ENTREVISTA A LEANDRO ILLIA, HIJO DEL EX PRESIDENTE DE LA NACION: «Sin el '66 en Argentina no hubiese existido el '76»

Cuando un golpe de Estado derrocó a su padre, tenía 19 años y quiso tirar por la ventana a un coronel. Asegura que actualmente no hay República, porque el equilibrio de poderes está menoscabado.

Redacción

Por Redacción

Testigo directo del anteúltimo golpe de Estado, Leandro Illia recuerda cada diálogo que hubo en la Casa Rosada la noche del 28 de junio de 1966.

Abogado, hoy tiene 68 años y asegura que no dejó de militar ni un solo día en el radicalismo, a pesar de que el partido parece no aferrarse a ninguno de los legados de su padre.

Pocos días atrás llegó a Roca para realizar trámites inmobiliarios y conversó con «Río Negro».

¿Es cierto que algunos radicales rionegrinos quieren a otro Illia presidente?

Es cierto… Hay algunos amigos de acá que impulsan esa idea. Pero ya veremos. Por el momento estoy dando charlas en distintas provincias, hablando fundamentalmente del gobierno de don Arturo, que no puede ser ajeno a ningún tipo de conversación.

¿Cómo ve al radicalismo?

Mal, muy mal… En una diáspora desde hace muchos años, que se agudiza. Y es una lástima no sólo para el partido sino también para el país. Cualquier país que se precie de tener una democracia representativa, republicana y federal, con partidos políticos vigorosos, no puede admitir lo que ocurre con los partidos políticos en la Argentina.

¿La democracia argentina padece una debilidad crónica por culpa de los partidos políticos?

Ninguna sociedad se ha desarrollado democráticamente sin partidos vigorosos. Estados Unidos, Inglaterra, Alemania y Francia tienen dos, tres o cuatro partidos vigorosos. En otros países, como Italia, están las coaliciones, que han tenido una madurez política importante que acá parece muy difícil de lograr.

¿Cuánta responsabilidad tiene el propio radicalismo en su presente y cuánta el actual gobierno nacional?

El partido muchísima. La UCR trasunta desde hace años esa diáspora que le mencionaba, con la propia dinámica interna. Una de las causas es la aislación del radicalismo del propio radicalismo. La superestructura ha cumplido un rol que permitió esta disolución ideológica y filosófica de los que representó, representa y representará la Unión Cívica Radical históricamente.

¿Cómo es eso?

Al sobreponerse las estructuras y al decidir por encima y sin los afiliados, se ingresa en un camino muy difícil de recorrer. Eso se exacerba cuando hay un gobierno como el actual, que tiende a la cooptación permanente, tratando de debilitar al partido político opositor con un sentido hegemónico del poder.

Esto vulnera la democracia y las instituciones de la República.

¿Hay República?

En realidad no, porque los poderes que deberían sustentarla quedan totalmente menoscabados. Yo soy asesor del bloque radical en el Senado de la Nación y el rol que tendría que cumplir el parlamento no se respeta.

¿Cómo se compatibiliza este escenario con la gobernabilidad en las provincias? ¿Tiene alguna lógica la actitud de los radicales K?

Si lo interpretamos desde un punto de vista estrictamente ideológico y de la preservación de su propia representación y cómo llegó a ser gobernador por ese partido político, obviamente diría que no, porque no están respondiendo a las bases. Están usufructuando una posición coyuntural en aras de una concertación que no se sabe cuál es tampoco. Por eso vemos que se sustituyen los posicionamientos ideológicos por la necesidad de garantizar la gobernabilidad.

Si es una democracia seria y respetuosa, no tendrían por qué entroncarse en un proyecto que se desconoce. El gobernador queda atado únicamente a un problema de recursos y se ve compelido a dejar de lado otros aspectos sustanciales.

¿Y con quién coincide más? Porque hay radicales «K», «L», «R»…

Ni «K», ni «L», ni nada. Yo soy radical y en eso estoy luchando, tratando de descifrar todo esto.

Analizando el presente del radicalismo desde una mirada joven, de los que sólo supieron de Arturo Illia a partir de los libros, ¿es posible concluir que el legado de su padre quedó en el olvido?

Es probable, pero su obra está en la historia. Yo creo que todavía hay gente en el radicalismo y fuera de él que cree que los modelos como el de don Arturo todavía tienen vigencia.

¿Por qué?

Porque la problemática es la misma. ¿Contra quién luchó don Arturo? Contra los grandes poderosos, la burguesía pseudo nacional que era totalmente entreguista y había pactado con los sectores monopólicos extranjeros, fundamentalmente a través del petróleo y los medicamentos. Es un tema vigente y yo les digo a las actuales generaciones, a los chicos de 20 años, que estudien y vean cómo se hizo esto. Cuando uno profundiza aparecen los ejemplos y don Arturo es un ejemplo viviente, porque lo más importante de su gobierno fue la honestidad intelectual de él.

