En el corazón de la estepa, se inauguró el Paleoparque Comallo, una propuesta diferente de paleontología
El predio cuenta con una sala de cine, una de exhibición y tres senderos para disfrutar las réplicas de animales en tamaño real.
Cuando tenía apenas 11 años, supo que había encontrado algo grande, fascinante. Y las investigaciones le dieron la razón: había hallado los restos del «ave de terror» que tiempo después, sería bautizada como Kelenken Guillermoi. Jamás imaginó que ese descubrimiento lo llevaría por el camino de la paleontología y que 27 años después, regresaría a Comallo, el pueblo donde nació, para impulsar del Paleoparque y con él, el turismo científico.
Con un conteo multitudinario de 10, la cortina roja se abrió de par en par y el público aplaudió exultante por la apertura del primer paseo paleontológico de la zona. Una máquina empezó a lanzar papeles de colores y los gritos resonaron en esta localidad de la Línea Sur, ubicada a 112 kilómetros de Bariloche, que cumplió 108 años.

«Es una propuesta distinta a lo que tenemos de paleontología en la Patagonia que suele estar focalizada en los dinosaurios. Nosotros quisimos hablar de lo que pasó después de la extinción de los dinosaurios, en la era de los mamíferos«, cuenta orgulloso Guillermo Aguirrezabala, técnico paleontológico de Comallo y director científico del Paleoparque.
Acota que «cuando el planeta entró en crisis, se produjo una gran extinción y poco a poco se recompusieron los ecosistemas. Otra variedad de grupos de animales colonizaron estos ambientes. La propuesta fue entender la Patagonia actual».

El Paleoparque está emplazado en el casco urbano de Comallo, próximo a las vías del tren que atraviesa la región sur rionegrina. Es una de las áreas menos urbanizadas ya que el tipo de rocas no son convenientes para urbanizar. Pero al mismo tiempo, resulta una zona ideal para encontrar fósiles. De hecho, exactamente en ese rincón estepario, Guillermo encontró los restos del Kelenken en 1999 cuando era apenas un niño que solía salir a caminar en busca de piedras preciosas y fósiles desparramados por la estepa.
¿Por qué se lo llamó Kelenken? Porque es un ser mitológico tehuelche personificado en forma de ave. Se le agregó «Guillermoi» en honor a su descubridor. «Lo cierto es que ese fósil fue la semilla de este deseo de impulsar la paleontología en la zona«, subraya Guillermo que estudió Paleontología en La Plata y luego de trabajar en el Museo de Ciencias Naturales de Buenos Aires, regresó a Bariloche en 2008.

El registro fósil de esta zona, puntualiza, muestra que hace 30 millones de años el ambiente era completamente distinto. De hecho, había monos. «Tenemos registros de troncos fósiles, de selva, de ambientes mucho más cálidos y mucho más arbolado. ¿Qué pasó? La cordillera de los Andes no estaba. Con el choque de placas, crece la cordillera, como una gran barrera. Entonces, los vientos húmedos que venían del Pacífico empezaron a mermar. Esos frentes húmedos tienen que elevarse y, con la elevación se enfrían, se condensan y precipitan del lado de Chile. De aquel lado queda una selva valdiviana y de este lado, el desierto», menciona.
Así los ecosistemas fueron cambiando, algunos animales se extinguieron y otros se fueron adaptando. Y esa es, en definitiva, la propuesta: contar qué pasó para tener esta estepa, estas montañas, animales y plantas.

Nosotros quisimos divulgar todo estos conocimientos a la gente. Que quienes vengan a Comallo no solo vean ‘una montaña de rocas’ sino que conozca la historia de esa montaña, de esa fauna»,
Guillermo Aguirrezabala, técnico en paleontología y director científicio del Paleoparque Comallo.
Una propuesta pedagógica «en un paisaje lunar»
El Paleoparque está emplazado en un predio de dos manzanas y se diseñó de manera modular. El edificio cuenta con una sala de cine, una de exhibición, un bar confitería para recibir el turismo, un espacio para la venta de merchandising y cuenta con baños. «En este predio, la geología es muy linda porque parece un paisaje lunar«, describe.
El guión del paseo fue coordinado por Guillermo, junto a un grupo de geólogos y paleontólogos. En la sala de exhibición se muestra la parte histórica con las primeras exploraciones en Comallo a fines de 1800 y principios de 1900.

En la parte posterior del predio, se proponen tres recorridos, a través de senderos de unos 300 metros, para disfrutar de las réplicas de animales en tamaño real que resaltan en el terreno de tierra. Y de fondo resaltan montañas de roca de poca altura. La cartelería aporta información de cada animal.
El recorrido dura entre 20 y 30 minutos. «Uno va viajando en el tiempo, partiendo de hace 30 millones de años atrás y viendo cómo cambia el paisaje a través de láminas, dibujos y esculturas a escala real de los animales que vivían en esos distintos momentos. Las esculturas corresponden a ‘paleoartistas’ de la región», advierte.

El proyecto se ideó en 2017 aunque en un primer momento, la intención fue colocar esculturas al lado de la Ruta 23. El proyecto se tornó más ambicioso. «La idea es que uno venga y se asombre con las esculturas y se imagine estos mundos. Que la gente sepa que el crecimiento de una cordillera puede provocar un cambio climático tan abrupto como pasar de una selva a un desierto», concluye este apasionado de la paleontología.
El dato
- 463.247.000
- pesos fue la inversión para poner en marcha el Paleoparque.

Comallo cumplió 108 años y lo celebró en la plaza principal de la localidad que hoy registra 3 mil habitantes. Policías, enfemeros, médicos, docentes, niños se sumaron a media mañana del lunes para celebrar un nuevo aniversario.
En el acto, hubo reconocimientos para dos antiguas pobladoras, como Gumersinda Cabrera, de 91 años, y Paula Antrichipay, de 87 años que, hoy sigue tejiendo medias de lana.

Cuando tenía apenas 11 años, supo que había encontrado algo grande, fascinante. Y las investigaciones le dieron la razón: había hallado los restos del "ave de terror" que tiempo después, sería bautizada como Kelenken Guillermoi. Jamás imaginó que ese descubrimiento lo llevaría por el camino de la paleontología y que 27 años después, regresaría a Comallo, el pueblo donde nació, para impulsar del Paleoparque y con él, el turismo científico.
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