Propuesta peligrosa

De prolongarse la recesión, es posible que la ciudadanía termine reclamando la incorporación de Cavallo al gabinete.

Redacción

Por Redacción

Si bien el Congreso tiene pleno derecho de convocar a elecciones para vicepresidente, no es nada probable que la Alianza le permita hacerlo pronto, por la razón muy sencilla de que el resultado podría herir de muerte a la presidencia de Fernando de la Rúa, mandatario cuya gestión cuenta con la aprobación de apenas el veinte por ciento de la ciudadanía. Quizás éste no sería el caso si la escasa popularidad del presidente se debiera a una lucha heroica por aplicar las medidas dolorosas que cree necesarias, pero ocurre que muy pocos la atribuyen únicamente al «impuestazo» seguido por un «ajuste», con los cuales inició su gestión. A juicio de casi todos, el flanco débil de la presidencia de De la Rúa consiste en su falta de autoridad, en su lentitud exasperante y en su negativa a hacer frente a los muchos corruptos que se encuentran no sólo en el Congreso sino también, se supone, en el seno de su propio gobierno.

Así las cosas, de celebrarse elecciones en los próximos meses, lo previsible sería que las ganara ya un opositor vehemente resuelto a implantar un «modelo» distinto, ya un aliado tan cuestionable como el ex ministro de Economía, Domingo Cavallo. En efecto, al afirmar que estaría más que dispuesto a presentarse, siempre y cuando no lo hiciera Carlos «Chacho» Alvarez, Cavallo parecía dar por descontado que si el gobierno llamara a elecciones simultáneas para cubrir el cargo de vicepresidente y renovar el Senado nacional, la Alianza lo respaldaría por entender que la alternativa sería decididamente peor y que, gracias al apoyo tanto del oficialismo como de una parte significante de la oposición, podría triunfar en ellas con cierta facilidad, de este modo modificando drásticamente el panorama político del país. Después de todo, en tal caso Cavallo gozaría no sólo de su reputación ya consolidada de ser un buen economista y un administrador vigoroso; también llegaría acompañado por el aura especial que brindaría un triunfo electoral acaso contundente.

Aunque en los países de tradición presidencialista como el nuestro la vicepresidencia nunca ha sido un cargo demasiado importante, una campaña electoral convocada a fin de cubrirla supondría que el eventual ganador adquiriría un capital político personal tan grande que no le sería difícil insinuar que en buena lógica debería considerarse el representante genuino de la voluntad popular. Por cierto, de quererlo podría afirmar que por haber despilfarrado De la Rúa su propio capital político, a la mayoría le gustaría que se limitara a cumplir funciones meramente protocolares, dejando los trabajos más significantes en manos del presunto subordinado. Puede que al proponer la iniciativa Cavallo no haya pensado en nada más que en ayudar a De la Rúa, pero aun cuando el ex superministro no soñara jamás con socavar la autoridad de quien será hasta fines del 2003 el presidente constitucional, de verse plebiscitado en comicios convocados en un momento de crisis le sería virtualmente imposible impedir que los demás lo tomaran por el mandatario auténtico. Asimismo, sería de prever que, con o sin la aprobación del propio Cavallo, los partidarios más entusiastas del nuevo vicepresidente comenzaran a presionar a De la Rúa para que respetara el deseo recién manifestado del electoral dando un paso al costado.

De prolongarse mucho más la recesión y la convicción resultante de que ni De la Rúa ni la Alianza en su conjunto están en condiciones de brindar al país la clase de gobierno que claramente necesita, sería por lo menos posible que la ciudadanía terminara reclamando la incorporación de Cavallo al Gabinete. Sin embargo, por ahora los pedidos en tal sentido sólo han sido expresados por los voceros informales de sectores relativamente estrechos, de modo que a Cavallo mismo le convendría esperar un poco más. Como entiende mejor que nadie, a menos que el ex ministro de Economía cuente con el respaldo firme de un presidente muy fuerte, no le será dado lidiar con la multitud de problemas muy graves que están trabando la evolución económica y por lo tanto social del país. Puesto que su hipotético ingreso en el gobierno de resultas de una suerte de referéndum serviría para debilitar aún más a De la Rúa, debería ser el primero en resistirse a tomar en serio la idea hasta agotarse las demás alternativas.


Si bien el Congreso tiene pleno derecho de convocar a elecciones para vicepresidente, no es nada probable que la Alianza le permita hacerlo pronto, por la razón muy sencilla de que el resultado podría herir de muerte a la presidencia de Fernando de la Rúa, mandatario cuya gestión cuenta con la aprobación de apenas el veinte por ciento de la ciudadanía. Quizás éste no sería el caso si la escasa popularidad del presidente se debiera a una lucha heroica por aplicar las medidas dolorosas que cree necesarias, pero ocurre que muy pocos la atribuyen únicamente al "impuestazo" seguido por un "ajuste", con los cuales inició su gestión. A juicio de casi todos, el flanco débil de la presidencia de De la Rúa consiste en su falta de autoridad, en su lentitud exasperante y en su negativa a hacer frente a los muchos corruptos que se encuentran no sólo en el Congreso sino también, se supone, en el seno de su propio gobierno.

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