Volver a volar para combatir las plagas: el increíble injerto de plumas que salvó a una lechuza en Neuquén
El ejemplar fue rescatado y rehabilitado a través de una técnica innovadora. Desde el Refugio de Aluminé aseguraron que todos los ingresos se dan por “causas culturales” y remarcaron la importancia de proteger a las aves silvestres.
Una lechuza de campanario volvió a volar los cielos de Neuquén tras un procedimiento inédito: un injerto de plumas. Una vecina la encontró con «una pata rota y once de sus plumas fracturadas», escondida en una canilera municipal, luego del ataque de un perro. Estuvo casi un año bajo el cuidado de Luis «Titi» Riciuto en el Refugio de Aluminé en lo que fue una larga recuperación. Ahora, despliega sus alas y va en busca de roedores. «Ellas nos brindan un servicio gratuito al ecosistema, que es el control de plagas», remarcó el referente.
Indicó que hoy en el Refugio de Aluminé se alojan un águila juvenil que recibió un disparo de aire comprimido y no podrá volver a volar, dos tucúquere (los grandes búhos orejudos de Chile y la Patagonia) que fueron atropellados y se recuperan de cirugías con clavos de titanio, y un esparvero araucano que se estrelló contra el ventanal de una cabaña en el bosque.
Detrás de todo los ingresos y lesiones se encuentra la actividad humana. “Son todas causas culturales: atropellamientos, tiroteos, envenenamientos, perros sueltos. Son todas causas generadas por las propias personas”, enfatizó Riciuto.

Cómo fue el inédito trasplante de plumas en una lechuza de campanario
El referente del refugio y también presidente de Artesanías Neuquinas señaló que, en total, la lechuza de campanario estuvo casi un año en el refugio. Trabajaron con la Asociación Civil Ñacurutú y su presidenta, Bárbara Bartolomé, que además es veterinaria. Primero le arreglaron la pata, ya «que las rapaces son nocturnas, se alimentan de roedores y murciélagos, y sus armas de cacería son las garras».
Una vez que recuperó la movilidad de la garra, esperaban que mudara sus plumas rotas por sí sola. Pasaron siete meses y eso no sucedía, por lo que consideraron el injerto de plumas. La cirugía se realizó en Junín de los Andes, a principios de mayo, bajo anestesia inhalatoria.
“Cada una de esas plumas rotas estaba pegada a la piel, no se caían. Se veía el ‘canuto’ roto que asomaba. A ese canuto se le colocó un escarbadientes, un palillo, con un pegamento libre de tóxicos y, en la otra punta, se injertó una pluma nueva de la misma especie”, explicó.
Y aclaró: “No puede ser cualquier pluma, tiene que ser la que corresponde, porque las plumas principales van de mayor a menor. Hay que respetar el orden y la ubicación del ala, derecha o izquierda, y la posición exacta de cada una”.
Cuando se despertó, de inmediato quiso regresar a su hábitat. Al día siguiente de la intervención, la lechuza ya volaba dentro de la jaula de vuelo. Con la pata recuperada y el plumaje completo, «se decidió abrir la puerta y que ella sola se vaya”. Un familiar de Riciuto la vio esa misma noche en un alambrado cercano. «Voló como si nunca hubiese tenido ningún problema, fue impresionante”, enfatizó.

Disparos, atropellamientos y envenenamientos: cómo llegan las aves silvestres al Refugio de Aluminé
Hoy, el Refugio de Aluminé aloja cuatro aves silvestres en distintas etapas de recuperación. Una de ellas es un águila juvenil que recibió un disparo de aire comprimido. El equipo veterinario logró extraer el balín, pero el ala no volvió a funcionar. Los especialistas evalúan su traslado a un recinto más grande donde pueda vivir de forma permanente, acompañada por otras rapaces.
También hay dos tucúquere, los grandes búhos orejudos típicos de la cordillera. Ambos fueron atropellados en la ruta y terminaron con fracturas graves: a uno le quebró el húmero y al otro la tibia. “A los dos se les hicieron intervenciones quirúrgicas con clavos de titanio, después se los retiraron y ahora están en proceso de recuperación”, comentó Riciuto. Cuando vuelvan a volar con normalidad, pretenden liberarlos en la misma región donde fueron rescatados.
Además, llegó un esparvero araucano, una rapaz mediana del bosque que se alimenta principalmente de otras aves. Chocó de lleno contra el ventanal de una cabaña en San Martín de los Andes, cuando perseguía una presa entre los árboles. El referente señaló que, aunque no le detectaron ninguna fractura, el impacto fue tan fuerte que necesitará varios meses para estabilizarse por completo antes de liberarla.

Para Riciuto, estos casos muestran una constante. “Las causas son casi siempre culturales”, subrayó. En la lista aparecen autos que no reducen la velocidad al ver aves alimentarse, balines que castigan a las aves juveniles que se acercan a gallineros, venenos para roedores que contagian a sus depredadores naturales y perros domésticos que atacan a la fauna silvestre.
«Son todas causas generadas por las propias personas”, recalcó. Llamó a la ciudadanía a tomar conciencia y colaborar en el cuidado de los animales, siempre que se pueda. «Ayuda mucho primero bajar la velocidad cuando hay una rapaz comiendo en el medio de la ruta, porque uno cree que va a volar, pero a veces no llegan a despegar. Y si no, otra opción es correr los animales muertos al costado de la banquina y que los bichos se sigan comiendo ahí sin ser atropellados», sugirió.
Sostuvo que las aves silvestres son fundamentales para el equilibrio del ecosistema, ya que se alimentan de roedores y murciélagos. Sirven para controlar las plagas incluso en las ciudades. «Estas rapaces como la lechuza de campanario no sólo están en zonas rurales, también están en zonas urbanas, en iglesias, en galpones, en casas abandonadas. Se urbanizan porque sus presas también están ahí, en las ciudades», explicó.
Refugios como el de Aluminé colaboran para que sanen y se reinserten en su ambiente natural, salvo en los casos en los que no es posible una recuperación. «Nuestro rol es simplemente ayudarlos a que puedan volver lo antes posible. Son animales que no nos necesitan para sobrevivir», remarcó el referente.

Riciuto insistió en que nada de esto sería posible sin la red que se armó alrededor del refugio. Mencionó a la vecina Karina Mariñanco, que detectó a la lechuza en la canilera; a la Asociación Civil Ñacurutú y a su presidenta, la veterinaria Bárbara Bartolomé, junto a la profesional Samantha Croatto, que realizaron las cirugías más complejas; y al equipo de Fauna de la Provincia del Neuquén y sus guardafaunas en Junín, San Martín y Aluminé, que hacen los rescates y los traslados.
También destacó el respaldo del Ministerio de Turismo, Ambiente y Recursos Naturales, a través de Leticia Estévez, y el aporte de quienes colaboran con donaciones a la asociación para cubrir medicamentos, anestesias e infraestructura para las jaulas de vuelo.
Una lechuza de campanario volvió a volar los cielos de Neuquén tras un procedimiento inédito: un injerto de plumas. Una vecina la encontró con "una pata rota y once de sus plumas fracturadas", escondida en una canilera municipal, luego del ataque de un perro. Estuvo casi un año bajo el cuidado de Luis "Titi" Riciuto en el Refugio de Aluminé en lo que fue una larga recuperación. Ahora, despliega sus alas y va en busca de roedores. "Ellas nos brindan un servicio gratuito al ecosistema, que es el control de plagas", remarcó el referente.
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