Rodolfo Koessler: el médico que fundó el primer hospital de San Martín de los Andes en su propia casa

Se cumple medio siglo de su fallecimiento. El recuerdo de un profesional pionero que atendía gratis en los puestos rurales y transformó la salud pública en San Martín de los Andes.

Por Natalia López

(N. de la R.) Esta historia nace de la generosidad de Mario y Beatriz Koessler, quienes compartieron con Diario RÍO NEGRO un valioso relato familiar sobre la vida de Rodolfo Koessler. El texto que sigue es una adaptación periodística de ese material, enriquecido con contexto histórico, pero fiel a la memoria y los testimonios aportados por sus descendientes.

La memoria colectiva del sur de la provincia de Neuquén guarda el eco de un galope en medio de la nieve. Ese sonido tiene nombre y apellido: Rodolfo Koessler, el primer médico civil que se radicó en la San Martín de los Andes. Su historia es la de un pionero que llegó a la Patagonia cuando los caminos eran apenas huellas y la medicina, un acto de audacia y entrega absoluta. El próximo 15 de junio se cumplen 50 años de su muerte y sus nietos organizaron un homenaje especial.

Quién fue Rodolfo Koessler


Koessler nació en Múnich (Alemania) el 25 de mayo de 1886. Estudió en la Universidad de Heidelbergy recibió su título de médico a fines de 1910. Dos años después, cruzó el océano junto a su esposa, la enfermera de la Cruz Roja Bertha Ilg. Tras una experiencia de siete años en el Hospital Alemán de Buenos Aires, un comentario cambió su destino para siempre: el administrador de la estancia Collunco le advirtió que en San Martín de los Andes no había médicos. Si alguien se enfermaba, los profesionales más cercanos estaban en Zapala o Bariloche.

Koessler y Bertha junto a sus dos hijos varones mellizos y tres hijas mujeres. Foto gentileza álbum familiar.

Adoptó la nacionalidad argentina y no lo dudó. En octubre de 1920 se subió al tren en Constitución junto a Bertha, embarazada de seis meses, rumbo a Zapala. El último tramo lo hicieron en un vehículo muy precario hasta llegar a un San Martín de los Andes muy distinto del actual: apenas tenía 700 habitantes.

Koessler y Bertha, dos referentes de la salud pública del sur de Neuquén. Foto gentileza álbum familiar.

El radio de acción del doctor era descomunal en un territorio donde la infraestructura vial estaba ausente. Se convirtió en clínico, cirujano, partero, farmacéutico y dentista de toda la zona. A lomo de caballo o a bordo de su Ford T, cubría las distancias que separaban Zapala de Villa La Angostura, y el río Limay de la frontera con Chile.

La demanda era tanta que el matrimonio tomó la decisión de transformar la casa de la esquina de San Martín y Ramayón, que aún sigue en pie en pleno centro de la ciudad. Reacondicionaron varias habitaciones, para alojar a los enfermos que vivían lejos o necesitaban cuidados diarios. Así, la vivienda familiar funcionó durante años como el primer hospital de hecho del pueblo.

Mientras criaban a sus cinco hijos nacidos en Neuquén, Bertha multiplicaba sus horas como enfermera y, en sus ratos libres, registraba las leyendas y la tradición oral mapuche. Fue justamente ese vínculo estrecho y el respeto por su conocimiento lo que hizo que las comunidades locales empezaran a llamarlo «El Machi del Lanín», equiparando la figura del médico con la de sus propias sanadoras ancestrales; un título de honor que Bertha elegiría años más tarde para bautizar su libro.

Koessler, Bertha, sus dos hijos varones con sus respectivas parejas. Foto Matías Subat del álbum familiar.

Los golpes en la ventana y las deudas de honor


Los testimonios familiares describen cómo era la vida cotidiana en esa casa abierta a la comunidad. Sus hijos recordaban que era habitual escuchar golpes en los ventanales que daban a la avenida San Martín a mitad de la noche. «Doctor Rodolfo, mi esposa está por dar a luz», o «mi padre se muere, lo necesita urgente», eran los llamados de auxilio cotidianos. Koessler jamás dudaba: agarraba el maletín y salía a pie o a caballo en medio de la helada profunda.

La casa de la familia Koessler cuando San Martín de los Andes tenía unos 700 habitantes. Foto álbum familiar.

La entrega con los pobladores de las zonas rurales no tenía límites. Su hija Eva presenció el momento en que, tras asistir un parto en una vivienda muy precaria, el doctor notó que la madre no tenía ropa para el recién nacido. Sin dudarlo, Koessler se quitó el saco, la camisa y su propia camiseta para abrigar al bebé.

Además de San Martín de los Andes, Koesler recorrió las casas de los pobladores más alejados para brindar asistencia médica, desde Zapala hasta Villa La Angostura . Foto gentileza álbum familiar.

Bertha, por su parte, cosía ropa con retazos para que su esposo llevara en esos viajes. Como al médico le ganaba la timidez o la bohemia a la hora de cobrar, su esposa asumió la gestión del consultorio. Aceptaba lo que la gente podía dar: carretillas de leña, gallinas o, en el caso de los pacientes mapuches, el relato de un mito ancestral que ella anotaba con respeto y fascinación.

Pocos días antes de la muerte del doctor en 1976, sus nietos fueron testigos de una escena que resume toda su vida. Una mujer llegó desde muy lejos, conmovida por la salud debilitada del médico. Venía a saldar una vieja deuda de honor.

