Aulas que leen el mundo: Diario RíO NEGRO en un proyecto educativo

Inspirados en la pedagogía de Freinet y con el impulso de sus docentes y Diario RÍO NEGRO, miles de alumnos de General Roca transformaron sus realidades en noticias, una valiosa experiencia colectiva que les permitió investigar, escribir y publicar.

Por Natalia Grossenbacher y Fernando Samuel ***

Más de una persona en tiempos de IA y Google se pregunta por el sentido actual de la escuela, como si su función fuera proveer información. Descartado este falaz razonamiento, partimos de una certeza ya expresada por Paulo Freire: la educación puede ser emancipadora o bien reproductora de la opresión, por lo que, en ambos casos, es profundamente política. Incluso, si quisiéramos intencionalmente despolitizarla.

En este marco, la palabra en la escuela puede ser una herramienta para la propia expresión y para el ejercicio de una ciudadanía de derechos o -por el contrario- puede transformarse en un ejercicio mecánico, carente de sentido para los estudiantes; una obligación a cumplir con un docente que dictamina qué y cómo decir, qué y cómo leer; y, como decía Freire, leer es leer el mundo. Es quien enseña el que elige qué postura política tomar.

En la escuela tenemos la opción de hacer lugar a la palabra y a la expresión de las y los niños, escuchar lo que tienen para decir, brindar herramientas para que la usen libre y autónomamente, en un ejercicio de búsqueda y puesta en acción de su propia voz. Nuestras comunidades educativas tienen mucho para decir: saberes para compartir, problemáticas propias para describir y ponerles nombre.

Como siempre ocurre, los sectores más vulnerables, vinculados con la escuela pública, son los que menos herramientas tienen para ejercer el derecho de la palabra, en una sociedad sobrepasada de discursos que hablan por ellos, o que fabrican humo tras el cual esos sectores quedan invisibilizados.

Hace cien años, en una escuela de un pueblo de Francia, el docente y pedagogo Célestin Freinet incorporó la imprenta de tipos móviles a su clase como recurso para enseñar. Con esta tecnología, las y los niños escribían su propio periódico. Freinet sostenía que “escribir un periódico constituye una operación muy diferente a ennegrecer un cuaderno individual”. Los niños tienen que ser leídos, no sólo por su docente -decía-, porque a medida que ven sus escritos publicados, se despierta más curiosidad, más deseos de saber y de aprender.

Inspirados en esta idea, hace unos veinte años, en General Roca, algunos docentes nos aventuramos a repetir la experiencia, con el auspicio del Diario RIO NEGRO que imprimía el periódico, sin costo para las escuelas.

El proyecto empezó con tres secciones de quinto grado de tres escuelas primarias y luego se fueron sumando más docentes de diferentes instituciones, mientras otros -por cambios de cargo o de funciones- lo iban dejando. El proyecto siguió pasando, como en un juego de postas. Decenas de docentes y miles de niños vivieron la experiencia de investigar, escribir y publicar, hasta 2019, cuando fue interrumpido por la pandemia de COVID 19.

Durante ese tiempo la revista publicada fue asumiendo diferentes estilos, diferentes nombres, diferentes lógicas en su armado, pero siempre mantuvo la misma idea: “ los niños tienen que ser leídos”. Los chicos, las chicas y las familias de las escuelas fueron poniendo sus voces en las páginas de estos periódicos, voces que decidieron contar aquello que necesitaron expresar y publicar.

En sus páginas se narraron historias de personajes vecinales, crónicas de los fines de semanas en los barrios, proyectos pedagógicos realizados en las escuelas, viajes. Hubo muchas recomendaciones de libros, juegos para los lectores. Supimos sobre bibliotecas y organizaciones barriales, actividades deportivas y culturales y sobre problemáticas edilicias en las escuelas -que sólo quienes las viven las pueden describir-. Conocimos cómo algunos tienen que convivir con la basura que tira buena parte de la ciudad, cómo se compone el trabajo de los adultos, en términos sencillos: blanco, negro, changarín o autónomo. Hasta los más pequeños, que recién se estaban alfabetizando, compartieron recetas de cocina, en pocas palabras y muchas imágenes. La lista de temas publicados es enorme.

Y no solo escribieron y publicaron, porque ocupar el lugar de la producción de los discursos (ya no hablamos de tareas que lee solo el docente, sino de discursos) impacta directamente en las formas de lectura. Luego de la experiencia, ya no leyeron con la misma actitud: cuando se ha tenido que resolver el problema retórico que es la escritura, se lee a contrapelo, observando cómo otras personas lo resolvieron. Cuando conocen “la cocina” y tienen que decidir si un tema es publicable o no, las niñas y niños se transforman en lectores críticos, porque ya entendieron que los hechos también se podrían haber contado de otra manera.

La experiencia los posicionó en lugares de protagonismo que les permitieron reconocerse actores sociales, no sólo espectadores o consumidores. Y uno de los aspectos que más valoraron en sus posteriores reflexiones fue el trabajo colectivo, hoy casi una utopía.

Podemos decir también que el Concejo Deliberante de la ciudad declaró de interés este proyecto pedagógico y periodístico. Pero más interesa rescatar que aquella agenda periodística tan particular precisamente interpelaba las jerarquías de la importancia y del interés público. De alguna manera nos decía: esto es lo que (nos) importa.

Quienes participamos del proyecto lo hicimos convencidos de que la educación pública, entre otras cosas, aporta en la construcción de formas de ver y entender el mundo. El periódico se convirtió en el medio por el cual chicos y chicas de las escuelas pudieron mostrar a la comunidad sus inquietudes, sus necesidades y sus intereses desde la mirada de la niñez, desde su propia mirada del mundo.

* Docentes del Instituto de Formación Docente Continua (IFDC) Fiske Menuco de General Roca.


Más de una persona en tiempos de IA y Google se pregunta por el sentido actual de la escuela, como si su función fuera proveer información. Descartado este falaz razonamiento, partimos de una certeza ya expresada por Paulo Freire: la educación puede ser emancipadora o bien reproductora de la opresión, por lo que, en ambos casos, es profundamente política. Incluso, si quisiéramos intencionalmente despolitizarla.

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora

Comentarios