“Noche negra”: una mujer sola frente al miedo y la violencia en la selva

En su nueva novela, la escritora colombiana Pilar Quintana narra cuatro días en la selva colombiana que desarman cualquier fantasía de vida salvaje. Una historia sobre miedo, violencia, prejuicio y supervivencia, contada desde el cuerpo y la conciencia de una mujer sola.

Por Verónica Bonacchi

Rosa y Gene, colombiana ella, irlandés él, cumplen su sueño. Uno de esos deseos extremos: dejar todo el confort de la ciudad, las pertenencias y los trabajos para irse a vivir a la selva, sin nada más que sus pocas habilidades. Es un terreno indómito, a orillas del Pacífico, una porción de tierra que hay que desmalezar, y que nunca será mansa, por más machetes, ímpetu, y voluntad que le pongan. No tienen muchos vecinos cerca, apenas a Israel, el “cuidandero” de esas hectáreas; un ingeniero que aparece de vez en cuando; Rodrigo, que escapa de sus adicciones, y un poco más lejos Nato, un nativo del lugar que motosierra en mano, tala árboles, o se mete al mar a conseguir algo de pesca. Pero son Rosa, sus miedos y la selva los verdaderos protagonista de “Noche negra”, la nueva novela de la colombiana Pilar Quintana que acaba de publicar Alfaguara.


Rosa tiene esperanzas y no añora su pasado. Ve que la casa, precaria, rústica, va tomando forma. Aprende a hacer sus necesidades en un balde, a bañarse en el agua que brota de la tierra, a pelear contra las termitas, a distinguir las serpientes venenosas, y los vampiros de los murciélagos; a moverse a oscuras, a soportar jejenes, a escuchar el silencio aterrador.


Con Rosa como protagonista principal, y Gene, el irlandés blanco como la leche, que habla un castellano un poco defectuoso, y al que todos llaman el gringo muy a pesar , “Noche negra”, la novela de Pilar Quintana transcurre en apenas cuatro días. Son los cuatro capítulos del libro: domingo, lunes, martes, y miércoles, que será esa noche negra del título, la de la luna nueva y la oscuridad total. Cuatro días -cuatro noches- que podrían parecerse mucho unos a otros, en sus rutinas imprescindibles, de las que no se escapa nadie ni aún viviendo en un medio salvaje, o sobre todo viviendo en un medio salvaje, que transforman el idilio romántico de la vida salvaje en un presente perturbador y ominoso.


El domingo, Gene debe viajar a la ciudad, en un barco, para hacer los trámite de su visa. Iban a ir juntos, pero la casa, sin puertas ni ventana seguras -apenas unos toldos negros que enrollan y desenrollan- no puede quedar sola. Tienen dinero, unos pocos muebles, unas gallinas que alimentar. Entonces, Rosa se queda sola.


Tras despedir a Gene y pedirle que el miércoles llame al único bar del pueblo para avisar cómo van los trámites, Rosa empieza a sentir miedo.


Es un miedo que puede ser real -y lo es- o imaginario -y en muchos casos puede serlo-. Pero, en cuaquier caso, es un miedo que la lleva a enfrentarse con algo mucho más oscuro y bestial que lo que la selva puede esconder, que lo que los hombres que viven cerca pueden despertarle; un miedo mucho más feroz que el que su pasado puede alimentar.


La historia que cuenta Pilar Quintana, en esos cuatro días, condensa los terrores a los que una mujer puede enfrentarse cuando queda sola: el miedo a la intemperie, a los cuerpos ajenos, a la violencia explícita o larvada, pero también —y sobre todo— a sí misma. Porque «Noche negra» no es una novela sobre la selva como escenario exótico, sino sobre ese punto en el que caen las capas civilizatorias y aparecen los impulsos más primarios. La selva no es aquí la amenaza principal, sino el espejo que devuelve, sin filtros, aquello que preferimos no mirar.


Lejos de cualquier romanticismo, Quintana escribe una novela incómoda, tensa, oscura, en la que la rutina mínima —lavar, esperar, escuchar, intentar dormir— se vuelve un terreno de peligro. Y en ese cruce entre miedo, prejuicio y supervivencia, Rosa se convierte en una figura poderosa y perturbadora: una mujer obligada a descubrir hasta dónde llega su propia violencia para poder seguir viva.


Rosa y Gene, colombiana ella, irlandés él, cumplen su sueño. Uno de esos deseos extremos: dejar todo el confort de la ciudad, las pertenencias y los trabajos para irse a vivir a la selva, sin nada más que sus pocas habilidades. Es un terreno indómito, a orillas del Pacífico, una porción de tierra que hay que desmalezar, y que nunca será mansa, por más machetes, ímpetu, y voluntad que le pongan. No tienen muchos vecinos cerca, apenas a Israel, el “cuidandero” de esas hectáreas; un ingeniero que aparece de vez en cuando; Rodrigo, que escapa de sus adicciones, y un poco más lejos Nato, un nativo del lugar que motosierra en mano, tala árboles, o se mete al mar a conseguir algo de pesca. Pero son Rosa, sus miedos y la selva los verdaderos protagonista de “Noche negra”, la nueva novela de la colombiana Pilar Quintana que acaba de publicar Alfaguara.

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