Azul Eva, la artista que encontró en la Patagonia un lienzo gigante para llenar de color y emociones

La muralista y artista visual radicada en Viedma contó cómo nació su vínculo con la pintura, qué significado tiene el arte en su vida y por qué sueña con llenar de color distintos rincones de la Patagonia.

Por Auribel Zuarce

Con apenas 26 años, Azul Eva ya dejó su huella en paredes, escuelas, universidades y barrios de Viedma y distintos puntos de la Patagonia. Técnica en Comunicación Social, diseñadora y realizadora de artes visuales, encontró en el muralismo una manera de conectar personas, emociones e identidades colectivas.

Aunque nació en Buenos Aires, hace seis años decidió mudarse a Viedma para «estudiar, acercarse a sus raíces y encontrar un ritmo de vida distinto». La tranquilidad patagónica y el vínculo con la naturaleza fueron claves en ese proceso personal y artístico que hoy la tiene como una de las jóvenes muralistas que más crece en la comarca.

«Pinto desde muy chica, es algo que nunca dejé de hacer», contó Azul a Diario RÍO NEGRO, quien recordó que uno de sus primeros acercamientos fuertes al muralismo en la capital rionegrina fue durante un encuentro de muralistas patagónicos organizado por vecinos del barrio para el propio barrio.

Aquella experiencia terminó marcando un antes y un después. «Fue algo muy intenso y hermoso. Nos encontramos artistas de distintos lugares para compartir, pintar y crear colectivamente. Ahí sentí muchas ganas de seguir pintando en la comarca y conectar con más personas que vivieran el arte de la misma manera», recordó.


El arte como refugio, lenguaje y forma de entender el mundo


Para Azul, la pintura nunca fue solamente un hobby. Aunque reconoció que hubo momentos de pausa y otros de mucha inspiración, el arte siempre apareció como el espacio al que vuelve para reencontrarse consigo misma.

«Con los años entendí que es una manera de comunicar, de conectar y también de trabajar junto a otras personas», explicó. Y agregó que cuando alguien la convoca para pensar un mural o intervenir un espacio, siente que el arte deja de ser individual y se convierte en algo colectivo.

“El arte puede cambiar la energía de un lugar”, aseguró Azul Eva sobre el impacto del muralismo urbano. Foto: gentileza.

Su mirada sobre la pintura atraviesa también lo emocional y lo cotidiano. «Muchas veces pienso la pintura como una metáfora de la vida: hay momentos donde hay que alejarse para ver el panorama completo, entender las capas, los colores y los procesos», expresó.

Según contó, pintar la ayudó a conectar con su sensibilidad y a confiar más en su propia mirada. Pero hay algo que todavía la sorprende, la reacción de las personas frente a sus obras.

«Me ha pasado que personas lloren frente a una pintura o me escriban tiempo después para contarme lo que les generó. No necesariamente desde la tristeza, sino desde la emoción o la nostalgia. Ahí entendés que el arte realmente moviliza», señaló.


Murales en Viedma, Las Grutas y Bariloche


En los últimos años, Azul participó en distintos proyectos artísticos en Viedma y otras ciudades de Río Negro. Uno de los más recientes y significativos fue el mural homenaje a Juan Fredy Pazos, inaugurado este 18 de mayo y realizado junto a la Red de Género y la familia de la víctima, a 33 años del crimen de odio que conmocionó a la ciudad.

La muralista combina arte urbano, diseño y comunicación en proyectos que buscan transmitir identidad y sensibilidad. Foto: gentileza.

«Estoy muy agradecida por la confianza y por haber podido formar parte de algo tan significativo», afirmó.

Además, realizó murales en la Universidad Nacional de Río Negro durante la primera jornada de Comunicación Social, en el barrio 1016, en una escuela de Inalauquen y en distintos encuentros comunitarios donde el arte se convierte en una experiencia compartida.

Su trabajo también llegó a Las Grutas, Bariloche y otros puntos de la provincia gracias a convocatorias de organizaciones, familias, instituciones y comercios.

«Me gusta mucho trabajar junto a quienes me convocan: escuchar ideas, pensar diseños en conjunto y encontrar qué es lo que se quiere transmitir», explicó.


«El arte urbano puede cambiar la energía de un lugar»


Para Azul, los murales tienen una capacidad especial para transformar espacios públicos y también emociones. Por eso, cuando piensa en la gente que se cruza con una obra suya en la calle, espera que al menos se genere una sensación.

Los murales de Azul Eva se destacan por el trabajo colectivo y el vínculo con las historias de cada comunidad. Foto: gentileza.

«Me gustaría que alguien pueda sentir alegría, nostalgia, inspiración o simplemente una pausa en medio de la rutina», dijo.

También destacó la sensibilidad con la que las infancias se relacionan con el arte urbano. «Me emociona mucho ver cómo los chicos conectan con las imágenes, la imaginación y los colores», sostuvo.

En ese sentido, considera que el muralismo tiene una enorme potencia social y comunitaria. «A veces un mural puede cambiar la energía de un lugar o hacer que alguien se sienta identificado, acompañado o representado», reflexionó.

Actualmente, continúa desarrollando proyectos de muralismo, arte visual e intervenciones artísticas en Viedma junto a organizaciones, espacios culturales, negocios y vecinos que buscan transformar ideas en obras con identidad propia.


Con apenas 26 años, Azul Eva ya dejó su huella en paredes, escuelas, universidades y barrios de Viedma y distintos puntos de la Patagonia. Técnica en Comunicación Social, diseñadora y realizadora de artes visuales, encontró en el muralismo una manera de conectar personas, emociones e identidades colectivas.

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