Hantavirus: qué sabe el mundo científico de la cepa Andes, confirmada en el crucero, y por qué preocupa

Hay gran cantidad de cepas del virus en todo el mundo. En Argentina son seis, pero la variante Andes, característica en Neuquén, Río Negro y Chubut, es la única en la que el contagio puede ser interhumano. Un investigador realizó capturas del roedor en Chubut para analizar su comportamiento.

Por Lorena Roncarolo

Las autoridades sanitarias identificaron que los ocho casos asociados al brote de hantavirus en el buque MV Hondius que zarpó de Ushuaia el primero de abril corresponden al virus Andes, endémico en Argentina y Chile. En el país, su circulación se documentó especialmente en Chubut, Río Negro y Neuquén.

Argentina registra seis cepas de hantavirus en el norte, centro y sur del país. Pero la cepa Andes, característica de la zona andina patagónica, tiene una particularidad que hoy despierta la atención a nivel mundial. Registra menos contagios anuales en promedio, aunque la letalidad es más alta. Y el contagio es interhumano.

Argentina tiene alrededor de menos de 200 casos de hantavirus por año. El 50% se da en el norte -aunque con menor cantidad de muertes-; el 30% en el centro (la letalidad promedia el número de contagios) y el 20% restante en Patagonia, donde los casos son más letales.

La cepa Andes siempre llamó la atención porque, en la década del 90, se comprobó que el contagio puede darse de ratón a humano y también es interhumano.

«Hay reportes de contagios interhumanos con la cepa de Buenos Aires, pero no se pudo terminar de confirmar. Pongo el ejemplo de una persona que estuvo en la zona Andina y volvió a Buenos Aires. Esa persona enferma viajó en micro a Mar del Plata. El que estaba al lado se enfermó con la cepa Andes, pero no había estado en Patagonia«, puso como ejemplo la bióloga Ayelén Iglesias, que se desempeñó muchos años en el Laboratorio Nacional de Referencia para Hantavirus del Instituto Malbrán. Desde 2021, integra el Laboratorio de Biología Molecular del hospital Ramón Carrillo de Bariloche.

Ayelén Iglesias es bióloga y durante muchos años trabajó en el Laboratorio Nacional de Referencias para Hantavirus del Instituto Malbrán. Ahora, trabaja en Bariloche. Foto: Alfredo Leiva

Ese ejemplo podría aplicar para los contagios de hantavirus en el crucero. Sucede que el caso índice presentó síntomas a los pocos días de subir al barco, lo que lleva a descartar una infección en ese lugar. De todos modos, los especialistas del Instituto Malbrán impulsarán una captura de roedores en Ushuaia para determinar si hay población de roedores infectados.

«¿Qué tanto se ha investigado sobre hantavirus?», se consultó. «La realidad es que no se ha avanzado mucho por una cuestión de presupuesto. No se sabe, por ejemplo, por qué a veces se dan casos agrupados y a veces, no. Sabemos que la cepa Andes genera esa posibilidad, pero no siempre«, planteó la especialista.

También mencionó que se desconoce por qué algunos casos evolucionan de manera grave y otros no.
«Si recordamos el brote de Epuyén, se analizó la secuencia total de genomas de varios casos y se comparó con secuencias de casos previos. No hay diferencias que indiquen esa mayor transmisibilidad que se registró», indicó, al tiempo que recordó que durante ese brote, «dos familias resultaron las más afectadas. En una de ellas, la mayoría sobrevivió y en la otra, la mayoría falleció. Quizás habría que realizar análisis de susceptibilidad«.

En el Laboratorio de Biología Molecular del hospital de Bariloche se hace el diagnóstico de hantavirus. Foto: Alfred Leiva

En relación al nivel de letalidad de la cepa Andes, Iglesias explicó que se desconoce el motivo aunque «puede deberse a características virales, humanas e incluso ambientales«.

La supervivencia del virus en el ambiente, acotó, está determinada por las condiciones de humedad y temperatura. En la zona cordillerana y en la selva valdiviana crece en mayor cantidad la caña colihue que atrae al ratón y favorece su distribución.

