Abejorros y «super insectos»: la tecnología que está jubilando a los agroquímicos en la Patagonia
En el Idevi y el Alto Valle, productores locales incorporan insectos para polinizar y combatir plagas de forma natural. El cambio de paradigma de la mano de Brometan.
Abejorros que polinizan cultivos, insectos que combaten plagas y tecnologías que buscan reducir el uso de agroquímicos forman parte de un cambio que empieza a verse en distintos sistemas productivos. Detrás de esa transición aparece la historia de Brometan, una empresa argentina fundada en 1976 que hoy acompaña a productores frutícolas y hortícolas de la Patagonia, con presencia en zonas como el Alto Valle y el Valle Inferior del río Negro.
Abejorros y bioestimulantes: la nueva era de la agricultura sostenible en la Patagonia
En sus primeros años, la compañía estuvo enfocada principalmente en fumigantes para el tratamiento de suelos, una tecnología muy utilizada en la horticultura de la época. El rumbo comenzó a cambiar en 2004, cuando la empresa fue adquirida por dos grupos familiares que impulsaron una etapa de expansión y modernización, con la incorporación de nuevas tecnologías para el manejo de cultivos y una creciente apuesta por herramientas biológicas.
En ese proceso, los responsables de la compañía comenzaron a recorrer distintos países, especialmente en Europa, para conocer qué tecnologías se estaban aplicando en cultivos intensivos como frutas y hortalizas. La idea era identificar herramientas que pudieran adaptarse a la realidad productiva argentina, según explicaron a Diario RÍO NEGRO, los ingenieros agrónomos Javier Rossi, responsable de la zona sur de Buenos Aires y Patagonia, y Federico Sassano, gerente de Desarrollo en Argentina y Uruguay.
A partir de esos viajes surgieron las primeras alianzas con empresas internacionales y la incorporación de nuevas tecnologías para el manejo de cultivos.
Revolución verde en la Patagonia: presencia en los valles productivos
Brometan cuenta actualmente con presencia en distintas economías regionales del país y tiene actividad en el Alto Valle, el Valle Medio y el Valle Inferior del río Negro, además de la zona que se extiende desde Bahía Blanca hasta el valle inferior del río Colorado.
En el Alto Valle, la empresa trabaja principalmente con la fruticultura, acompañando a productores de manzanas y peras con tecnologías vinculadas al manejo sanitario y la bioestimulación.
En el Valle Inferior, en cambio, el foco está puesto en la horticultura a campo y bajo cubierta, además de cultivos como alfalfa y maíz.

En estas regiones también se desarrolla olivicultura y producciones vinculadas a frutos secos, como nogales, pistachos y almendros, especialmente en áreas productivas del sur de la provincia de Buenos Aires y la costa rionegrina.
El avance del control biológico en Argentina
Uno de los hitos en ese camino fue la alianza con la empresa belga Biobest, especializada en control biológico de plagas y polinización de cultivos.
A partir de ese acuerdo se desarrolló en Argentina una biofábrica donde se crían insectos beneficiosos que luego se liberan en los cultivos para combatir plagas de manera natural. Allí también se producen abejorros utilizados para la polinización.
El control biológico consiste en utilizar organismos vivos —como insectos depredadores o microorganismos— para mantener bajo control a las plagas que afectan a los cultivos. De esta manera se busca reducir el uso de agroquímicos y generar sistemas productivos más equilibrados.
Entre los insectos utilizados se encuentra Bombus atratus, un abejorro nativo de Sudamérica que se adapta a distintas regiones productivas. Las colmenas se colocan directamente en los cultivos y los insectos realizan la polinización de manera natural. En producciones como el tomate bajo invernadero, por ejemplo, este sistema resulta especialmente eficiente. Las flores de este cultivo necesitan vibración para liberar el polen, un fenómeno conocido como polinización por vibración, que los abejorros generan de forma natural al posarse sobre las flores.
En algunos cultivos hortícolas también se liberan insectos beneficiosos para el control de plagas. En tomate, por ejemplo, se utiliza Tupiocoris cucurbitaceus, que ayuda a combatir moscas blancas, arañuelas y, en menor medida, la polilla del tomate. También se aplica Biocontrol Pimiento: Swirskii System (Amblyseius swirskii) + Orius System (Orius insidiosus), utilizados para el control de plagas como mosca blanca y trips.
Esto permite obtener frutos más uniformes y lograr cosechas más parejas a lo largo del ciclo productivo.
Bioestimulantes para enfrentar el estrés del cultivo
Otra de las herramientas que la empresa comenzó a incorporar con el tiempo fue el uso de bioestimulantes. En ese sentido mantiene una alianza con la compañía española Bioibérica, especializada en soluciones biotecnológicas para la agricultura.

Estos productos se elaboran a partir de aminoácidos obtenidos mediante procesos de hidrólisis enzimática y se utilizan para ayudar a las plantas a enfrentar situaciones de estrés provocadas por factores climáticos como calor extremo, heladas o daños por radiación solar.
Según explican desde la empresa, estos bioestimulantes permiten que la planta mantenga su actividad metabólica y continúe desarrollándose incluso en condiciones ambientales adversas.
La compañía también trabaja con soluciones basadas en cobre junto a la firma noruega Nordox, que desarrolló un sistema patentado para obtener partículas micronizadas de cobre utilizadas en la protección de cultivos. Estos productos se utilizan para prevenir enfermedades bacterianas y fúngicas y también para favorecer la cicatrización de las plantas después de las podas.
Un cambio en la forma de producir
Desde la empresa sostienen que muchas de las tecnologías que hoy comienzan a difundirse en Argentina surgieron a partir de experiencias desarrolladas en Europa, donde las exigencias ambientales y comerciales impulsaron sistemas productivos más sustentables.
En ese contexto, herramientas como el control biológico, la polinización natural y los bioestimulantes forman parte de un cambio de paradigma en la agricultura.
Ese enfoque quedó sintetizado en el lema que hoy identifica a la empresa: «Hay otra forma de producir«.
Abejorros que polinizan cultivos, insectos que combaten plagas y tecnologías que buscan reducir el uso de agroquímicos forman parte de un cambio que empieza a verse en distintos sistemas productivos. Detrás de esa transición aparece la historia de Brometan, una empresa argentina fundada en 1976 que hoy acompaña a productores frutícolas y hortícolas de la Patagonia, con presencia en zonas como el Alto Valle y el Valle Inferior del río Negro.
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