La resiliencia del Valle Magdalena: delinean un plan de acción para restaurarlo después del incendio

A poco más de un año de uno de los siniestros ambientales más grandes de Neuquén, científicos y técnicos del Parque Nacional Lanín, junto a expertos internacionales, recorrieron la zona afectada. Planifican una estrategia que permita restaurar la zona y prevenir siniestros futuros ante al cambio climático.

Por Elena Egea

En el Valle Magdalena ya no se escuchan los cantos de las aves. El fuego dejó cicatrices, algunas aún muy sensibles, casi en carne viva. Pero en otras zonas, el ecosistema muestras signos de resiliencia. El verde de las especies rebrotantes comienza a salpicar el paisaje y brinda esperanza frente a tanto dolor. Científicos nacionales e internacionales junto a investigadores y técnicos del Parque Nacional Lanín caminaron por la escena del incendio más grande que sufrió Neuquén, después del siniestro de 1960-1961 ocurrido en el mismo lugar de 2025 y con características similares.


El objetivo fue contrastar en terreno lo que muestran los mapas satelitales elaborados tras el incendio, analizar los sitios con distintos niveles de severidad y ajustar el plan de acción. Además, sirvió para delinear nuevas líneas de investigación que aporten una base científica sólida para la toma de decisiones que permitan restaurar el ecosistema.

Volver al territorio devastado en Valle Magdalena



Regresar a la zona de la catástrofe se atraviesa con todos los sentidos. Agudiza el oído. “Algo que nos llamó la atención en esta recorrida fue el silencio que hay en los lugares de alta severidad, donde el fuego pasó fuerte, se quedó y quemó absolutamente todo”, expresó el Referente del área de Ciencia y Técnica del Parque Nacional Lanín del departamento de Conservación y Manejo, Hernán Attis Beltrán.


Y remarcó: “La falta de presencia de animales nos impactó. No se escuchaba ni el canto de un ave. Es un silencio por momentos aterrador”. Además, se conmovieron con lo que quedó a la vista, las “lengas muertas en pie” y la vegetación consumida.


Aún así, el panorama no es por completo desolador. Ahora que saben “qué es lo que se quemó”, pueden delinear una hoja de ruta. Sin embargo, la heterogeneidad del daño promueve acciones diferenciadas, según sus características: combina múltiples especies, estructuras, edades y diferentes intensidades de fuego.

“Dado que los recursos y las posibilidades concretas de restaurar son finitas y que son procesos muy largos en el tiempo, con una información más detallada podemos tomar mejores decisiones”, recalcó Attis Beltrán.


Por ejemplo, durante la recorrida observaron respuestas contrastantes entre la vegetación. En algunos sectores, aún tratándose de especies rebrotantes, la severidad fue tan alta que las plantas murieron y ya no tienen capacidad de rebrotar. En otras áreas, se ven brotes de especies rebrotantes y herbáceas cubriendo el sotobosque. “Son claves para los primeros pasos de la sucesión, además muestran la resiliencia del ecosistema”, subrayó.

Los brotes de herbáceas anticipan la resiliencia del valle. (Gentileza).

El plan a corto y largo plazo para restaurar el Valle Magdalena



Más allá del diagnóstico y la elaboración de mapas, el trabajo físico en el territorio ya comenzó. Hasta el momento, la tarea prioritaria fue, y sigue siendo, frenar las amenazas externas. Attis Beltrán destacó el esfuerzo conjunto entre Parques Nacionales, la provincia, el Ejército y las comunidades locales. Además, valoró la participación de Proyecto Pewen, que aportó materiales para los alambrados y financiamiento para la articulación con los científicos.

Estos “cerramientos” blindan las zonas quemadas para evitar el ingreso de ganado y animales exóticos que, al pisotear y comer los brotes tiernos, volverían inviable cualquier renacer del bosque.


Con el terreno protegido, el siguiente paso es la paciencia activa. “Tenemos identificadas las áreas donde hay que accionar plantando cuando se den las condiciones, porque ahora el ecosistema necesita cicatrizar”, explicó el especialista. Mientras tanto, se priorizará la “restauración pasiva” en las zonas con capacidad de regenerarse solas y se iniciará la cosecha de semillas para futuras reforestaciones.


A largo plazo, el desafío será el monitoreo constante: cámaras trampa y grabadores de sonido intentarán captar el regreso paulatino de la fauna para romper ese silencio que hoy duele. La meta final, subrayó Attis Beltrán, es “evitar que el posfuego derive en una degradación permanente y lograr que el bosque vuelva”.

