Este sector del agro tiene un 2025 brillante: «Nuestro margen sobre ventas supera el 45%»

En un establecimiento agropecuario y agroindustrial con sede en Córdoba, varias unidades de negocio se integran. Entre ellas, hay una que destaca por su rentabilidad y su presente. "Todavía hay mucho potencial", avisa Mario Aguilar Benítez, socio y gerente de la firma.

Por Alan Agustini

Las Chilcas es una empresa familiar con más de cuatro décadas de trayectoria que logró convertir la integración productiva en su sello distintivo. Desde el norte de Córdoba, la firma consolidó un modelo de economía circular donde nada se desperdicia: los granos se transforman en carne, energía y fertilizantes, en un circuito que une sustentabilidad, eficiencia y rentabilidad.

Hoy, el corazón de ese sistema late al ritmo del sector porcino. Con 1.200 madres y una producción anual de 36.000 capones, la granja porcina se convirtió en el motor más rentable del conglomerado productivo. “Tenemos una utilidad muy interesante, con márgenes sobre ventas del 46%. El 2025 será uno de los mejores años de rentabilidad del sector porcino para el productor”, asegura Mario Aguilar Benítez, socio directivo y gerente de Las Chilcas.

El negocio porcino: márgenes altos y en ascenso


El sistema de producción porcina de Las Chilcas está pensado con precisión industrial. Cada madre produce unos 3.950 kilos de capón por año, y los animales alcanzan los 130 kilos de peso promedio en 174 días. La empresa maneja 16 dietas distintas, adaptadas a cada etapa de desarrollo, desde el lechón hasta el capón final.

El 80% del costo del cerdo es la alimentación, y el 90% de eso es maíz y soja. Usamos maíz para la energía y soja para la proteína. El resto son núcleos con aminoácidos para balancear la dieta”, explica Aguilar. Con una estructura productiva, Las Chilcas logra autoabastecerse casi por completo de los insumos que necesita para alimentar a sus animales.

Granja porcina de Las Chilcas. Foto: gentileza Las Chilcas.
Granja porcina de Las Chilcas. Foto: gentileza Las Chilcas.

El resultado es contundente: 4,6 millones de kilos de cerdo producidos al año y una rentabilidad que se ubica entre las más altas del sector agroindustrial argentino. “Nuestro margen sobre ventas supera el 45%. La utilidad es muy interesante y la foto, tremenda: el negocio porcino está muy demandado y con mucha firmeza”, destaca Aguilar.

La producción porcina de la empresa se destina 100% al mercado interno, aunque en el pasado también exportó carne de cerdo. Su estrategia actual se apoya en la fuerte demanda doméstica y en un consumo que no deja de crecer. “La producción porcina en Argentina crece al 6% anual desde hace 15 a 20 años. El consumo per cápita también está aumentando y todavía hay mucho potencial”, afirma.

«La producción porcina en Argentina crece al 6% anual desde hace 15 a 20 años. El consumo per cápita también está aumentando y todavía hay mucho potencial.»

Mario Aguilar Benítez, socio directivo y gerente de Las Chilcas.

Hoy, cada argentino consume unos 16 kilos de carne porcina al año, pero Aguilar ve un horizonte mucho más amplio: “Hasta que no lleguemos a 25 o 30 kilos por habitante, Argentina tiene potencial. Va a pasar: nuestros hijos ya consumen más carne de cerdo que la que nosotros consumíamos a su edad”.

En ese contexto, el plan de Las Chilcas es ambicioso. “Vamos a expandirnos. El master plan es ir a 2.500 madres, todo en Córdoba. Arrancamos con 500, ahora tenemos 1.200 y el siguiente paso es 2.500”, anticipa el empresario.

El negocio bovino de Las Chilcas


Aunque el foco esté puesto en el cerdo, la ganadería bovina sigue siendo una pieza clave en la estructura de Las Chilcas. La firma opera un feedlot en el que termina su hacienda y también realiza hotelería: entre el 60% y el 70% de los animales que engorda son de terceros.

“Alimentamos bovinos y porcinos 100% con producción propia. Lo único que compramos es el núcleo líquido para la dieta, el resto lo generamos nosotros”, explica Aguilar. En el caso de la hacienda propia, los novillos se destinan a exportación, mientras que las vaquillonas van al mercado interno. Toda la recría se realiza a pasto, una estrategia que permite reducir costos y aprovechar mejor los recursos del campo.