¿Qué recuerdo tiene de la noche del 28 de junio de 1966?

Un recuerdo muy triste. Yo estuve ahí. Tenía 19 años y estaba junto a mi padre y una hermana cuando entraron los militares. Fue una noche triste en lo personal y afectivo, pero sobre todo para la República. Si no hubiera habido un '66, lo más probable es que en Argentina no hubiese existido el '76. Fíjese la sangre, el desencuentro y la extranjerización de la economía que se hubiese ahorrado el país.

¿Es cierto que quiso tirar a uno de los militares por la ventana del despacho de su padre?

Yo lo quise tirar al coronel Premoli por la ventana porque estaba haciendo ostentación de armas. Mi padre les dijo que eran saboteadores nocturnos, porque venían de noche como ladrones comunes.

Hablamos de los jóvenes de ahora, pero ¿cómo cree que recuerdan los jóvenes de aquella época al ex presidente?

Illia es uno de los pocos hombres de la historia argentina que fue reivindicado por sus propios adversarios, tanto militares como civiles.

¿Y cómo tomó la familia, en este contexto, el caso ocurrido en la Casa Rosada cuando se cumplieron 40 años del golpe a su padre y les prohibieron la entrada?

Es un típico procedimiento autoritario del actual gobierno de la Nación. Ellos estaban notificados sobre nuestras intenciones y no sólo es una miopía política sino también una cosa autoritaria. La gran diferencia entre el radicalismo y el resto de los partidos, principalmente el peronismo, es que nosotros no somos autoritarios.

Su padre tuvo una relación difícil con la prensa y Kirchner ubica a muchos periodistas dentro de la oposición. ¿Es posible trazar una analogía entre ambos casos?

Mi padre sufrió constantes ataques desde la prensa, pero no es lo mismo que lo que ocurre hoy. Actualmente la prensa está amordazada y no hay libertad de prensa. A estos regímenes no les gusta que los critiquen, sin saber que las críticas constructivas coadyuvan al sistema. No se puede basar todo en lo económico, hay un viento de cola generado por el contexto internacional, pero no se puede manejar totalitariamente el Estado.

 

El golpe del 28 de junio

Fernando Sabsay relata así ese día: «Se realizaron reuniones de los altos mandos. El golpe estaba en marcha. El 27 de junio fue relevado y arrestado el comandante del II cuerpo de Ejército, general Carlos Caro, contrario al golpe y por la noche se le informó al presidente, ordenándole abandonar la Casa de Gobierno. Como Illia se negó a dejar el cargo, al día siguiente a las 5:30 el general Julio Alsogaray, acompañado por tres oficiales, se apersonó al presidente y le exigió salir del despacho presidencial; ante la negativa, otra delegación militar acompañada por efectivos del Cuerpo de Guardia de Infantería de la Policía Federal desalojó al presidente y a algunos colaboradores de la Casa Rosada.

El 29 a las 8:55 las Fuerzas Armadas emitieron una proclama: el Manifiesto de la Revolución Argentina. En ella se leía: 'La autoridad cuyo fin último es la protección de la libertad, no puede sostenerse sobre una política que acomode a su arbitrio el albedrío de los ciudadanos (…)'; se refería luego al salario como una estafa y al ahorro una ilusión (…). Todo lo dicho justificaba el acto revolucionario con el único y auténtico fin de salvar la República».

La «Junta Revolucionaria» estaba formada por Pascual Pistarini (Ejército), almirante Benigno Varela (Armada) y Teodoro Alvarez (Aeronáutica). Destituyeron al presidente y al vice, a los gobernadores y vices, disolvieron el Congreso nacional y las legislaturas provinciales y separaron de sus cargos a los miembros de la Corte Suprema y al procurador general. Disueltos los partidos políticos, estableció la vigencia del Acta de la Revolución Argentina por encima de la Constitución nacional.

El 29 de junio asumió la Primera Magistratura el general Juan Carlos Onganía, un líder militar que carecía de experiencia política; con él se inició un gobierno autoritario y centralizado. Ningún presidente anterior llegó a tener un poder tan amplio como el que él ejerció. No hubo reacción popular. La universidad se mostró contraria a la ruptura constitucional y sufrió las consecuencias: la sangrienta 'Noche de los bastones largos'. El poder empresarial esperaba mejores expectativas económicas, los sindicatos procuraron reforzar su poder y la Iglesia, desconcertada, no tenía una posición unánime.

 

 

HUGO ALONSO

halonso@rionegro.com.ar

 


Testigo directo del anteúltimo golpe de Estado, Leandro Illia recuerda cada diálogo que hubo en la Casa Rosada la noche del 28 de junio de 1966.

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