Dos incendios, un mismo valle: lecciones de 1960 a 2025


La historia del Valle Magdalena parece repetirse, pero con matices que alertan sobre un futuro ambiental cada vez más complejo. El referente del área de Ciencia y Técnica del Parque Nacional Lanín, Hernán Attis Beltrán, señaló que el incendio de 2025 prácticamente calcó la huella de una catástrofe ocurrida más de seis décadas atrás. Comprender las similitudes y diferencias entre ambos siniestros resulta crucial para anticipar cómo responderá el bosque patagónico ante nuevos fenómenos ambientales.


Según los registros históricos y el análisis actual de los especialistas, el incendio de la temporada 1960/1961 afectó unas 9.400 hectáreas. El fuego de 2025 replicó casi con exactitud el perímetro de aquel evento, aunque con una magnitud mayor: las estimaciones ajustadas indican que esta vez las llamas arrasaron cerca de 15.000 hectáreas.


¿Por qué se comportaron de manera tan similar? La respuesta yace en la estructura del paisaje. A pesar de los 65 años de diferencia, la topografía (pendientes, cañadones), la exposición solar y los corredores de viento siguen siendo los mismos. Attis Beltrán señaló que la vegetación combustible, ante este nuevo siniestro, ya se había recuperado lo suficiente como para alimentar un fuego de características análogas.

Científicos y técnicos recorrieron el Valle Magdalena. (Foto: Gentileza).


Sin embargo, el contexto cambió drásticamente. Indicó que mientras que en 1960 el clima presentaba ciclos más estables, el incendio de 2025 ocurrió bajo la presión del cambio climático global. Las sequías prolongadas y las temperaturas extremas de los últimos veranos generaron condiciones de “estrés hídrico” previo en la vegetación, lo que facilitó una propagación más voraz y, en muchos sectores, una severidad letal para el suelo y los bancos de semillas.


Esta diferencia es la que más preocupa a los científicos: la capacidad de resiliencia del bosque no es la misma que hace medio siglo. Si bien las especies nativas como el ñire o la araucaria han evolucionado conviviendo con el fuego, la frecuencia e intensidad actual de los fenómenos podría superar su umbral de recuperación natural.


Identificar estos patrones configura una base para el “manejo adaptativo”. Saber que el fuego tiende a “copiar” recorridos históricos permite diseñar mejores estrategias de prevención y combate para el futuro. Además, alerta sobre un riesgo latente: si un tercer incendio ocurriera en el corto plazo sobre esta misma zona, el daño podría ser irreversible.


Attis Beltrán advirtió que el bosque ya no tendría tiempo ni recursos biológicos para volver a nacer. Por eso, el plan de restauración debe apuntar a un contexto más complejo y asistir a la naturaleza para que cicatrice heridas en un mundo más hostil que el de 1960.

Cómo fue el operativo del incendio en Valle Magdalena


El incendio en el Valle Magdalena, iniciado el 30 de enero de 2025, consumió una superficie ajustada de aproximadamente 15.200 hectáreas dentro de la jurisdicción provincial y del Parque Nacional Lanín.
Factores como las condiciones meteorológicas adversas, incluyendo vientos intensos, ráfagas extremas, la compleja topografía del área y una sequía prolongada, favorecieron su propagación.

Incendio en Valle Magdalena, en Neuquén. Foto: Gentileza Parque Nacional Lanín.


Para contenerlo, se desplegó un amplio operativo interinstitucional con más de 1.000 brigadistas y 17 medios aéreos. Resultó “contenido” en marzo y declararlo “controlado” en abril. Este estatus técnico implicó que el avance del fuego fue detenido y rodeado por líneas de control, aunque las tareas de enfriamiento y monitoreo exhaustivo continuaron por más tiempo.


El referente del área de Ciencia y Técnica del Parque Nacional Lanín, Hernán Attis Beltrán, indicó que ahora el desafío se centra en un manejo adaptativo: la protección de áreas mediante alambrados para mitigar la herbivoría, la planificación de cosechas de semillas y un monitoreo ecológico continuo para guiar la restauración y prevenir la degradación permanente.


En el Valle Magdalena ya no se escuchan los cantos de las aves. El fuego dejó cicatrices, algunas aún muy sensibles, casi en carne viva. Pero en otras zonas, el ecosistema muestras signos de resiliencia. El verde de las especies rebrotantes comienza a salpicar el paisaje y brinda esperanza frente a tanto dolor. Científicos nacionales e internacionales junto a investigadores y técnicos del Parque Nacional Lanín caminaron por la escena del incendio más grande que sufrió Neuquén, después del siniestro de 1960-1961 ocurrido en el mismo lugar de 2025 y con características similares.

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