«Creo que vienen años buenos para la exportación de carne bovina y también para el consumo interno si se mantienen los niveles actuales.»

Mario Aguilar Benítez, socio directivo y gerente de Las Chilcas.

La visión del empresario sobre el mercado bovino es optimista. “Estamos en un periodo de retención y de liquidación, con menos vacas y menos terneros en el mundo. Eso genera un mercado atractivo, con precios firmes y buena demanda”, analiza. “Creo que vienen años buenos para la exportación y también para el consumo interno si se mantienen los niveles actuales.”

Con una estructura diversificada que combina cría, recría, feedlot y hotelería, Las Chilcas logra buenos resultados en un contexto de alta volatilidad. Y todo ello apoyado en una base agrícola sólida, que le permite producir los granos necesarios para ambas actividades ganaderas.

Economía circular: energía, fertilidad y eficiencia


El concepto de economía circular no es un eslogan en Las Chilcas, sino una práctica tangible que conecta cada unidad productiva. “Buscamos siempre ser más eficientes y lograr una interacción entre las distintas unidades de negocio. Todo tiene que salir en cuatro patas o en alcohol”, resume Aguilar al considerar la distancia que separa sus campos de los puertos de exportación.

El esquema comienza con el maíz, que se transforma en alcohol para biocombustible en la planta inaugurada en 2016. Ese proceso genera dos subproductos clave: burlanda, que se utiliza como alimento en el feedlot, y vinaza, un residuo líquido que alimenta el biodigestor junto con el estiércol bovino y los efluentes porcinos.

Dato

800 hectáreas
Fertirriega Las Chilas con residuos de la producción de biogás.

“El biodigestor produce biogás, que usamos como combustible para la destilería. Con eso reducimos un 30% del costo de producir alcohol, que antes dependía de gas licuado carísimo”, cuenta Aguilar. Pero el ciclo no termina ahí: el digestato resultante del proceso (el biol) se utiliza para fertirrigar los campos, devolviendo al suelo nitrógeno, fósforo y materia orgánica.

Al principio fertirrigábamos 200 hectáreas; hoy estamos en 800 hectáreas. Con ese biofertilizante volvemos a producir maíz y cerramos el ciclo”, describe. De esa forma, la empresa logra energía, alimento y fertilidad en un mismo circuito productivo, sin generar residuos y con un aprovechamiento total de los recursos.

Con más de 40 años de historia, Las Chilcas demuestra que la integración productiva y la sustentabilidad pueden ir de la mano de la rentabilidad. “Buscamos una eficiencia productiva que nos permita ser sustentables ambientalmente, solucionando pasivos ambientales y generando valor en origen”, resume Aguilar.

Mientras el negocio porcino se consolida como el más rentable del grupo y el bovino mantiene su solidez, el sistema de economía circular actúa como el gran articulador de una empresa que logró anticiparse al futuro. En palabras de su gerente: “Lo que tenemos es una economía circular real: energía que vuelve al suelo, carne que se transforma en biogás y fertilidad que reinicia el ciclo. Así logramos producir más y mejor, en equilibrio con el ambiente.”

PERFIL
Mario Aguilar Benítez


  • Empresario agropecuario con más de 20 años de experiencia en gestión de sistemas productivos integrados, combinando agricultura, ganadería y energías renovables.
  • Pionero en la implementación de modelos de economía circular a escala industrial, maximizando el aprovechamiento de recursos y reduciendo el impacto ambiental.
  • Lidera proyectos que posicionan a Las Chilcas como referente nacional en innovación agroindustrial sustentable.
  • Ingeniero Industrial con postgrado en Negocios (University of California Berkeley, USA) y máster en Finanzas (UCEMA, Argentina).

Las Chilcas es una empresa familiar con más de cuatro décadas de trayectoria que logró convertir la integración productiva en su sello distintivo. Desde el norte de Córdoba, la firma consolidó un modelo de economía circular donde nada se desperdicia: los granos se transforman en carne, energía y fertilizantes, en un circuito que une sustentabilidad, eficiencia y rentabilidad.

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