La victoria como trampolín

El triunfo de La Libertad Avanza en Neuquén redefinió el escenario político provincial y colocó a Javier Milei como eje ordenador del resultado. Con bajo nivel de exposición local y una estrategia de cautela frente a Figueroa, el espacio libertario convirtió la elección en punto de partida.

Por Mario Rojas

La victoria de La Libertad Avanza en octubre en Neuquén funcionó como algo más que un éxito electoral. Operó como un trampolín político desde el cual el espacio comenzó a proyectar su crecimiento en la provincia.


El factor nacional y la figura de Milei


El resultado presentó una característica singular: la única figura visible en la boleta fue Nadia Márquez, en una campaña que prescindió de un despliegue personal intenso y apostó a una identidad nacional consolidada. Dentro del equipo libertario se consolidaron dos certezas.

La primera es que el verdadero ganador fue Javier Milei.

El triunfo se produjo en un contexto marcado por su reciente respaldo internacional y por un clima económico atravesado por advertencias sobre desequilibrios financieros.

La segunda certeza indicó que esa centralidad presidencial constituyó una fortaleza.

Sin exponer referentes locales, La Libertad Avanza se impuso frente a una campaña intensa de La Neuquinidad, que recurrió a figuras con alto nivel de conocimiento público, como la conductora de TV y cantante Karina Maureira y Julieta Corroza, funcionaria del megaministerio territorial creado por Rolando Figueroa.


Estrategia de cautela frente a la Gobernación


Luego del resultado, Márquez adoptó una estrategia de extrema cautela. Durante la campaña y en el período posterior evitó observaciones directas sobre la política del gobernador.

Su recorrido político explicó parte de esa prudencia: su llegada a la Legislatura provincial, cargo al que luego renunció, se produjo a través de un partido colectora de Comunidad, fuerza de origen de Figueroa. Desde ambos sectores se sostuvo la existencia de una relación política fluida, sin señales públicas de confrontación.

Esa sintonía quedó expuesta con el reciente encuentro entre el gobernador y el ministro del Interior, Diego Santilli.

Desde el Gobierno nacional se informó que Figueroa expresó su aval a la ley de reforma laboral, convertida en el principal desafío político del oficialismo nacional en febrero. El gesto reforzó una lógica de convivencia pragmática en un escenario de redefiniciones.


Confrontación en la Capital


Mientras mantuvo ese cuidado en el plano provincial, Márquez reactivó el perfil que supo tener en el Concejo Deliberante de Neuquén capital. Allí centró sus críticas en la gestión del intendente Mariano Gaido.

Un posteo en redes sociales, donde Gaido apareció junto a Carlos Quintriqueo, motivó una reacción directa de la senadora, que explicitó la convergencia de intereses entre ambos sectores.

“El hambre y las ganas de comer”, escribió. El conflicto escaló tras una decisión del Ejecutivo municipal vinculada a un beneficio promocionado sin detallar que implicaba facturación plena del servicio de recolección de residuos.

Esa omisión abrió una grieta política que fue ocupada por LLA y por sectores medios de la ciudad, que observaron incrementos de costos en paralelo a un discurso oficial centrado en el superávit fiscal y en beneficios impositivos para comerciantes vinculados a la plusvalía de la obra sobre la avenida Mosconi.


Hacia una proyección territorial


Desde allí se trazaron comparaciones con el escenario nacional. Comenzó a observarse un proceso de adhesión transversal: El espacio libertario detectó simpatizantes en ciudades históricamente gobernadas por el MPN, con intendentes sin posibilidad de reelección, y en municipios sin alineamientos definidos.

En ese mapa, todos los actores políticos entraron en estado de alerta.

Tras una victoria cómoda, La Libertad Avanza no optó por la pausa.

Activó una lógica de campaña permanente, donde el triunfo dejó de representar un punto de llegada y pasó a funcionar como plataforma de proyección.

En ese esquema, la elección de octubre se convirtió en el primer movimiento de una disputa que ya se juega en tiempo presente.


La victoria de La Libertad Avanza en octubre en Neuquén funcionó como algo más que un éxito electoral. Operó como un trampolín político desde el cual el espacio comenzó a proyectar su crecimiento en la provincia.

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