una ley que ellos mismos dictaron. El señor gobernador de Río Negro debería tener, al menos, la “valentía” de hacerse cargo de lo que no puede o no quiere hacer y, como lo hizo la expresidenta Cristina F. de Kirchner cuando vetó la ley del 82% móvil para los jubilados, debería quizás él también vetar la ley 5042 sancionada por la Legislatura de la provincia, reconociendo un resarcimiento económico para todos aquellos que a partir del 24 de marzo de 1976 fuimos prescindidos o cesanteados en nuestros trabajos en la administración pública provincial, ya que el argumento es que la falta de recursos de la provincia que gobierna no le permite cumplir con las leyes que sancionan sus legisladores. Olivia Salom DNI 5.802.580 Viedma
Olivia Salom DNI 5.802.580 Viedma