Ayelén Iglesias es bióloga y durante muchos años trabajó en el Laboratorio Nacional de Referencias para Hantavirus del Instituto Malbrán. Ahora, trabaja en Bariloche. Foto: Alfredo Leiva

Qué permitió saber la captura de colilargos

El biólogo Ernesto Juan llevó adelante su beca doctoral entre 2011 y 2014 en Cholila, donde colocó unas 700 trampas en una estancia privada para capturar el ratón colilargo transmisor del virus a fin de estudiar su comportamiento.

«Muchos investigadores se enfocaban en la enfermedad y a mí me interesaba la ecología del colilargo. Se sabe que un macho tiene muchas hembras, pero no se conocía del todo el sistema de apareamiento», comentó Juan que hoy, está a cargo del Departamento de Conservación y Educación Ambiental del parque nacional Lago Puelo.

Consideró que en aquella ocasión, «tuvo suerte» porque logró capturar muchos ratones debido a una «ratonada» en 2012 en el parque Los Alerces. «Eso me permitió conocer en qué momento el sistema de apareamiento de esta especie se flexibiliza y, los machos dejan de cuidar su harén y empieza un sistema de promiscuidad, lo cual permite que la población pueda explotar demográficamente», comentó.

Uno de los colilargos que capturó Ernesto Juan durante su beca doctoral. Foto: gentileza

El biólogo detalló que «en promedio, suele haber de 10 a 100 ratones por hectárea; con una ratonada (mal llamada ratada) podés encontrar entre 1.500 y 5.000 ratones por hectárea. Esto desequilibra el ecosistema porque los predadores naturales salen a buscarlos. Así aumentan los chimangos, las lechuzas y los zorros».

Al capturar los colilargos, Juan les sacaba sangre y les colocaba una especie de «anillitos» (que tienen un código) similares a los que se usan con las aves. Luego, los liberaba.

«El objetivo era que estuvieran vivos para evaluar su movimiento durante el día. Después, sumé collares de telemetría que permitía hacer un seguimiento del movimiento real del animal«, detalló. Así fue que detectó que estos animales usan siempre su área, aunque suelen buscar mejores lugares para luego, regresar.

«En esas salidas exploratorias, pueden recorrer un kilometro en una hora y volver. Es llamativo que un ratón tan chiquito se mueva tanto. En ese kilómetro pueden contagiar otros animales», detalló.

El doctor en Biología Juan Ernesto, durante su trabajo de captura de colilargos. Foto: gentileza

En su estudio, Juan también descubrió que «los animales machos adultos -con cantidad de lastimaduras- son los que más probabilidades tienen de tener hantavirus. Los machos se pelean por su harén y en esas peleas es donde se difunde el hanta entre los animales». Eso no implica que las hembras no tengan el virus.

El doctor en Biología Juan Ernesto, durante su trabajo de captura de colilargos. Foto: gentileza

El descubrimiento del hantavirus

Juan resaltó que la humanidad descubrió el hantavirus en los años 50 durante la guerra de Corea. «Durante el proceso de guerra, Estados Unidos registró muchas bajas de sus soldados. Se enfermaban con una enfemedad rara. Tenían fiebre alta y un síndrome renal. Unos pocos se morían. Ahí se empezó a investigar para ver qué sucedía«, relató.

Pero recién en la década del 70, se logró detectar el virus en un ratón. Como ese ratón había sido capturado en el río Hantaan, en Corea del Sur, se llamó hantavirus a la enfermedad. A partir de ahí, se empezaron a encontrar otras cepas del virus que generaba una enfermedad similar.

«En 1982 descubrieron un hantavirus inocuo para el humano en Pensilvania. Hasta ahí se creyó el que el virus generaba una complicación renal. Pero en 1993, en las Cuatro Esquinas de Estados Unidos (el único punto donde convergen cuatro estados: Arizona, Colorado, Nuevo México y Utah) se detectó una enfermedad nueva que contagiaba a pocas personas, pero el 90% moría», especificó.

