¿Es posible la inversión privada en Cuba?

En marzo de 2026, el gobierno autorizó la creación de empresas mixtas entre el Estado y el sector privado. Y la posibilidad para que los cubanos de la diáspora puedan invertir en la isla.

Redacción

Por Redacción

Gerard Martínez/AFP


Cuba anunció esta semana que permitirá a sus emigrados invertir y crear empresas en la isla, sumida en una crisis económica y energética. En Miami, epicentro de la diáspora, empresarios cubanos desean contribuir a la economía de su país, pero coinciden en que las condiciones aún no están reunidas.

Nacionalizaciones en la década de 1960, tímidas reformas en la de 1990 y luego expansión de las pequeñas y medianas empresas a partir de 2021: el sector privado en Cuba ha atravesado sucesivos ciclos de aperturas y restricciones, funcionando como válvula de escape para el gobierno en momentos de crisis económica.

Las grandes empresas privadas existieron, tanto nacionales como extranjeras en Cuba hasta 1962, y los pequeños negocios y empresas familiares hasta 1968, cuando fueron nacionalizados por el gobierno comunista que llegó al poder en 1959.

En 1993, en plena crisis económica provocada por la caída de la URSS, conocida en Cuba como el “periodo especial”, el gobierno autoriza a los cubanos a convertirse en “trabajadores por cuenta propia” (TCP).

En 2010, y bajo el gobierno del presidente Raúl Castro (2006-2018), Cuba autorizó la expansión del trabajo por cuenta propia, permitiendo contratación de mano de obra y diversificación de actividades.

En 2021, por primera vez en medio siglo, fueron autorizadas las pequeñas y medianas empresas (Mypimes). Pueden emplear hasta 100 trabajadores, pero no pueden ejercer en las profesiones liberales ni en los sectores estratégicos.

En marzo de 2026, el gobierno autorizó la creación de empresas mixtas entre el Estado y el sector privado. Y la posibilidad para que los cubanos de la diáspora puedan invertir en la isla.

Para Hugo Cancio, dueño del medio digital OnCuba y de Katapulk, un supermercado en línea que permite la compra y entrega de productos en Cuba, la iniciativa del gobierno comunista de La Habana es un paso en la buena dirección.

“Claro que invertiría en Cuba y además lo haría con mucho gusto. ¿Sabe por qué? Porque no solamente es una inversión, estaría ayudando a la reconstrucción de mi país”, dice el empresario.

Posiciones encontradas


No todos los cubanos de Miami celebran, sin embargo, la propuesta para invertir. Iván Herrera, director ejecutivo de la aseguradora Univista, la considera “una gran estafa” y no entiende que algunos se planteen hacerlo bajo el gobierno actual.

“No creo que ningún empresario, ningún cubano exiliado políticamente, vaya a invertir en esa isla donde no hay nada jurídico”, afirma.

El anuncio llega en un periodo convulso para Cuba. En el país caribeño, hundido en una larga crisis económica y política, la escasez de productos básicos empeora a diario y se multiplican los apagones, desde que Estados Unidos impuso un bloqueo petrolero de facto.

La administración de Donald Trump cortó la llegada del crudo venezolano tras la operación militar con la que derrocó al presidente Nicolás Maduro en enero en Caracas, y amenazó con sancionar a los países que le vendieran petróleo a la isla.

Trump dijo el lunes pasado que espera tener “el honor de tomar Cuba, de alguna manera” y habló de “liberar” el país, en medio de conversaciones con La Habana.

Carlos Saladrigas, presidente de la empresa de recursos humanos Regis HR Group y del laboratorio de ideas Cuba Study Group, recibió el anuncio con sentimientos encontrados.

Lo considera positivo porque ve “necesario para el futuro de Cuba reintegrar a la diáspora en la vida económica del país”. Pero, al igual que Cancio, cree que las autoridades cubanas tienen que resolver muchos interrogantes para atraer inversiones.

Pedro Freyre, abogado cubanoestadounidense especializado en el marco regulatorio de la isla, la considera un sitio de inversión “extremadamente riesgoso”.

Según él, esto se debe a que el sistema bancario no funciona, la moneda es muy inestable, no hay un Estado de derecho que garantice la propiedad privada, la economía centralizada ha fracasado y la infraestructura está “totalmente desmoronada”.

“Es muy difícil pensar: ‘Voy a tomar el dinero que he guardado toda mi vida para poner un McDonald’s en el malecón (de La Habana) cuando no sé si hay luz, agua o si el malecón se va a desplomar en el mar’”, dice.

Problemas legales


A esos obstáculos se suma que, en virtud del embargo impuesto por Estados Unidos a Cuba en los años 1960, Washington debe autorizar a sus residentes a hacer negocios en la isla.

Herrera, cuyo abuelo fue preso político en Cuba durante 12 años antes de refugiarse en Miami, se niega a invertir bajo el gobierno actual, al que califica de “delincuente” y “asesino”. Pero sí quiere hacerlo “cuando haya una Cuba libre”, por sus compatriotas que necesitan viviendas, infraestructuras, alcantarillados y electricidad, argumenta.

Para Cancio y Saladrigas, la apertura económica puede empujar hacia una apertura política. El fundador de Katapulk sueña con una Cuba “más abierta, inclusiva y participativa” y, aunque considera que el historial de promesas incumplidas del poder comunista no invita al optimismo, cree que se puede avanzar. “La confianza o se siente o se construye. Ahora mismo no se siente, pero se puede construir”, zanja.



Cuba anunció esta semana que permitirá a sus emigrados invertir y crear empresas en la isla, sumida en una crisis económica y energética. En Miami, epicentro de la diáspora, empresarios cubanos desean contribuir a la economía de su país, pero coinciden en que las condiciones aún no están reunidas.

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