Relató que, años atrás, sufrió una fractura mal curada y que el doctor viajó de noche hasta su puesto para entablillarla y medicarla. Cuando ella le confesó que no tenía un centavo ni para los remedios, Koessler se despidió, dio media vuelta y dejó disimuladamente sobre la mesa el dinero para costear la receta. «Esas cosas son la mayor deuda de mi vida», explicó la mujer entre lágrimas.

Homenaje en vida


El reconocimiento institucional llegó en febrero de 1964, durante el aniversario de San Martín de los Andes. Por iniciativa del entonces intendente, Antonio “Tuco” Creide, el municipio bautizó a la avenida de acceso, continuación de la arteria principal, con el nombre de Rodolfo Koessler.

Homenaje en vida en febrero de 1964: el Dr. Koessler y su familia participan del acto oficial que designó a la avenida de acceso con su nombre. Foto gentileza álbum familiar.

El gesto buscaba sintetizar la gratitud de miles de pobladores del sur neuquino, desde criollos y comunidades mapuches hasta turistas y extranjeros que el médico atendió durante casi medio siglo. El acto rompió los moldes habituales de la burocracia: el homenaje se hizo en vida, y el propio doctor presenció la inauguración rodeado por su esposa, sus hijos, sus nietos y una multitud de vecinos.

En febrero de 1964, durante el aniversario del pueblo, el municipio nombró la avenida de acceso en su honor. Foto Matías Subat.

Bertha falleció al año siguiente. Koessler la sobrevivió once años, hasta el 15 de junio de 1976, cuando murió a los 90 años. El día de su partida, San Martín de los Andes se detuvo por completo. En un gesto espontáneo de dolor y agradecimiento, los comerciantes locales acordaron bajar las persianas y cerrar todos los negocios del pueblo mientras los vecinos acompañaban el féretro del médico pionero hacia el cementerio local.

En la agenda de actividades municipales, el día de la inauguración de la nueva avenida en su homenaje. Foto Matías Subat del álbum familiar.

A medio siglo de su muerte, el rastro del «Machi del Lanín» trasciende la nostalgia histórica y los homenajes de bronce. Su legado se renueva hoy en cada profesional de la salud que recorre los caminos rurales de la Patagonia, tierra adentro, sosteniendo una premisa inalterable: que la medicina es, ante todo, un compromiso humano con el otro. Y sigue siéndolo.

Misa homenaje, un libro y la búsqueda de testimonios


Los nueve nietos sobrevivientes convocan a la comunidad del sur neuquino, y de forma muy especial a quienes fueron sus pacientes, para compartir un espacio de recuerdo y gratitud. La cita será el lunes 15 de junio, el día exacto en que se cumple el aniversario, a las 19:00 horas en la parroquia San José (General Roca y Capitán Drury, San Martín de los Andes). Allí se celebrará una misa comunitaria que presidirá uno de los nietos del médico, quien es sacerdote.

Bertha recopiló la tradición oral de los mapuches y luego escribió un libro. Foto Matías Subat.

El encuentro busca, desde el afecto, dar gracias por esos casi cincuenta años en los que el doctor caminó la región haciendo el bien a las familias más vulnerables. También será un espacio para pedir por el reencuentro de quienes ya partieron y para abrazar con el pensamiento a los profesionales de la salud actuales (médicos, enfermeros y auxiliares).

La intención es pedir que encuentren siempre el respaldo material, espiritual y humano de la sociedad y de las autoridades, cuyas decisiones definen el cuidado de los más vulnerables. La invitación está abierta para todos los vecinos, incluso para aquellos que no llegaron a conocerlo pero se sienten parte de esta historia local.

Próximamente saldrá una nueva edición de «El Machi del Lanín», el libro que escribió su esposa sobre su tarea como médico rural. Foto Matías Subat.

La calidez de su hogar y de sus recorridas volverá a estar cerca en los próximos meses gracias a una nueva edición de “El Machi del Lanín”, el libro que escribió su esposa, Bertha Ilg. En esas páginas, Bertha volcó el día a día de la difícil pero entrañable tarea de su esposo como médico rural, rescatando vivencias que van desde lo tragicómico hasta lo profundamente conmovedor.

«El Machi del Lanín», así lo reconocían en las comunidades mapuche del sur de Neuquén. Foto gentileza álbum familiar.

Para que ese legado no se pierda y siga vivo en las nuevas generaciones, dos de sus nietos, Beatriz y Mario A. Koessler, invitan a los vecinos a rescatar la memoria oral de la región. Convocan a todos los que guarden en su corazón un recuerdo propio, o bien una anécdotas heredada de sus padres o abuelos sobre la tarea humanitaria del doctor, a que dejen su testimonio. Quienes deseen compartir estos retazos de la historia del pueblo pueden escribir a los correos electrónicos: beatrizkoessler@hotmail.com, bpenalima@gmail.com y koessler@obispado-si.org.ar.


(N. de la R.) Esta historia nace de la generosidad de Mario y Beatriz Koessler, quienes compartieron con Diario RÍO NEGRO un valioso relato familiar sobre la vida de Rodolfo Koessler. El texto que sigue es una adaptación periodística de ese material, enriquecido con contexto histórico, pero fiel a la memoria y los testimonios aportados por sus descendientes.

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