Fue estudiante y fletero en la universidad y hoy está al frente de uno de los hoteles más distinguidos de la Patagonia
Trabajó de fletero para costear sus estudios, comenzó su carrera limpiando habitaciones y hoy dirige uno de los hoteles emblemáticos de Villa La Angostura. Su historia es también una reflexión sobre el esfuerzo, el liderazgo y una forma distinta de entender el lujo.
Sebastián Tuvio llegó a Las Balsas en 2018, después de una década de trabajo en Nueva Zelanda y un paso por Estados Unidos. Hoy lidera uno de los hoteles más reconocidos de la Patagonia. Foto gentileza.
La vida de Sebastián Tuvio parece dividida en dos capítulos. En el primero aparece un estudiante que trabaja de fletero para pagar la universidad y llega apurado a cursar. En el segundo, un gerente que recibe huéspedes de todo el mundo en uno de los hoteles más prestigiosos de la Patagonia en Villa La Angostura. Entre un capítulo y otro hay veinte años de esfuerzo, diez vividos en Nueva Zelanda, una segunda carrera universitaria, un matrimonio en Estados Unidos y una idea que todavía guía cada una de sus decisiones: el trabajo se aprende desde abajo.
Tenía dos trabajos para costearse la carrera
Nació en 1982 y es el mayor de tres hermanos. Mientras estudiaba Relaciones Internacionales en la UADE, en Buenos Aires, trabajaba en dos empleos para costearse la carrera, una etapa que, dice, le enseñó el valor del esfuerzo y de las personas que aparecen para dar una mano en el momento justo.
«Yo tenía dos laburos cuando estudiaba en la UADE. Iba a trabajar y después a la facultad. A veces el chico que manejaba el flete me dejaba en la puerta para que no llegara tarde. Valorás mucho esas cosas«, recuerda. Aquella época también le dejó una imagen que todavía lo hace sonreír. «Era el fletero que llegaba a una universidad donde estaban todos los nenes bien», dice entre risas.
Mucamo en Nueva Zelanda
Cinco días después de recibirse, en diciembre de 2005, se subió a un avión rumbo a Nueva Zelanda. No llevaba un puesto jerárquico ni una carrera en hotelería. Su contrato era para trabajar como housekeeper, limpiando habitaciones en un hotel de Queenstown, uno de los principales destinos turísticos del país. «Así arrancó toda mi carrera en hotelería«, resume.
Lo que parecía una experiencia laboral terminó cambiándole el rumbo. Después de casi tres años, el hotel le propuso financiarle una licenciatura en Hotelería y Turismo si aceptaba seguir trabajando durante las noches. Aceptó sin dudarlo.
«Me dijeron: ‘Vos trabajás de noche y nosotros te pagamos toda la carrera’. La terminé en tres años y ahí me ascendieron. Siempre tuve trabajos donde había que romperse físicamente para crecer y eso me ayudó a entender que esto era una carrera», concluye.
Vivió una década en Nueva Zelanda, obtuvo la ciudadanía de ese país y conoció otra manera de entender el trabajo. Más tarde pasó dos años en Estados Unidos, donde se desempeñó como gerente de ventas. Allí también transcurrió una parte importante de su vida personal: llegó acompañado por quien era su novia estadounidense, se casaron y compartieron varios años de matrimonio antes de separarse.
Dos años en EE.UU y la vuelta a la Argentina
En 2018 apareció una propuesta imposible de ignorar, que implicaba volver al país y radicarse en la Patagonia. Con apenas 36 años asumió la gerencia general de Las Balsas Relais & Châteaux, un hotel con enorme prestigio dentro de la hotelería regional, con 20 habitaciones en medio de bosque nativo, alta cocina patagónica y spa frente al Nahuel Huapi.