Esta enfermedad generaba fiebre muy alta, dolores fuertes y afectaba los pulmones. «Este hantavirus generaba un síndrome pulmonar. Y se empezó a ver que también afectaba el corazón.
De modo que a partir de 1993, se descartó que el síndrome fuera inocuo en América
«, dijo.

Argentina registró el primer caso de hantavirus en 1995 en El Bolsón, que marcó el inicio de las investigaciones por parte del Instituto Malbrán. Le siguió Bariloche.

«Hasta ese año, se cree que hubo personas que murieron por hantavirus y lo pasaban como una neumonía fuerte. Cuando se analiza la historia clínica, probablemente hayan tenido hanta. Se llama enfermedad emergente, pero lo cierto es que ya estaba«, remarcó.

Cuando en 1998 un paciente con hantavirus internado en Bariloche, se agravó, fue trasladado a Buenos Aires, contó Juan, terminó contagiando a la enfermera «que no había estado en ningún lugar en contacto con colilargos. Ahí se empezó a sospechar en una transmisión de persona a persona que se comprobó».

«No se ha comprobado en otro lugar del mundo que el virus se transmita de persona a persona. La cepa Andes, sí. De hecho, fue emblemático el brote de Epuyén en 2019 porque por primera vez, un juez cerró un pueblo. La gente no podía salir. El caso cero sobrevivió, pero 15 personas fallecieron«, recordó.

En 2014, una investigadora de la Universidad Nacional de Río Cuarto, Verónica Andreo, diseñó un mapa de distribución de las especies del colilargo en Argentina. En el caso de la cepa Andes, genera un síndrome cardiopulmonar y no hay tratamiento. «Lo más valioso de este mapa fue que resaltó que la zona de más alto riesgo de hantavirus es entre Neuquén y Chubut. Y variables importantes son la rosa mosqueta y la murra, exóticas invasoras que protegen a los roedores de los crudos inviernos. Cae la nieve sobre la planta y genera como un iglú para los ratones. Toleran una temperatura fría, pero no extrema y de hecho, hemos encontrado hembras amamantando con 5 grados bajo cero», describió.

En el Laboratorio de Biología Molecular del hospital de Bariloche se hace el diagnóstico de hantavirus. Foto: Alfred Leiva

Los casos en Bariloche y el protocolo

Bariloche registra tres casos de hantavirus en lo que va del año. El primero corresponde a El Bolsón y se encuentra fuera de peligro; el segundo afectó a un policía de 39 años de Bariloche que murió. Y el último domingo, se confirmó un tercer contagio por parte de un hombre de 45 años que vive en el oeste de la ciudad y que días atrás, había viajado al norte del país. Se encuentra estable en el área de terapia intensiva.

Las autoridades sanitarias aseguraron que el protocolo «es siempre el mismo»: se aísla al paciente, se determinan los contactos estrechos y se indica el aislamiento, con un seguimiento clínico. Además, se identifican los lugares de riesgo donde el paciente estuvo y se realiza una visita a su domicilio y lugar de trabajo para determinar el riesgo ambiental de contagio.

Tierra del Fuego, provincia de donde partió el crucero, no presenta casos confirmados de hantavirus desde que existen registros epidemiológicos en esa jurisdicción. Existen debates científicos respecto de la presencia de una subespecie denominada «Oligoryzomys longicaudatus magallanicus», pero hasta el momento no hay evidencia concluyente sobre su potencial como reservorio del virus.

Un barilochense de 45 años permanece internado en el Área de Terapia Intensiva del hospital Ramón Carrillo. Foto: archivo


Las autoridades sanitarias identificaron que los ocho casos asociados al brote de hantavirus en el buque MV Hondius que zarpó de Ushuaia el primero de abril corresponden al virus Andes, endémico en Argentina y Chile. En el país, su circulación se documentó especialmente en Chubut, Río Negro y Neuquén.

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