El síndrome de «agendas vacías»

Síntomas psíquicos se agudizan en vacaciones.

Redacción

Por Redacción

En diciembre, estar «esperando que termine el año» tiene algo de invocación supersticiosa: ahora ya terminó, y lo que queda es una agenda vacía del nuevo año y unas semanas que en la cultura local pueden significar un largo parate en la actividad laboral normal, para muchos quizás hasta forzado (no se habla de los habitantes de localidades turísticas, que están esperando la temporada alta durante todo el año para trabajar a pleno).

«Para 'cambiar el almanaque adentro' hay que cambiar la aceleración», indica el psicoanalista y escritor César Hazaki. Esa disponibilidad para cambiar ese «almanaque interno» dependerá del grado de aceptación de la idea de la llegada de las vacaciones, ya que muchas veces, tener esta información real no im

plica que la persona pueda darse a sí misma esa especie de «permiso» para disfrutar.

El psicoanalista dice que esta dificultad para disminuir el estado de aceleración explica, en gran medida, la frecuencia de accidentes y síntomas (insolaciones, resfríos) en esta época del año: «En última instancia, son formas de no aceptación de la diferencia entre divertirse y pagar un costo corporal por ello», explica.

De todas maneras, la forma más típica de no aceptación del período de ocio es la imposibilidad de bajar el nivel de aceleración durante las vacaciones. Se ve tanto en la persona que va con la notebook a la playa para continuar con su trabajo como, por ejemplo, en el jugador compulsivo que pasa sus va

caciones en el casino para que, de alguna manera, esas jornadas le resulten «productivas». Cuando el período de ocio improductivo se torna impensable, puede terminar volviéndose, además, una experiencia frustrante.

«La vulnerabilidad ante los espacios vacíos -reflexiona Hazaki, en referencia a la «agenda en blanco» -tiene mucho que ver con lo que uno piensa acerca de lo diferente». El famoso juego de Internet Second life, donde el jugador tiene la posibilidad de vivir una vida paralela en el mundo virtual, parece mostrarlo claramente: en lugar de aprovechar esa posibilidad de «ser otro» que da el juego, la mayoría de los participantes eligen, para ese personaje que les tocará «ser», características prácticamente idénticas a las que tiene en la vida real. «Eso puede estar mostrando la dificultad que tenemos para mostrar cambios de gran escala en cuanto a la propia identidad», apuntó.

La agenda vacía de principio de año puede estar representando entonces una situación de imaginario descontrol, de peligro ante la nada, «y es muy probable que uno reaccione ante este vacío reproduciendo lo mismo».

El psicoanalista dice que en el temor a desacelerar se juega, el infundado temor de dejar de ser uno mismo, «como si uno sólo pudiera dejar de ser uno mismo, con esa agenda, con esos rituales, cuando las vacaciones son tal vez la posibilidad de hacer algo distinto, de buscar alternativas».

 

MARCELO RODRÍGUEZ

 


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