La experiencia acumulada le dejó una convicción que hoy aplica cada vez que selecciona personal: «Creo sinceramente en la palabra mérito. Cuando miro un currículum trato de entender de dónde viene la gente. Hay historias de superación que dicen muchísimo más que un cargo.«
Villa La Angostura, un propósito, un desafío
Esa mirada también cambió su forma de liderar. Cuando llegó a Las Balsas encontró un hotel reconocido por la excelencia de su servicio, pero sintió que hacía falta algo más que mantener un estándar de calidad. Quería que cada integrante del equipo entendiera que su trabajo tenía un sentido más profundo: «Vos le podés decir a un camarero que lleve el mejor café y que sonría. Eso dura un café o dos. Lo importante es darle un propósito. Que entienda que trabaja por algo mucho más grande que llevar una taza a una mesa.»

Esa búsqueda derivó en un desafío que parecía imposible: convertir a Las Balsas en la primera Empresa B certificada de Neuquén y en uno de los pocos hoteles Relais & Châteaux del mundo con esa distinción. El proceso demandó cinco años de trabajo y obligó a revisar desde la manera en que se gestionaban los residuos hasta la relación con los proveedores locales.
«La pregunta no es solamente si reciclás. La pregunta es qué impacto tiene tu empresa en la comunidad. ¿Comprás los productos en Buenos Aires porque son más baratos o ayudás a que un productor local pueda crecer? Ahí empieza la diferencia«, explica.
¿Cómo es trabajar para un turista de alta gama?
Su idea del lujo también cambió con los años. Después de recibir viajeros de decenas de países, asegura que quienes llegan a la Patagonia no buscan únicamente paisajes imponentes o habitaciones sofisticadas: «El turista de alta gama ya vio esta vista en Italia, en Suiza o en Canadá. Lo que busca es conectar con las personas. Nunca habló con un argentino, nunca tomó un mate. Ahí está el verdadero lujo.«
Por eso buena parte de sus días transcurren conversando con los huéspedes, compartiendo una degustación de vinos o escuchando historias de quienes viajaron miles de kilómetros para conocer la Patagonia. El resto del tiempo lo dedica a pensar estrategias comerciales, fortalecer vínculos con el sector turístico y sostener un equipo que, dice, solo puede crecer si entiende para qué hace lo que hace.
Sus días empiezan alrededor de las nueve de la mañana y muchas veces terminan bien entrada la noche. Para despejar la cabeza sale a correr por los senderos de Villa La Angostura, nada en el lago y entrena para completar un Ironman. «Trato de salir un poco del hotel para no estar todo el día encerrado«, admite entre risas.
Sebastián habla con la misma serenidad con la que caen los copos de nieve en el parque de Las Balsas mientras los huéspedes se toman selfies. No transmite la urgencia que suele asociarse a quienes conducen equipos o administran establecimientos de alta gama. Escucha, hace pausas y desarrolla cada idea sin apuro. Esa manera de estar también atraviesa su concepción de la hospitalidad.
Para Tuvio, el lujo no se mide por el tamaño de una suite ni por la cantidad de estrellas de un hotel, sino por la calidad del encuentro entre las personas. Oportunidades, propósito, el valor de empezar desde abajo, de aprender cada tarea, de construir equipos, de sostener un buen servicio con procedimientos pero también con compromiso. Esa idea germinó hace veinte años, cuando cruzó medio mundo para limpiar habitaciones, y todavía está presente en su manera de trabajar.
La vida de Sebastián Tuvio parece dividida en dos capítulos. En el primero aparece un estudiante que trabaja de fletero para pagar la universidad y llega apurado a cursar. En el segundo, un gerente que recibe huéspedes de todo el mundo en uno de los hoteles más prestigiosos de la Patagonia en Villa La Angostura. Entre un capítulo y otro hay veinte años de esfuerzo, diez vividos en Nueva Zelanda, una segunda carrera universitaria, un matrimonio en Estados Unidos y una idea que todavía guía cada una de sus decisiones: el trabajo se aprende desde abajo.
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